8 ene. 2016

Posted by Refrigerio Bíblico | 21:33 | No comments

Amor


Solo los que son humildes pueden mostrar amor. No me estoy refiriendo a esa clase de amor mundano que es una falsificación y está enfocado en objetos. Esa es la razón por la que muchos matrimonios no perduran. El amor mundano es solo una emoción y cuando la emoción desaparece la relación termina. Esa clase de amor solo busca recibir y no dar. 

El amor bíblico no es eso. No es una emoción; es un acto de servicio y sacrificio. No es una actitud; es una acción. El amor siempre hace algo. Cada palabra que se emplea en 1 Corintios 13:4-7 para describir el amor es un verbo. El amor es un acto de servicio que fluye de un corazón de humildad.

El amor bíblico satisface las necesidades de las personas. Jesús dice en Lucas 10:27: “Amarás…a tu prójimo como a ti mismo”. Un abogado respondió: “¿Y quién es mi prójimo?” (v. 29). Jesús respondió con la parábola del buen samaritano (vv. 30-35). El samaritano iba pasando a lo largo de un camino, y se encontró de pronto con un hombre al que habían golpeado y robado. Él ayudó a aquel hombre y le atendió en sus necesidades. ¿Quién es su prójimo? Todo aquel que tenga una necesidad que usted puede satisfacer. ¿A quién tienen que amar? A todo aquel que tenga una necesidad. ¿Cómo tiene que amarle? Atendiendo a sus necesidades, aun cuando no se sienta emocionalmente vinculado o atraído hacia esa persona.

Una ilustración clásica de la humildad del amor, la encontramos en Juan 13. Jesús y sus discípulos iban a cenar juntos. Los discípulos estaban discutiendo acerca de cuál de ellos era el mayor (Lc. 22:24). En aquellos días, las personas comían en una posición reclinada, lo que quiere decir que la cabeza de una persona solía estar a unos veinte centímetros de los pies de otro comensal. Era una cortesía común lavar los pies de los participantes antes de disponerse a comer. Pero no había ningún criado disponible para lavar los pies de los discípulos. Y ninguno de los discípulos estaba dispuesto a prestar ese servicio porque habían estado discutiendo quién de ellos era el más importante. De modo que  Jesús se quitó su túnica, se puso una toalla alrededor de la cintura y les lavó los pies (Jn. 13:4-5). Les dio una lección inolvidable. Cuando terminó, les dijo: “Ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (v. 15). En efecto, les estaba diciendo: “Como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (v. 34). ¿Cómo demostró Él su amor por ellos? No por una vinculación emocional. Probablemente lo único que sentía en ese momento era disgusto debido al egoísmo y el orgullo de los discípulos. Les mostró su amor atendiendo a sus necesidades. De la misma manera, nosotros estamos llamados a satisfacer las necesidades de otros. 

Debiéramos satisfacer las necesidades de otras personas espontánea y voluntariamente. Nuestro amor debiera ser el reflejo de un corazón humilde. Esa clase de corazón siempre se expresa a si mismo. Recibí una carta que ilustra ese espontáneo amor, que se sacrifica; dice lo siguiente:  

Hace algún tiempo mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de visitar a la iglesia Grace Community. Las personas son estupendas. Nos trataron muy bien. Un caballero me mostró los edificios. Durante el descanso, entre el primer y segundo culto, hablé con otro hombre por un momento. Me preguntó si me gustaría tener un casete del próximo culto. Inmediatamente dije que sí. Unas pocas semanas después, recibí no solo el casete, sino toda la serie sobre la enseñanza de Jesús sobre el divorcio. Muchos de mis amigos han escuchado esos mensajes y han recibido respuesta a muchas de sus preguntas. Quiero que sepa cuán maravillosa es su congregación.

 ¿No es eso maravilloso? Conozco a las personas a las que se refiere esta persona. El hombre que le mostró los edificios no tenía en realidad tiempo para hacerlo debido a sus muchas responsabilidades. El que le envío los mensajes no disponía del dinero para hacerlo, pero así es como funciona el amor. El amor fluye de un corazón humilde. El amor busca el consuelo y el gozo de otros. 

Extraído del libro, El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.

Fuente: www.gracia.org

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