25 feb. 2017

Posted by Refrigerio Bíblico | 11:39 | No comments

PASAJE CLAVE: Hechos 12.1-19
INTRODUCCIÓN
Muchos se preguntan por qué las oraciones que hacen no son contestadas. Algunas personas hasta dejan de orar, pues sienten que sus oraciones no son escuchadas.
Pueden existir varias razones por las que Dios no esté respondiendo nuestra oración. Quizás haya algo en nuestra vida que nos esté impidiendo escuchar su voz, o que no le hayamos estado pedido de acuerdo a su voluntad. Sin embargo, una de las razones más comunes es que la persona no ha orado al único Dios verdadero, sino que ha elevado su clamor a un dios que ha imaginado en su mente, de acuerdo a sus propias preferencias y deseos.
DESARROLLO DEL SERMÓN
En Hechos 12.1-19 se nos da un ejemplo de cómo Dios responde las oraciones fervientes de su pueblo y cómo podemos orar de esa manera.
El rey Herodes, al perseguir a los cristianos en Jerusalén y dar muerte al apóstol Jacobo, se dio cuenta de que sus acciones agradaron a los judíos que odiaban a los cristianos y los consideraban una secta. Fue por esa causa que decidió encarcelar a Pedro y ponerlo bajo la custodia de varios soldados. Estos se turnaban para vigilar a Pedro cada seis horas y asegurarse de que no escapara de la prisión. La intención de Herodes era entregar a Pedro a los judíos después de la Pascua para que fuera ejecutado.
Ante el encarcelamiento de Pedro, los cristianos se reunieron para orar en casa de María, madre de Marcos. Es muy probable que la fe de estos creyentes estuviera débil, pues ya Jacobo había sido asesinado y ahora peligraba la vida de Pedro. En el versículo 5 se nos da un resumen de esta situación: “Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él”.
La oración que mueve a Dios es la que está dirigida a Él.
El primer elemento esencial para una oración eficaz es que ésta debe ser dirigida al único Dios verdadero. No solo los cristianos de esa época, sino también todos los creyentes de la actualidad podemos traer nuestras peticiones ante el Señor, pues conocemos a quien oramos.
Sin embargo, hay muchos que dicen clamar y creer en Dios, pero realmente oran a una deidad ficticia que han creado en su mente. Es un ser imaginario que está de acuerdo con el estilo de vida que llevan y con cualquier cosa que desean. Cada vez que alguien cuestiona la naturaleza de ese dios, o les pregunta acerca de él, toman una actitud defensiva y declaran que su religión es un asunto privado y no de la incumbencia de otras personas.
El único Dios verdadero es Santo, aborrece el pecado y un día juzgará a toda la humanidad. Él es el Creador del mundo, y quien condenó a la Tierra con el diluvio. Nos ha dado los Diez Mandamientos, su Ley, los salmos alentadores de David y las profecías relacionadas con los eventos de los últimos tiempos. Y como si todo eso no fuera suficiente, también entregó a su Hijo Jesucristo para que viniera a ser nuestro Señor y Salvador, por medio de quien obtenemos el perdón de nuestros pecados. Nuestro Dios nos ama incondicionalmente, pero no tolerará que haya pecado en nuestra vida, pues sabe que éste puede llegar a destruirnos. Solo Él tiene el poder para contestar nuestras oraciones y cumplir su promesa de darnos vida eterna.
Por otro lado, un dios hecho por los hombres no tiene ningún poder para responder oraciones, ni tampoco puede ofrecer la seguridad de la salvación. Si bien muchos han desechado la realidad del infierno pensando que Dios, motivado por su amor, dejará que todo ser humano pase la eternidad en el cielo, en realidad no tienen ninguna base sólida para creerlo. Sus oraciones no tienen valor alguno.
La oración que mueve a Dios es la que se eleva fervientemente.
Desde una perspectiva humana, no había esperanza para Pedro, quien sería ejecutado a la mañana siguiente, pero Dios respondió la oración de los creyentes que intercedían por este apóstol. Un ángel se presentó en su celda, despertó a Pedro y le dijo que le siguiera. Inmediatamente sus cadenas cayeron al suelo y pasó junto a los guardias sin ser visto. Al llegar a la puerta de hierro que daba a la salida, ésta se abrió por sí sola. Y fue al estar en la calle, que Pedro se dio cuenta que todo esto no era una visión, sino que había sido rescatado por Dios.
Al llegar a la casa de María, Pedro tocó a la puerta, pero la joven que vino a responder se sorprendió tanto al escucharle, que entró corriendo para darle la noticia a los demás creyentes. Éstos, al escuchar sus palabras, y aunque habían orado fervientemente, no creían que sus oraciones habían sido contestadas de esa manera por el Señor; pero sus dudas se disiparon al ver a Pedro.
La oración ferviente es motivada por el amor y debe ser elevada con entusiasmo, emoción y fe. No solo se trata de mencionar nuestras peticiones de manera repetitiva, sino de entregar con toda sinceridad nuestro corazón y expresar aquello que necesitamos. Por ejemplo, cuando Jesús oró en el huerto de Getsemaní, estaba en agonía y “oraba más intensamente” (Lc 22.44). Y también es una oración que persevera, pues no debemos dejar de buscar, llamar y tocar a la puerta hasta que Dios nos conteste (Mt 7.7).
Cuando oramos fervientemente por otros, puede que lo hagamos para que sean liberados de ciertas situaciones peligrosas. Quizás hayamos orado para que el Señor les impida a otros seguir por un camino que los llevará a la destrucción. El tener un diario de oración nos ayuda a recordar las necesidades de los demás y a reconocer las peticiones que ya Dios ha contestado en el pasado.
La oración que mueve a Dios es la que se eleva en acuerdo mutuo y en su voluntad.
Cada vez que sintamos una carga en nuestro corazón, debemos buscar a hermanos en la fe que oren con nosotros. El tener un compañero de oración nos da ánimo, apoyo y responsabilidad. De acuerdo a Mateo 18.19, Dios contesta las oraciones cuando dos o más personas se unen a pedirle algo que esté de acuerdo a su voluntad.
La oración es la herramienta más poderosa del creyente, y el Señor desea contestar las oraciones que elevamos con un corazón puro. Sin embargo, el pecado es un estorbo para nuestra vida de oración. Por tanto, podemos estar convencidos de que nuestro Padre celestial no nos dará aquello que nos guía por un camino de desobediencia, pues no es lo mejor para nosotros. Por eso, solo debemos pedirle lo que esté de acuerdo a su voluntad.
REFLEXIÓN
  • ¿Está usted convencido de que le ora al único Dios verdadero? ¿De qué manera pudiese diferir su percepción de Dios de lo que nos dice Él de sí mismo en su Palabra?
  • ¿Cuándo fue la última vez que oró fervientemente? ¿Cuál era su necesidad, y de qué manera respondió el Señor?
  • ¿Puede afirmar que sus peticiones más recientes están de acuerdo a la voluntad de Dios? ¿Cómo puede estar seguro de no haber pedido según sus propios deseos?
Fuente: www.encontacto.org

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