20 ago. 2019

Posted by DR.FM | 11:21 | No comments


La aplicación personal de la ley: 

El esfuerzo inútil de la naturaleza humana


“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” - Gál 3:10.

¿Por qué la existencia bajo la ley es una existencia bajo maldición? ¿Cuál es el significado de la ley en una época nueva? La respuesta a estas preguntas se puede dimensionar a la luz de que el tema de la ley y la gracia se inscribe en la búsqueda de una ética para la vida. La afirmación que se hace en Gálatas sobre la ley es que ninguna persona será justificada por las obras sino por la fe en Jesucristo (Gál.2:16). Según (Gál.3:19), la ley reinaba en el tiempo antiguo, pero ahora estamos en un nuevo tiempo, el del Espíritu. Este nuevo tiempo conduce a una experiencia de fe, a una vida nueva en Cristo (Gál. 2:19-20).

Toda ley que pretenda dar vida pero que olvida de dónde surge (es decir, de la experiencia humana regulada desde el amor al prójimo) no ha de tener legitimidad en nuestras comunidades de fe. El criterio para juzgar nuestras experiencias en Cristo es la obra del Espíritu que nos justifica para hacer justicia. Poner atención al aspecto concluyente de esta fe, es decir, a la experiencia de vida nueva que hay en Cristo, nos sitúa en el blanco de la experiencia cristiana.

La consecuencia de la justificación por la fe es la gracia. Experimentar la gracia de Dios es también darnos cuenta de la desgracia. La gracia no es solo un tema doctrinal sino también un tema de reflexión desde una práctica de vida cotidiana que evidencia esperanza. La gracia es un misterio de la acción de Dios en medio del mundo, en las instituciones, en las acciones morales y en la ley. La gracia de Dios se traduce en dignidad humana.

Las iglesias en Galacia estaban formadas en parte por judíos convertidos y en parte por gentiles convertidos, como era generalmente el caso. Pablo afirma su carácter apostólico y las doctrinas que él enseña, para confirmar a las iglesias de Galacia en la fe de Cristo, especialmente con respecto al importante punto de la justificación solo por fe. Aunque el tema es esencialmente el mismo que el discutido en la epístola a los Romanos, esto es, la justificación por fe únicamente; en esta epístola, sin embargo, la atención está particularmente dirigida al punto de que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley de Moisés.

Gálatas no fue escrita como un ensayo de historia contemporánea. Era una protesta contra la corrupción del evangelio de Cristo por parte de las sectas judaizantes, los gnósticos y las religiones de misterio que en esa epoca afloraban en la región. La verdad esencial de la justificación por fe en vez de por las obras de la ley, había sido oscurecida por la insistencia de los judaizantes de que los creyentes en Cristo debían guardar la ley si esperaban ser perfectos delante de Dios. Cuando Pablo supo que esta enseñanza había comenzado a penetrar en las iglesias Galacia y que los había alejado de su herencia de libertad, escribió la apasionada protesta contenida en esta epístola.

El resultado de la justificación por gracia a través de la fe es la libertad espiritual. Pablo hace un llamado a los gálatas a permanecer firmes en su libertad, y no estar nuevamente “sujetos al yugo de esclavitud (esto es, la ley mosaica)” La libertad cristiana no es una excusa para gratificar la propia naturaleza carnal; más bien, es una oportunidad para amarnos unos a otros (Gálatas 5:13; 7:7-10). Tal libertad no nos excluye de las luchas de la vida. De hecho, puede intensificar la batalla entre la carne y el Espíritu. Sin embargo, la carne (la naturaleza carnal) ya ha sido crucificada con Cristo (Gálatas 2:20); y como consecuencia, el Espíritu producirá su fruto, cosas tales como el amor, el gozo y la paz en la vida del creyente (Gálatas 5:22-23).

La carta a los Gálatas fue escrita en un momento de inspirada agitación. Para Pablo, el asunto no era si la persona era circuncidada, sino si se había convertido en “una nueva creación” (Gálatas 6:15). Si Pablo no hubiera tenido éxito en su argumento sobre la justificación por fe solamente, el cristianismo hubiera permanecido como una secta dentro del judaísmo, en vez de convertirse en la forma universal de salvación.

Después de haber demostrado de manera positiva que sólo por la fe hay justificación y vida ahora se demuestra de manera negativa y en base a la Escritura que la justificación no puede alcanzarse por las obras de la ley. Al contrario: frente a la bendición del pacto que Dios promete a los creyentes está su maldición del pacto, como se desprende de (Dt.27-28). Esta maldición es para todos aquellos que ‘son de las obras de la ley’, como se dice literalmente. Lo mismo se demostró en (Gl.2:16) con una cita de (Sal.143:2). En esta ocasión Pablo cita de (Dt.27:26). Aquellos que son de las obras de la ley están diametralmente opuestos a aquellos que son de la fe. Es la misma contraposición que en (Gl.2:16). De las obras de la ley viven aquellos que se someten a los preceptos de la ley intentando vivir como justificados para con Dios. Este camino ha demostrado no llevar a nada. De la ley misma se desprende que es maldito todo aquel que no cumple todo lo que está escrito en el libro de la ley. Se da por supuesto que ninguna persona puede ser totalmente obediente (Gl.2:16), de modo que la ley emite su maldición sobre cada uno de nosotros. 

La maldición que la ley expone sobre quienes violan sus decretos es a causa de la insuficiencia del ser humano en su cumplimiento. Los que tratan de ganarse la salvación por medio de guardar la ley inebitablmente están bajo maldición. Como bien mencioné arriba, Pablo cita (Dt.27:26) para mostrar que cualquier falla en guardar la ley a perfección trae juicio divino y condenación irremediable. Una sola violación de la ley merece la maldición de Dios (Dt.27:1-26; Dt.28:1-68). Por ello hace uso del término gr. “pasin tois” que significa “todas las cosas” aludiendo plenitud. Ya que nadie puede cumplir todos los mandatos de la ley, ni siquiera los fariseos estrictos como lo era Saulo de Tarso (Rom 7:7-12). 

¿Puede el hombre bajo la ley cumplir sus estatutos en sus propios recursos? La respuesta es No. 

“Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” - Stg 2:10. 


Jacobo, hermano de Jesús, utiliza el planteamiento que recuerda el argumento de los rabinos de su época. Éstos consideraban que quien infringe uno de los mandamientos ha infringido así todos los demás. Santiago dice algo similar: “quien infringe la ley, aunque sea tan solo en un punto, se sitúa por completo fuera de los márgenes de ella”. Si alguien ofende en lo referente a un mandamiento (Stg.3:2) se convierte en un infractor de todos los mandamientos. Después de heni “uno” debemos añadir en mente “mandamiento”. Aquí se subraya que la ley de Dios forma un total indivisible (Mt.5:18-19; 23:23; Gál.5:3). Juntos los mandamientos forman, por así decirlo, una cadena. Al romper uno de los eslabones se rompe toda la cadena. Por esta razón es imposible que el hombre sea capaz de cumplirla a totalidad, solo Jesús como hombre perfecto y no pecador lo logró (Mt.5:17). Al Cristo tomar el lugar del pecador en la cruz, cargó sobre sí la maldición que le corresponde a este, por lo tanto, el medio eficaz para poder cumplir los mandamientos divinos es su Espíritu (Rom.8:2).

Viendo el contexto histórico cultural, tanto (Gn.12:3) como las bendiciones de la ley dadas en (Dt.28) contrastan con las maldiciones para aquellos que se oponen a Abraham, o los que quebrantan el pacto. Era común entre los judíos el razonamiento por posición como método judío de intrpretación. De ese modo, Pablo da el veredicto sobre la justicia que es buscada por medio de las “obras” en este caso la obediencia imperfecta atrae consigo la maldición. De acuerdo con la enseñanza judía, la obediencia humana siempre es imperfecta y, por lo tanto, Dios no anhelaba la obediencia perfecta como condición de salvación. Pero como buen rabino que Pablo era, interpreta (Dt. 27:26) en relación con todos los que podría incluir, ya que Dios está en posición de exigir perfección como ser perfecto que es, por esa razón la misma Escritura expresa “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt.5:48). Con esa demanda Dios mismo derrumba el argumento rabínico de esa era por el cual trataban de justificarse mediante las obras de la ley, al decir que Dios no se inclinaba a la obediencia perfecta. 


Por esta razón, tanto Pablo, como Santiago exponen la insuficiencia humana para cumplir con las demandas altamente divinas de la ley en sus propios recursos acusando al ser humano de incapaz de lograrlo, y por lo tanto, sin importar sus intentos y justificaciones filosóficas para apelar a la ley como recurso de justicia, el ser humano es puesto bajo maldición. El tema que Pablo expresa en Gálatas es el mismo que Santiago expone en su escrito, al hacer uso de “toda la ley… un punto”. Al igual que (Gál 3:10-13) Santiago expresa la idea de totalidad como Pablo a los Gálatas, pero agrega que al violar toda la ley de igualforma el violador es culpable por completo al decir “de todas es culpable” del gr. “pantón enochos” comunicando un veredicto. La ley de Dios no es una serie de prohibiciones aisladas, sino una unidad básica que requiere amor perfecto a Dios y a nuestros semejantes (Mt.22:36-40). Aunque no todos los pecados hacen el mismo daño, todos sin excepción destruyen la unidad y convierten a los hombres en transgresores, de manera similar a una ventana que se rompe por completo aunque se golpee en un solo punto con un martillo. Por esa razón es que si se viola uno de los 613 mandamientos (no son 10 mandamientos solamente como muchos asumen) se es culpable de todos. No en el sentido de haber violado todos y cada uno de los mandatos, sino en el sentido de violar la unidad de la ley. Una sola transgresión hace imposible el cumplimiento perfecto de los mandatos más básicos de la ley, como amar a Dios y amar al prójimo como uno mismo (Mt.22:36-40). 


“Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” - Rom 3:20.

Estas palabras están dirigidas a los judíos que tienen la ley. En el fragmento del contexto inmediato (vs.10-19; y 2:23) Pablo los convence de que también ellos están en pecado por haber infringido la ley (Rom.3:9). Es por esto que no hay ninguna posibilidad de ser justificado ante Dios por ‘por las obras de la Ley’, por las cosas que se hacen en obediencia a la ley (Gál.2:16; 3:11). Pablo hace un juego de palabras aquí con (Sal.143:2 - LXX), del que se desprende que absolutamente nadie será considerado justo por Dios cuando comparezca ante Él. En (Sal.143:2b) dice: ‘Porque no se justificará delante de ti ningún ser humano’. En las palabras que Pablo emplea ‘ninguna carne’, del gr. sarx (carne) adquiere el significado de ‘la persona en su debilidad, en su pecado y en su mortalidad’. 

La oración ‘ya que por medio de la Ley es el conocimiento del pecado’ tiene relación aquí con el fragmento anterior, las citas de los Salmos y de Isaías son vistas en (Rom.3:10-18), por lo que ‘la Ley’ tendría entonces su significado en un sentido más amplio (Rom.3:19, Gál.3:21). En lo que se refiere a la expresión ‘obras de la Ley’ habla sentido más estricto, como ley de Moisés (Rom.5:13; 7:7; Gál.3:19). Por medio de la ley (tanto las prohibiciones, los preceptos y las condenas) las personas son confrontadas constantemente con sus pecados, porque no están en condiciones de cumplirla realmente (Hch.15:10). La palabra conocimiento del gr. “epignōsi”s se refiere a un reconocimiento efectivo del pecado, a una conciencia del mismo. La ley, por lo tanto, no trae justicia (Rom.3:20a) sino más bien reconocimiento del pecado (Rom.3:20b). 

Hacer a perfección lo que requiere la ley moral de Dios es algo imposible, y por esa impotencia moral toda persona cae bajo maldición (Rom.3:24). Por medio de la ley es el conocimiento del pecado. La ley da a conocer el pecado pero no puede salvar. Pablo concluye su inculpación de la humanidad con este resumen: judíos y gentiles son culpables por igual delante de Dios (Rom.1:18-32; 2:1-29; 3:1-20). El propósito de la ley es llevar a sus lectores a un reconocimiento personal de su incapacidad para cumplirla y así depender de Dios. ¿Cuál es, pues, la función de la ley? 
“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” - Gál 3:24.

La primera palabra del versículo, ‘de manera que’, expresa una conclusión: la ley era nuestro guía, nuestro ayo. Debemos tener bien presente la imagen que usa Pablo. Un ayo era alguien que acompañaba a los niños menores de edad de camino a la escuela y que debía disciplinarlos, muchas veces no usando los métodos más suaves. Parece ser que esta tarea se les solía asignar a los esclavos que por lo demás no servían para mucho. En este contexto Pablo usa la imagen en un sentido completamente negativo para expresar la falta de libertad y la disciplina bajo la ley. La asociación positiva que podríamos tener con esta imagen, la ley como preparación pedagógica para la revelación de Cristo, no se corresponde con la función del ayo de aquellos tiempos ni encaja en la argumentación de Pablo. Fuera de Cristo la ley solamente tiene una función mortal y de aumentación del pecado. Sin Cristo la ley lleva únicamente a un mayor cautiverio y nos confina todavía más bajo el poder del pecado, así como un ayo priva al pupilo de su libertad.

Al mismo tiempo la imagen del ayo expresa la limitación temporal de la función de la ley. Dios le ha encargado esta función a la ley hasta la venida de Cristo, para que ahora seamos justificados por la fe. Así pues, la ley no obraba ni preparaba de manera positiva para esta justificación por la fe (Gál.2:16). Aun así, y de una manera oculta para nosotros, Dios confiere un significado determinado a este período bajo el dominio de la ley. Este significado podemos comprenderlo únicamente desde el cumplimiento, desde la realización de la ley en Cristo (Rom.10:4, v.19).


“Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” - Rom 10:4

El fin de la ley es Cristo (Lc.24:27; vv.44-45). La palabra griega para fin se traduce "cumplimiento, terminación" esta no es una referencia a que Cristo cumplió la ley a perfección por medio de su enseñanza (Mt.5:17-18) o a través de su vida libre de pecado (2Cor.5:21). Más bien, como la segunda mitad del versículo muestra, Pablo quiere decir que la creencia en Cristo como Señor y Salvador pone fin a la búsqueda absurda de justicia personal por parte del pecador mediante sus intentos imperfectos para salvarse a sí mismo y sus esfuerzos para obedecer la ley (Rom.3:20-22; Isa.64:6; Col.2:13-14). Ya que quien da el poder moral para vivir conforme la ley es Cristo por Espíritu Santo. 

La venida del Mesías prometido a Israel significa el final (gr. telos) de la ley. Esta palabra, telos, tiene matices de significado diferentes: por un lado, el de ‘final’ (en el sentido de ‘fin, resultado, realización’ como arriba mencioné) y, por otro, el de ‘fin’ (‘objetivo, finalidad’). Hay diversos pasajes de la Biblia que anuncian de determinada manera que la ley del AT llegó a su ‘fin’. Así se plantea en (Ro.7:4,5; 8:2; Gál.3:13; 4:5) que los creyentes son redimidos de la condenación por la ley. Pero eso no significa que la ley ya no tenga ningún significado; véase (Ro.8:4: ‘para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu’). También encontramos la idea de la realización con respecto a la ley; p. ej. (Mt.5:17) ‘no he venido a abolir (la ley), sino a cumplir’. Sin embargo, si nos detenemos un momento en el contexto actual y, especialmente, en Rom.9:31, vemos entonces que Israel no alcanzó ‘la ley’ de la justicia, porque en ese caso partían de supuestas obras y no de la fe. Israel no alcanzó pues el objetivo final, es decir, la justicia ante Dios. De acuerdo con esto, el matiz de telos es el de ‘finalidad’: ‘la finalidad de la ley es Cristo’. La preposición eis (‘hacia, hasta’) da a continuación una intención relacionada: ‘justicia a todo aquel que cree’. El objetivo que señala la ley, la justicia, es ciertamente la justicia por la fe en el Mesías prometido, Jesucristo (Rom.3:21,22). Como antes mencionado, (Gál.3:24) por ejemplo, va en la misma dirección: ‘de manera que la Ley ha sido nuestro guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe’. 

Esto demuestra la incapadidad del hombre para cumplir bajo sus recursos personales los mandmaientos divinos, los únicos medios para poder llevar a cabo la obediencia que Dios demanda son: 

1) El sacrificio de Cristo en la cruz, por el cual tomó el lugar del pecador cargando así el juicio y maldición que este merece y a su vez posicionó al creyente en muerte para no vivir rendido al pecado, pero vivo para Dios (Rom.6:6, v.11, Gál.2:16, 6:14).

2) Su Espíritu, mediante el cual se puede vivir en dirección plena paraa glorificar a Dios y que de esa manera sea Cristo expresandóse en el creyente rendido (Rom.8:2, Gál.5:16-24). 

3) Su Palabra Escrita, por la cual el creyente puede vivir piadosamente y ser prefeccionado a la semejanza de Cristo mediante el mismo que la inspiró, el Espíritu (2Tim.3:16-17, Jn.Caps 14-16). 

No existe esfuerzo humano posible de alcanzar la obediencia y justicia en sus propios recursos, por lo tanto, quedan invalidos ante Dios “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento - Is 64:6”. Por esa razón quienes tratan de ser justos en sus esfuerzos personales y salvos por mérito propio, invalidan así la toda suficiencia y gracia divina, acumulando para sí maldición y juicio por rechazar los medios divinos, El Hijo, El Espíritu y las Escrituras. 

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” - Efe 2:8-9.

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