14 mar. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 04:52 | No comments


¡Simplifique!

Leer | Mateo 7.7-11
“Todo lo que es bueno y perfecto es un regalo que desciende a nosotros de parte de Dios nuestro Padre” (Stg 1.17 NTV).
Esta es una hermosa verdad. Toda cosa buena que tenemos viene de Dios —cada cosa. Empleos y alimentos, lluvia y amistades, canciones y puestas de sol son bendiciones asombrosas que Dios da, pero que a veces pasamos desapercibidas.
Y puesto que todas las cosas buenas vienen de la mano del Padre celestial, también es cierto que nuestra existencia depende de un corazón que bombea a un ritmo guiado por Dios; de pulmones que inhalan el aire que Él creó; de un cerebro que forma pensamientos por medio de canales que Él conectó. No podemos lograr que nuestro corazón palpite, del mismo modo que no podemos mover la luna.
Esto no quiere decir que la vida no tiene o no debería tener adversidades o problemas. Pero en medio de los altibajos es bueno recordar la sustentadora provisión de Dios: Él ordenó descender a la lluvia, guió los rayos solares, y creó una vegetación que se restaura. Todo esto sucede en un planeta que Él sostiene en el espacio infinito, en la posición perfecta, para que cada una de estas cosas suceda. Y en este planeta que Él sostiene, proveyó talentos, concedió aptitudes mentales, e impartió capacidades físicas, de acuerdo con sus propósitos.


La palabra “de” (procedente de) en Santiago 1.17 hace muy personal esta verdad: Implica a un Dador de cosas buenas. No son simplemente “de” (propiedad de) Dios, simples excedentes de su bondad. Son “de” Él —inventadas, dadas y enviadas a usted por el Padre que está en el cielo. Y, por ser el buen Padre que es, sus regalos son siempre valiosos, significativos, con un propósito. Él le dio a usted cada provisión, cada capacidad, cada latido de su corazón con un objetivo hermoso.
Si comenzamos a ver todo lo bueno como el regalo misericordioso que es en realidad, disminuirá nuestro aferramiento a la vida. No hay ninguna necesidad de acumular cosas o dinero. Todo es concedido por un Padre misericordioso que puede dar más si tuviéramos que dar lo que recibimos. Cada habilidad y cada talento que tenemos es una bendición enviada por Dios. No hay lugar para la arrogancia; podemos descansar al ser las personas que el Señor quiso que fuéramos al crearnos. Y podemos disfrutar las “cosas pequeñas” —el sol, la lluvia, los alimentos que servimos en nuestra mesa. Porque todas las cosas, incluso las “menores”, vienen de Él. Y eso significa que somos amados profundamente, hasta el más mínimo detalle, con nuestra vida descansando en el fundamento de la bondad de Dios.
Si usted se desapega de las cosas materiales y de sus talentos, y los utiliza cada vez más para glorificar a su Dador, descubrirá la hermosura y la libertad que acompañan a la sencillez. Las presiones se desvanecerán; el gozo permanecerá. Por tanto, responda del mismo modo, y permita que su vida sea leída simplemente como una nota de agradecimiento al Autor de la generosidad.
—Laurin Greco

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