24 ago. 2019

Posted by Refrigerio Bíblico | 06:59 | No comments

Romanos 6.15-23

Si la mayoría de los creyentes fueran sinceros, dirían que sus vidas tienen poco en común con la vida espiritual descrita en la Biblia. Luchan una y otra vez con los mismos pecados, sienten que Dios rara vez responde a sus oraciones, y se preguntan por qué no les ha concedido los deseos de su corazón. ¿Cómo es posible?

El problema puede ser la falta de sumisión a Jesucristo. Las personas a menudo quieren el perdón de sus pecados y la promesa del cielo, pero no están dispuestas a someterse al señorío del Señor. Por tanto, están desconectadas de lo que quiere hacer en sus vidas. Al rehusarse a someterse, pierden las bendiciones que reciben quienes lo conocen como Señor y Salvador.

Como dice el pasaje de hoy: “Si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia” (Ro 6.16). Aunque nos desagrada mucho el concepto de esclavitud, esa es la realidad de cada persona que entra en el mundo: todos nacemos como esclavos del pecado. Sin embargo, esa no tiene que ser la última palabra. Cualquiera que se vuelve a Cristo en arrepentimiento y fe es liberado. No se trata de una libertad para hacer solo lo que queramos. De hecho, hacerlo nos llevaría de manera natural al antiguo amo esclavista del pecado.

Evitar la sumisión a Dios resulta en bendiciones perdidas, valiéndonos de nuestras capacidades. La libertad verdadera y la bendición se encuentran solo en ser siervos del Señor, quien siempre es bueno, sabio y misericordioso. En la obediencia a su voluntad encontramos libertad del pecado, respuestas a las oraciones y deseos nuevos, producto de un corazón transformado.

Biblia en un año: Jeremías 51-52
Fuente: Dr. Charles Stanley

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