18 sep. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 05:55 | No comments

El Dios a quien oramos

Nehemías demuestra el poder  de la oración. Como siervo del rey Artajerjes de Persia, no tenía ningún derecho a solicitar permiso para reconstruir los muros de Jerusalén, y mucho menos a pedir materiales ni protección. Sin embargo, por conocer la naturaleza del Dios a quien oraba, Nehemías no dudó en actuar con osadía y pedir al rey lo que hacía falta.
Comenzó su oración diciendo: “Te ruego, oh SEÑOR, Dios del cielo”  (Neh 1.5). SEÑOR, con letras mayúsculas, designa a la palabra Jehová(una forma de Yavé, el nombre hebreo de Dios), lo cual significa“Dios, quien es eterno en su ser” —expresando que todo en todas partes está en su presencia. Por tanto, cuando Dios hace una promesa, sabe cómo va a cumplirla. Es por eso que Nehemías lo llamó “el grande y temible Dios, que guarda el pacto”. Él sabía que Dios se había comprometido a llevar de vuelta a los israelitas arrepentidos a su tierra natal para vivir en su presencia (v. 9).



La siguiente palabra hebrea: Elohim, se traduce como: “El que es absolutamente soberano”. Este nombre se refiere al Creador, y habla de su omnipotencia. Si Él hizo al mundo con su palabra, entonces es capaz, sin duda, de darle a Nehemías las provisiones, tiempo fuera del trabajo, y el favor del rey persa.
Hay muchos otros nombres para Dios, tales como Adonai (“dueño”),Jehová-Jireh (“proveedor”), o Jehová-Rafa (“sanador”). Puesto que el idioma hebreo es preciso, puede ayudarnos a conocer mejor a Dios. Cuando necesitamos consuelo, llamamos al Dios que consuela; cuando necesitamos sabiduría, tenemos al Dios que enseña. Así como conocer nuestra audiencia afecta las palabras que usamos, la manera de ver a Dios afecta el modo en que oramos.
Biblia en un año: Oseas 6-9

Fuente: www.encontacto.org

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