1 abr. 2018

Posted by Refrigerio Bíblico | 04:56 | No comments

Misión cumplida: Cristo resucitó

PASAJE CLAVE: Mateo 28.1-6
INTRODUCCIÓN
La Pascua es la celebración del mensaje más poderoso que ha sido anunciado: “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo” (Mt 28.6).
Lo que pareció ser una derrota resultó ser el cumplimiento de la maravillosa misión de Jesucristo, quien venció la muerte y vive por la eternidad.
DESARROLLO DEL SERMÓN
¿Cuál fue la misión de Jesucristo?
El Hijo de Dios dejó el cielo para venir al mundo y cumplir lo que el Padre le encomendó.
• Vino a dar a conocer al Padre. En el Antiguo Testamento hay atisbos del Padre celestial, pero cuando el Hijo de Dios vino en forma humana, se le dio a la humanidad una revelación más profunda. Jesucristo hizo declaraciones asombrosas acerca de su relación con el Padre.
  • “Si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais” (Jn 8.19).
  • “Yo y el Padre uno somos” (Jn 10.30).
  • “Yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (Jn 14.11).
• Vino a redimir a la humanidad caída.Debido a que somos pecadores, necesitamos un Salvador. De otra manera, moriríamos en nuestros pecados y enfrentaríamos la condenación. Jesucristo vino a rescatarnos: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc 19.10).
• Vino a revivir la esperanza vacilante de quienes esperaban al Mesías.Cientos de años habían pasado desde que Isaías profetizó la venida del Mesías (Is 9.6). En el momento en el que Juan el Bautista presentó al Señor como el esperado Mesías, Andrés creyó y le dijo a su hermano Pedro: “Hemos hallado al Mesías” (Jn 1.41). Su esperanza fue restaurada.
  Vino a sacrificar su vida en la cruz por nuestros pecados. “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P 2.24). La muerte de Cristo proveyó la redención que nos permite ser salvos.
• Vino a presentarnos el poder del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento se hace referencia al Espíritu Santo, pero es Jesucristo quien da una revelación más completa a sus discípulos acerca de Él: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn 14.16, 17). Es la presencia del Espíritu Santo en el cristiano lo que hace que se diferencie de los que no conocen a Cristo. Como creyentes hemos sido sellados por el Espíritu Santo, quien nos enseña, guía y capacita para vivir en santidad.
• Vino a enseñarnos a amarnos y a perdonarnos unos a otros. Aunque compartió estas enseñanzas en el Sermón del Monte, la enseñanza más importante que Cristo nos dejó fue proclamada en la cruz. Porque nos amó, dio su vida por nosotros. De la misma manera, fue el ejemplo perfecto de perdón al perdonar a los que lo crucificaron. Al considerar la magnitud de su perdón para con nosotros, no tenemos excusa para negarnos a perdonar a los demás.
• Vino a darnos enseñanzas que transforman nuestra vida y nos preparan para morar con Él. Aunque nunca hemos visto a Jesucristo cara a cara, algún día lo veremos en toda su gloria. Pero por ahora la misión del Señor es prepararnos para vivir en santidad en un mundo pecaminoso y carente de perdón. Cristo dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn 14.27).
• Vino a enseñarnos a orar. La oración fue parte vital de la vida de Jesucristo: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mr 1.35). Aunque su ministerio terrenal solo duró tres años, siempre dedicó tiempo para orar y recibir la dirección del Padre. Al observar la manera en la que oraba, sus discípulos le pidieron que les enseñara a orar (Lc 11.1). Siempre debemos dedicar tiempo a prestarle toda nuestra atención a Dios al traer nuestras peticiones en oración. Sin ella, no contamos con el poder para vivir como Él desea.
• Vino a darnos la seguridad de la vida después de la muerte. Luego de la muerte de Lázaro, el Señor les aseguró a María y Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Jn 11.25). Tenemos la misma promesa de que la muerte no acabará con nuestra existencia. Cristo nos dio vida eterna por medio de su muerte y resurrección.
• Vino a asegurarnos del cielo. “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Jn 14.1, 2).
• Vino a prepararnos para que nuestra vida sea una buena influencia para otros. Jesucristo capacitó a doce hombres que luego impactarían el mundo. Lo mismo ocurre en la actualidad, a medida que otros escuchan el evangelio y observan nuestra manera de vivir. El mensaje de salvación que escuchamos vino a través de muchos que fueron fieles para compartir el evangelio con otros.
• Vino a establecer a su Iglesia. En Mateo 16.18 el Señor dijo: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. La roca que menciona es la verdad de la Palabra de Dios y el evangelio de Jesucristo. A pesar de las persecuciones, pruebas y sufrimientos, el Señor logró su misión de edificar la Iglesia que permanece por generaciones. Ni siquiera la muerte de los creyentes puede destruirla, ya que multitudes siguen siendo salvas.
• Vino a prepararnos para su regreso.Jesucristo regresará muy pronto y cuando menos lo esperemos (Mt 24.42-44). Por eso debemos estar preparados para encontrarnos con Él.
Jesucristo tenía una misión y la cumplió. En tan solo tres cortos años de ministerio, pudo alcanzar todo lo que Dios le había encomendado y preparó a su pueblo para vivir y morir.
REFLEXIÓN
  • ¿Usted ya recibió la salvación que Cristo hizo posible? De no ser así, ¿qué le impide depositar su confianza en Él?
  • Si ya es salvo, ¿disfruta los beneficios que el Señor le ofrece? ¿Cómo las enseñanzas y verdades de Cristo han transformado su vida? ¿De qué forma le dan seguridad y esperanza en cuanto al futuro y a la muerte?
Fuente: Dr. Charles Stanley


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