• JUAN 3:16

    16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna...

  • SALMOS 5:11

    11 Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre....

  • ROMANOS 14:17

    17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo....

31 mar. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 17:04 | No comments

Una sanación más profunda
Joni Eareckson Tada 




Posted by Refrigerio Bíblico | 16:15 | No comments
La sorprendente construcción de la historia de Dios
En Cristo, nuestras historias personales se dirigen a una dirección segura. Pero eso no significa que podamos predecir adónde irán.

por Jen Pollock Michel
"Mamá murió hoy”. Con esta impactante frase comienza la novela El extranjero de Albert Camus. El lector se siente sorprendido de inmediato, incluso molesto. ¿Quién está hablando? ¿Y por qué está esa persona tan insensiblemente tranquila ante el dolor? Estas tres lacónicas palabras —Mamá murió hoy— tienen un papel importantísimo. Captan la curiosidad de los lectores para seguir la historia, adondequiera que ésta los lleve.
Ya se trate de un escrito secular o de la Biblia, los principios de la buena escritura son universales. “Unas palabras iniciales deben invitar al lector a comenzar a leer la historia”, dice el novelista Stephen King. “Deben decir: Escuche. Venga acá. Usted necesita saber esto”. King reconoce que antes de empezar a trabajar en una novela, pasa meses pensando en las primeras frases y en los párrafos de introducción. “Si puedo acertar en ese primer párrafo, sabré que puedo escribir el libro”.
Los escritores saben que las frases y los párrafos de apertura tienen mucho peso narrativo. En sentido figurado, tienen que dejar abierta la puerta de la historia para atraer al lector. Como lectora y escritora, me gusta ver lo que puedo deducir de la totalidad de una historia desde su inicio.
Traigo esta curiosidad acerca de cómo iniciar las frases y los párrafos, incluso a la Biblia, y debido a eso Génesis ha sido siempre mi libro favorito. ¿Cómo empieza Dios su historia? “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gn 1.1). Para el lector que se topa con la primera frase de la Sagrada Escritura, la historia parece ser tan dura como un trozo de granito. En el principio me da a entender la estabilidad en el arco narrativo. Intuitivamente, interpreto la historia de Dios como proyectada por algo bueno, como llevada en una dirección segura.
La sorprendente construcción de la Historia de Dios
La promesa de Génesis 1 —de la historia— es su estructura. Es como si Génesis 1 tuviera un bosquejo literario, con sus estribillos actuando como referencia. Podemos ver lo que viene. Y dijo Dios: Y fue la tarde y la mañana un día, y vio que era bueno. Este predicible patrón tranquiliza. Los eruditos bíblicos han argumentado a favor de la naturaleza poética de Génesis 1, e incluso en nuestro idioma, se lee como una rima consoladora. Las repeticiones rítmicas dan su forma a la narración de la creación, así como Dios le da forma al mundo amorfo. Lo que antes era un vacío impregnado de oscuridad, lo que antes era una página en blanco, explota con la luz, vida y forma poética: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gn 1.31). Se escribe la historia, y se crea el mundo; y Dios descansa del estribillo satisfecho de sí mismo.
¡Cómo necesitamos que nuestra fe suene como Génesis 1, como una melodía armoniosa, familiar y predecible! Si todo comenzó tan convincentemente, como “en el principio”, ¿no debiéramos esperar una vida nada complicada, de parte de Dios?
Pero la sorpresa, no la previsibilidad, parece ser la dirección del resto del primer libro de la Biblia. Algo catastrófico ocurre en Génesis 3, lo cual termina con un exilio. Adán y Eva son echados del huerto, y hechos extranjeros y forasteros por su nefasta decisión de desconfiar de Dios y desobedecer su orden. Hay un asesinato en Génesis 4, y Caín, el homicida, es desterrado por sus sanguinarios celos de su hermano Abel.
En Génesis 6, la satisfacción divina por la creación en Génesis 1 se convierte en remordimiento: “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Gn 6.6). Y aunque Noé y su familia son salvados de la condenación por medio del arca, comienza de nuevo el ciclo de la peregrinación humana. En Génesis 11, la rebelión crece manifestándose en una torre de orgullo: “Vamos, hagámonos un nombre” (v. 4). La humanidad creada por Dios lo desafía a Él y a sus propósitos de manera colectiva.
La sorprendente construcción de la Historia de Dios
¿Hacia dónde se dirige la historia ahora? ¿Y qué pasó con la estabilidad que nosotros, como lectores, habíamos sido llevados a esperar? Incluso con Abram en el capítulo 12 (con la esperanza en los propósitos de Dios), hay una espera interminable. De lo que ocurrirá en la historia. De lo que Dios hará.
Algunas de nuestras deducciones de Génesis 1 —acerca de Dios y de la historia— se tambalean con la incertidumbre. Y así debe ser. Quizás esto podría ser un argumento para la lectura de toda la Biblia, y no simplemente para extraer de ella las partes que confirman nuestras preferencias. En el principio es la excelente forma que Dios tiene de comenzar la historia. ¿No nos gusta a todos saber, con un grado razonable de certeza, hacia dónde nos dirigimos?
Pero si algo nos recuerda Génesis es que no hay un patrón a seguir en cuanto a los caminos del Señor, ni tampoco que son predecibles. Sí, en el principio, Dios puso en marcha un inmenso bien que se cumpliría plena y finalmente en Cristo, y esta promesa es sólida como el suelo de granito que pisan nuestros pies. No obstante, quienes se comprometen a seguir y a obedecer al YO SOY EL QUE SOY, no pueden pedir más luz narrativa que una puerta abierta parcialmente.

La fragilidad —y la esperanza— de todas nuestras historias
Hace unas semanas, la mañana después de la fiesta que dimos mi esposo y yo para celebrar nuestros cumpleaños 40, estaba de pie bajo la ducha, lanzando sollozos inesperados. La bondad de nuestros amigos reunidos la noche anterior, las promesas que nos habíamos hecho mutuamente él y yo, y el desconcierto de la vida —la alegría, el dolor y la incapacidad de predecir lo que vendrá.
La sorprendente construcción de la Historia de Dios
Ser humano y vivir después de Génesis 3, implica ser sumamente frágil. He sobrevivido a suficientes pérdidas en mi vida para comprender las amenazas de la transitoriedad que nos aterroriza: la muerte de mi padre cuando yo tenía dieciocho años, el suicidio de mi hermano cuando yo tenía veintitrés. Estos capítulos de mi historia me recuerdan que, en cuestión de segundos, todas nuestras historias pueden salirse de control, dejándonos con expectativas destrozadas y con preguntas sin respuestas.
En verdad, me gustaría tener de antemano un pequeño aviso acerca de las sorpresas que me esperan. Anhelo que Dios haga eso conmigo. ¿No puedo saber hacia dónde se dirige esta historia? Pero Génesis me recuerda que Dios no ofrece ningún ensayo de sus guiones. Este libro me quita el gusto por las predicciones. No obstante, Génesis 1 no me deja privada de promesas. Si hay un principio hay una mitad, y si hay una mitad hay un final. De eso podemos estar seguros.
El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, es Dios mismo. Él es el Padre que nunca nos deja o nos abandona. Y el bien que se propuso originalmente para su mundo, es un bien que será restaurado. Esto es porque la muerte, la resurrección y el final retorno de Jesucristo terminarán para siempre con la muerte y su terrible amenaza de la transitoriedad de la vida. Es en la esperanza de esta historia —la del evangelio— que encontramos seguridad para la nuestra.

Posted by Refrigerio Bíblico | 14:51 | No comments

Parto y liberación

Cuando lo único que vemos es el sufrimiento, es difícil imaginar el gozo y la bendición que vendrán después.

por Rachel Marie Stone
Después de ver el ultrasonido, mi esposo y yo no tendríamos que sorprendernos si nuestro hijo aparecía en blanco y negro, amorfo, y tan borroso como las imágenes que había en el monitor de la computadora. No importa cuántas veces nos fijáramos en las imágenes, fuimos totalmente incapaces de imaginar las encantadoras particularidades de nuestro hijo: Su bien definida y respingona nariz; los círculos concéntricos en sus orejas, ambos tan parecidos a las mías; las pequeñas pestañas, tan finas como las cerdas de un pincel; los pies con sus dedos, que eran versiones en miniatura de los de su padre. Esta diminuta, pero persona compleja y completa, era sorprendentemente perfecta.
Como hace la mayoría de las personas cuando se les presenta un bebé recién nacido, lo observamos con admiración, comentando y alabando los detalles: la boca tan pequeñita; el cabello tan obscuro, largo, suave y delicado. Al acunar su liviano cuerpecito, susurré maravillada: ¿Cómo es posible que pueda sostener a un ser humano completo en un solo brazo?
Quise comentar con una amiga, que era madre y abuela, la complejidad de mis sentimientos. Al tratar de hacerlo, rompí a llorar, sin poder manifestarle el amor y el deseo de protegerlo que sentía.
Mi amiga sonrió y con lágrimas en los ojos, me dijo: “Ahora lo entiendes”.
Los padres se sacrifican por sus hijos. Eso ya lo sabía antes de que naciera mi hijo, antes de que pudiera saber qué estaba sacrificando —o más bien, por quién me estaba sacrificando. Como la mayoría de las embarazadas, estuve vomitando los primeros meses de embarazo, y tuve acidez estomacal durante los últimos. Tuve terribles cambios de humor y, por supuesto, el parto fue mucho más doloroso de lo que pensaba que podía llegar a ser.
Parto y liberación
“¿Por qué quiere Dios que sufra así?”, pregunté en cierto momento.
“Esto es lo que cuesta tener un bebé”, respondió la enfermera.
Entonces, no estoy segura de que quiera tener uno, pensé.
¡Qué poca fe la mía, que no me permitía presentir la nueva vida que me esperaba después de todo el dolor y el sufrimiento!
El versículo de la Biblia que usan las personas cuando hablan del parto es, por lo general, Génesis 3.16, en el que Dios dice que “multiplicará en gran manera” el dolor de la mujer al traer una nueva vida al mundo. Pero aun en ese pasaje está el indicio de que alguna clase de redención vendrá de la dura experiencia. Y en otro lugar de la Biblia, el parto es una metáfora importante en cuanto a una clase de lucha que es todo, menos un castigo sin sentido. Es un hecho que el parto implica dolor, pero que también engendra esperanza. Es un sufrimiento parecido —aunque no igual— a la agonía que hace que los cristianos en los países de habla inglesa llamen “Good Friday” (“Buen Viernes”) al Viernes Santo, el día en que Jesús murió.
Uno de mis mayores problemas es el hecho de que vivo de manera acelerada, por lo cual me gustaría llegar al “Domingo de Resurrección” sin pasar por el “Viernes Santo”. Este aceleramiento toma, por lo general, la forma de ansiedad, ya que exijo garantías de que todo saldrá bien en los momentos difíciles.
Cuando nuestro segundo hijo tenía dieciocho meses de edad, se enfermó por una seria infección que requirió que estuviera hospitalizado durante ocho días. En ese tiempo vivíamos en Alemania, y nadie del hospital podía responder a mis preguntas con muchos detalles. Ni el alemán mío, ni el inglés de ellos, eran suficientes para aclarar la situación y dejarme satisfecha. En medio de mi temor y mi aislamiento, me di cuenta de mi impotencia. Con mi hijo dormido, sosteniéndolo firmemente en mis brazos, le rogaba a Dios que le salvara la vida.
Parto y liberación
No quería aceptar, ni siquiera viniendo de Dios, que mi hijo pudiera morir, o que no hubiera nada que yo pudiera hacer al respecto. Aunque hablara alemán y fuera una especialista en enfermedades infecciosas, era realmente impotente ante el temor a la muerte. Sin embargo, ¿no se me había prometido que nada podría separarme del amor de Dios en Cristo Jesús? ¿No es en eso en lo que consisten la muerte y la resurrección de Jesús, en garantizarnos que también seremos algún día resucitados?
En realidad, no podemos saber qué hay al otro lado de nuestros variados sufrimientos. Yo no podía visualizar al pequeño que vendría a mi encuentro cuando traje nuestro primer bebé al mundo. Tampoco era posible, mientras estaba orando por mi segundo en el hospital, imaginar cuán cautivantes y felices serían mis hijos, o la manera como sus sonrisas llenarían mi corazón. No entendía que el dolor valdría la pena, y que, en vez de ser hecha trizas por él, llegaría a sentirme realizada por amor a ellos.
Toda la creación está ahora gimiendo con dolores de parto, como dice el apóstol Pablo en Romanos 8, esperando la “adopción, la redención de nuestro cuerpo”. Pero, en esos dolores, podemos saber que la realidad de nuestra resurrección final —lo que yo llamo la realidad de la Nueva Creación— tiene un gran parecido con el mundo presente, como el que tuvo un recién nacido con un ultrasonido en blanco y negro. Debemos tener por seguro que nuestro dolor y sufrimiento actuales, son parte de la obra que Dios se propone para nuestro bien.
Al pensar en esto, no hay que olvidar que el Viernes Santo viene antes del Domingo de Resurrección, y puede pasar mucho tiempo antes de que conozcamos el significado de nuestra angustia. Hay una clase de satisfacción que viene simplemente de reconocer —mientras aguardamos con esperanza— que la realidad futura será más perfecta, más hermosa, más familiar y más deliciosamente sorprendente de lo que podríamos jamás haber imaginado alguna vez. Porque quienes hemos visto a través de un vidrio oscuro, veremos a Jesús (1 Co 13.12). Y lo contemplaremos admirados.
Posted by Refrigerio Bíblico | 01:24 | No comments
Sinceros con Dios
La oración auténtica es un asunto peligroso, pero correr ese riesgo es la mejor manera de conocer nuestros verdaderos deseos y el sentir de Dios.

por Jen Pollock Michel

En la novela The Handmaid’s Tale (El cuento de la criada), Margaret Atwood pinta una imagen inquietante de un mundo donde la libertad humana ha sido casi abolida. Después de que se establece un régimen totalitario en la ficticia ciudad de Gilead, se elige una casta especial de mujeres conocidas como “criadas” con el propósito de dar a luz niños para familias ricas e influyentes. Pero a los esposos se les prohíbe involucrarse románticamente con sus criadas.
Uno de ellos, conocido como el Comandante, invita secretamente a su criada, Offred, a su casa para hablarle de una manera prohibida por su estricta sociedad. “Debe querer algo de mí”, piensa ella. “Tener necesidad de algo es una debilidad. Es esta debilidad, cualquiera que ella sea, lo que me tienta. Es como una pequeña grieta en una pared, hasta ahora impenetrable . . . Quiero saber lo que él necesita”. Por su petición (y por el riesgo de que Offred rechace su invitación), el Comandante ha arriesgado su poder. El deseo lo hace vulnerable.



Y es en este sentido que el libro de Atwood, aunque secular, puede enseñarnos algo sobre la naturaleza de la debilidad. Ésta es inherente al deseo, y eso es lo que hace que el deseo sea intimidante —y sin embargo necesario— para nuestra vida. Algunos de nosotros somos demasiado egocéntricos para reconocer que tenemos necesidad de Dios. ¿Quién aboga por venir a su presencia para arrancar con avidez sus favores? ¿No han sido las oraciones más santas las más privadas de deseos? ¿No es mejor prescindir de largas listas, y orar más bien, diciendo: “Hágase tu voluntad”?

Sinceros con Dios
Dependencia del amor de Dios
Cuando vamos a los Salmos, algo que resulta evidente es la honestidad casi temeraria de las oraciones. A diferencia de los salmistas hebreos, la mayoría de los pueblos antiguos se acercaban a sus dioses con ansiedad y respeto, porque sus deidades eran seres cambiantes y caprichosos. Si querían tener una cosecha abundante, el parto sin complicaciones de un bebé, o la protección de sus enemigos, oraban y hacían sacrificios, pero nunca había ningún razonamiento del amor y la fidelidad divina en los cuales confiar. La esperanza no era nada segura (Vea 1 Reyes 18.20-29).
Por el contrario, el Dios de los Salmos es “misericordioso y clemente, lento para la ira, y grande en misericordia” (Sal 103.8). Su amor es grande e invariable, y su perdón amplio y generoso. “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (v. 13). Porque el Dios de Israel es bueno y fiel, su pueblo ora de modo diferente. Por ejemplo, no aplacan a Dios con lisonjas vanas. Por el contrario, expresan abiertamente su enojo a Dios, hablándole en tono acusador de su aparente ausencia: “¿Por qué estás lejos, oh Jehová, y te escondes en el tiempo de la tribulación? (10.1). Tampoco fingen ser buenos cuando sus gargantas están llenas de venganza. “Hija de Babilonia . . . dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña” (137.8, 9). Por otra parte, a pesar de ser un libro de alabanza y acción de gracias, los salmistas presentan más lamentos que cualquier otro tipo de oración. Reverencian a Dios, pero —de manera extraña y sorprendente— su reverencia les da libertad para ser sinceros.
Sinceros con Dios
Como una colección de oraciones y alabanzas que es, el libro de los Salmos es también una antología de quejas y turbación. En otras palabras, la experiencia humana se ha infiltrado en el canon sagrado, lo que demuestra que Dios nunca es sorprendido por nosotros. En su libro Getting Involved With God Rediscovering the Old Testament (Cómo involucrarse con Dios redescubriendo el Antiguo Testamento), Ellen F. Davis contrasta los Salmos con los demás libros de la Biblia. Ella dice: “Todo el resto de la Biblia presenta a Dios hablándonos a nosotros . . . Solamente los Salmos están formulados con palabras humanas a Dios”. Como tales, los Salmos ilustran la necesidad que tenemos de entrar en la presencia de Dios con nuestras oraciones tal cuales son, incluyendo nuestros deseos: “Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto” (38.9). A Dios no lo molesta nuestra condición humana. De hecho, prefiere cualquier cosa antes que el fingimiento.
Preparación del camino para la alabanza
El deseo es normalmente la expresión más sincera y vulnerable de lo que somos, y especificar nuestras necesidades, expresar lo que sentimos es una de las acciones más valientes, especialmente en la presencia de Dios. Examinar nuestros deseos es sacar de nuestro corazón las intenciones ocultas. Es identificar el verdadero objeto de nuestros afectos. De esta manera, responder a la pregunta: ¿Qué quiero? deja al descubierto nuestras contradicciones espirituales. Porque, por más atemorizante que pueda ser la verdad, muy cerca de la transparencia está la transformación. “Bienaventurado el hombre . . . en cuyo espíritu no hay engaño” (32.2).
Puede parecer paradójico insistir en la necesidad de desear fe; pero tal vez no nos corresponda a nosotros entender cómo orar antes de hacerlo. Más bien, como vemos en los Salmos, tal vez debamos orar sinceramente y luego confiar en que los deseos con que llegamos, no serán siempre los deseos con los cuales terminaremos. “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón" (37.4).
Sinceros con Dios
Traer nuestros deseos ante Dios es una manera de expresar necesidad y de ser vulnerables. Al terminar de orar, nos vamos con la confianza de que nuestra inteligencia y nuestro trabajo laborioso podrán proporcionarnos lo que nos falta. En vez de eso, tenemos que aventurarnos completamente a la garantía de la provisión de Dios. “Algunos confían en carros, y otros en caballos; mas nosotros en el nombre del SEÑOR nuestro Dios confiaremos” (20.7 LBLA). Dios ayuda a los indefensos, por tanto tenemos que llegar a estar necesitados para llegar a ser bienaventurados. Necesitar de Dios puede ser un acto de dependencia, y al reconocer delante del Él, sin restricciones, nuestras necesidades, anhelos, confusiones y dolor, nos formamos el hábito de encontrar al Señor. El deseo, expresado con sinceridad y transformado por el Espíritu, prepara el camino para la alabanza.



Deseo de valentía para la oración sincera
Las oraciones cautelosas nunca ponen a prueba la fortaleza de nuestra fe, sin embargo, las oraciones valientes sí. Si Dios se pareciera a las deidades malhumoradas e impredecibles de antaño, oraríamos diciendo lo que pensamos que Él quiere escuchar. Pero puesto que Dios es tan misericordioso como dice la Biblia —lo suficiente para hacer de su Hijo nuestro compasivo Sumo Sacerdote que recibe todas nuestras oraciones (incluso las egoístas)— entonces si pedimos pan, ¿esperaremos recibir una piedra? (Vea Mt 7.9).
Orar por los deseos de nuestro corazón deja al descubierto nuestras infidelidades. Pero, como nos enseñan los Salmos —y como lo declara el evangelio— Dios es misericordioso con nosotros y recibe con interés nuestras oraciones tal como son. Y por medio de ellas, Él hará de nosotroslo que debemos ser.


Posted by Refrigerio Bíblico | 01:23 | No comments
¿Quieres ser sano?

Nos aferramos a nuestras aflicciones porque nos resulta cómodo y familiar; sin embargo, el deseo de Dios es sanarnos. La pregunta es: ¿Dejaremos que lo haga?

por Winn Collier
Si usted ha tenido algún amigo o un miembro de la familia atrapado por una adicción, sabe que, a menos que exista el verdadero deseo de verse libre de esa tenaza que le está quitando la vida, poco cambiará. Tengo una amiga cuya historia incluye una lista larga de decisiones terribles: mala alimentación, sedentarismo, falta de descanso y envolvimiento recurrente en actividades estresantes.
Todo esto ha deteriorado poco a poco su cuerpo y su alma. Los médicos le han advertido claramente en cuanto a su salud, y esto la ha atemorizado. Por tanto, durante algunas semanas dirá que está haciendo ajustes radicales. Pero, inevitablemente, vuelve a sus viejos hábitos. La verdad es que ella no quiere cambiar. Prefiere su estilo de vida poco saludable a estar bien. Pero yo no puedo tirarle la primera piedra, pues a veces, veo este patrón en mi propia historia.


La pura verdad es que, si queremos estar bien (ya sea en cuanto a la salud de nuestro cuerpo, o a la restauración de nuestra familia, o tener un vigor renovado en nuestro caminar con Dios), debemos anhelar sinceramente estar bien. Tenemos que avivar nuestras ansias de Dios y de lo bueno; tales deseos profundos no son secundarios —son esenciales. Agustín de Hipona dijo: “La totalidad de la vida de un buen cristiano es, en realidad, una práctica de deseos santos”. Jesús habló mucho de la importancia de prestar mucha atención a los afectos de nuestro corazón, avivando las llamas del hambre por lo bueno, y apagando al mismo tiempo todo fuego falso.
¿Quieres ser sano?
El capítulo 5 del Evangelio de Juan nos relata la historia del Señor Jesús junto al estanque de Betesda. Allí, los enfermos esperaban recibir la única sanidad que supuestamente se producía cuando un ángel agitaba milagrosamente las aguas. El nombre del estanque da una indicación del encuentro que iba a tener lugar pronto. En arameo, Bethesda significa “casa de gracia”, y en hebreo, “casa de misericordia”. Cada vez que Jesús llega, es seguro que llegan también la misericordia y la gracia.
Un hombre, enfermo desde hacía treinta y ocho años, había estado yaciendo junto al estanque durante largo tiempo, paralítico, y esperando la escasa posibilidad de que su vida pudiera cambiar. En el siglo primero, estar paralítico significaba que la persona no podía proveer para su familia, y normalmente estaba condenado al aislamiento de su comunidad. Por tanto, soportar padecimientos crónicos o discapacidades no solo era un problema físico, sino también una barrera infranqueable para tener una vida normal.
Cuando Jesús llegó, encontró al hombre y le hizo la pregunta más fundamental: “¿Quieres ser sano?” O según traducciones más antiguas: “¿Quieres quedar sano?” La respuesta del lisiado me sorprende. Yo habría esperado un rápido y tajante: ¡Sí! ¡Más que cualquier otra cosa! Sin embargo, la respuesta del desdichado hombre da evidencia de sus muchos años de sufrimiento, de décadas de espera, hasta que se le acabó todo su optimismo. “Señor”, —respondió el hombre— “no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entretanto que yo voy, otro desciende antes que yo” (v. 7). Escuchamos poca esperanza en la triste respuesta del hombre. Ninguna expectativa de que Jesús pudiera ayudarlo. Las décadas de dolor y de posibilidades frustradas lo habían llevado al punto en que lo único que podía ver era un destino irrevocable, un futuro sombrío.


Hay muchas razones por las que nos resulta difícil, en nuestras situaciones de infelicidad, mantenernos conectados con nuestro deseo de esperar algo bueno. Tener la esperanza (vivir con el deseo profundo) de estar sanos puede por sí ser un esfuerzo penoso. Es doloroso mantener el deseo de tener amistades, cuando la falta de ellas solo acentúa nuestra terrible soledad. Es doloroso mantener la esperanza de ser libres de la ira, o del miedo, o del orgullo, cuando eso significa que debemos liquidar nuestras conductas pecaminosas, o reconocer las mentiras que hemos utilizado para manejarnos en la vida.
¿Quieres ser sano?
Muchas veces abandonamos nuestro deseo de estar sanos, porque tenemos mucho miedo. Aunque la realidad de nuestra vida puede ser mucho menos de lo que esperábamos, con el tiempo creamos cierta clase de tregua con nuestra infelicidad. Porque se convierte en lo que conocemos. Puede ser terrible la idea de renunciar a la seguridad del presente (no importa lo terrible o dolorosa que pueda ser), por la incertidumbre del futuro.
En agosto del 2014, cuando la epidemia del ébola paralizó gran parte de África Occidental, observé cómo un país tras otro cerraba sus fronteras a los viajeros procedentes de países que enfrentaban brotes del ébola. Los funcionarios de los gobiernos insistían en que el principal obstáculo para detener la epidemia no era simplemente encontrar el antídoto correcto, sino además vencer el temor que tenía la gente de recibir tratamiento. Por razones culturales, desconfianza del personal médico, y otros factores complejos, muchas familias escondieron a los pacientes afectados en “zonas clandestinas”, donde los médicos no pudieron ir, en vez de llevarlos al hospital. Cuando los equipos médicos trataron de localizar a las personas infectadas, las comunidades que las escondían se opusieron a la irrupción. Le tenían más miedo a la medicina que al ébola. La ayuda estaba disponible, pero no la querían.
Algunos de nosotros podemos temer a lo que no comprendemos, o tener razones para desconfiar de las promesas de otras personas. Y muchos de nosotros simplemente tenemos temor de soltar las riendas. Para venir a Jesucristo en busca de sanidad, tenemos que renunciar a la idea de que nuestra vida está en nuestras manos. Debemos reconocer que necesitamos ser sanados, y que nuestros esfuerzos han dado como resultado un caos. Para dejarnos abrazar por el amor de Dios, tenemos que enfrentar la verdad de cuán desesperadamente anhelamos ese amor. Para ser sanos, debemos estar cada vez más insatisfechos con nuestra infelicidad, y querer algo más del Señor.
¿Quieres ser sano?
Para llegar a tener la plenitud que Dios quiere, tenemos que estar alertas a Él, como también a nuestro sufrimiento y a todo lo que no está bien en nosotros (y en nuestro mundo). Debemos dejar que las lágrimas, el gozo y las promesas de Dios resuciten los lugares en nuestros corazones que se han enfriado.
En cambio, cuando Jesús habla, la esperanza se enciende siempre. Las brasas del corazón se agitan. Después de la desanimada respuesta del paralítico, el Señor Jesús lo miró a los ojos, echó a un lado su tristeza, y dijo con autoridad: “Levántate, toma tu lecho, y anda” (v. 8). El hombre tenía la oportunidad de escoger ser sanado, pero requería obediencia, y la voluntad de aceptar el gozo y la sanidad que el Señor le ofrecía. Tenía que actuar y arriesgarse.
Y lo hizo. Este hombre, que no había estado de pie con sus piernas durante casi cuatro décadas, saltó del polvoriento suelo, agarró su lecho, y se fue caminando (imagino dando pequeños saltos) de regreso a su casa —de regresó a su vida.

Cuando Dios nos ofrece la vida, lo único que tenemos que hacer es ponernos de pie. Lo único que tenemos que hacer es decirle sí a lo que nos pida el Señor. Lo único que tenemos que hacer es tomar la decisión de aceptar la vida nueva que nos ofrece.

30 mar. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 05:27 | No comments

En espera de la redención

Adán y Eva comieron del fruto prohibido, y así entró el pecado en la creación. Experimentaron la separación inmediata de su Hacedor y, desde ese momento, toda la creación comenzó a anhelar la redención.
Los profetas del Antiguo Testamento hablaron acerca de un Mesías que vendría. Durante siglos, los israelitas esperaron esperanzados. Sin embargo, debieron de haberse preguntado por qué Dios estaba esperando tanto tiempo, y tal vez hasta dudaron de que viniera algún día.
Pero había un panorama más grande que ellos no podían ver. Desde nuestra perspectiva, miles de años después, podemos atar cabos y entender las razones por las que Dios escogió el momento en que envió a Cristo.
Por ejemplo, cuando Alejandro Magno conquistó gran parte del mundo, extendió el griego por todo el imperio en crecimiento. Entonces, los hebreos tradujeron el Antiguo Testamento al griego. Como resultado, muchas más personas pudieron escuchar la verdad y conocer al Salvador.


Después, los romanos derrotaron a muchos pueblos y construyeron nuevas carreteras para los viajes. Las carreteras y los mares eran más seguros durante su gobierno que en épocas anteriores, por lo que fue más fácil para los discípulos de Jesús difundir el mensaje del evangelio.
Ahora vemos claramente que Dios no se retrasó —Él conocía el momento perfecto para enviar a su Hijo. De la misma manera, aunque las situaciones de nuestra vida parezcan sin sentido, recordemos que nuestro omnisciente Dios conoce el tiempo perfecto para resolverlas, y por tanto podemos confiar en Él.

Fuente:www.contacto.org


29 mar. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 05:10 | No comments

Domingo de Ramos: Nuestro humilde Rey

Normalmente, cuando los reyes de la Tierra entraban a su ciudad, lo hacían ataviados con una armadura plateada, montados en caballos blanquísimos para indicar su poder. Pero la forma como entró en Jerusalén el Rey de Dios, fue parecida a la manera cómo llegó a Belén la noche en que nació. Jesús se balanceaba sobre el lomo de un asno, demostrando humildad y paz. Es de observar, que el animal había sido tomado prestado, lo mismo que fue la primera cuna de Jesús —un pesebre.
Fue un hombre sin empleo, sin hogar, sin ejército o cualquier otra indicación visible de poder. ¿No es sorprendente que Jesús, el Creador de todas las cosas, no tuviera bienes? Antes, había pedido prestado una barca y el almuerzo de un niño. A la embarcación la utilizó como un podio para enseñar; y la comida del niño para alimentar milagrosamente a una enorme multitud hambrienta. Y antes de que terminara esta semana, su cuerpo muerto sería puesto en una tumba prestada.


Este es el tipo de rey que entró en Jerusalén el Domingo de Ramos. Su fama estaba por las nubes, quizás por su milagro más grande: la resurrección de su amigo Lázaro; por eso, cuando la multitud se enteró de que estaba llegando a Jerusalén, la emoción de la gente llegó a lo máximo.
Debido a la Pascua, más de un millón de personas se habían concentrado en la Ciudad Santa. Jesús estaba rodeado de peregrinos, algunos de los cuales extendían sus mantos en el camino, mientras que otros cortaban ramas de los árboles para colocarlas a su paso. Y al pasar, la multitud gritaba: “¡Salva ahora, Hijo de David, salva ahora!”
Jesús había rechazado todos los intentos de hacerle rey. Sin embargo, esta Pascua era muy diferente. Había dicho a sus discípulos que le buscaran un asno para su viaje a la ciudad, indicando que Él era el rey profetizado por Zacarías (9.9). A partir de ese momento, no habría vuelta atrás o retirada. Después de esta inmensa demostración pública, la élite religiosa se vería obligada a aceptarlo o a rechazarlo —a sentarlo en el trono de sus corazones o a clavarlo en una cruz.


Jesús sabía que antes de que terminara la semana soportaría el escarnio de un tribunal irregular y arbitrario, recibiría una golpiza despiadada y sería obligado a llevar una cruz por las calles de Jerusalén. Sabía que ese día no habría multitudes vitoreándolo. Pero también sabía que esta semana cambiaría al mundo, pues después de que estuviera muerto, se levantaría de la tumba.
Al pensar en Jesús montado en un asno y dirigiéndose a una muerte segura y cruel, me pregunto: ¿Qué tiene que ver conmigo el Domingo de Ramos? Entonces recuerdo las palabras: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”, aquel que dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Fil 2.5; Lc 9.23).
Tengo que seguir a Jesús a la cruz, morir a mí mismo y volver a la vida en Dios, y luego amar al mundo y cambiarlo por medio del amor y el servicio.
—Fil Anderson






26 mar. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 20:40 | No comments

El poder de la gracia
Leer | 1 Timoteo 2.1-6

Uno de los aspectos del amor de Dios que más nos enseña humildad es su deseo de que todos le conozcamos de una manera personal.
Es lamentable que tantas personas lo ignoren y prefieran dedicar más atención a los amigos, familiares, entretenimientos, deportes, trabajos, etc. Pero la buena noticia es que, no importa cuán distanciados de Él hayamos estado hasta ahora, la puerta sigue abierta para tener una relación con el Padre celestial.
Primera a Timoteo 2.4 dice que Dios “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. Notemos que el autor no dice que Dios quiere que “algunos” o cierto número de ellos le conozcan. El Señor quiere que todos los habitantes de la Tierra sean salvos. Su deseo es que ninguno perezca; antes bien, Él anhela que toda la humanidad le conozca (2 P 3.9). Y eso lo incluye a usted.


Los incrédulos miran algunas veces sus pecados, y dan por sentado que no hay manera alguna de que Dios les perdone. Pero en el momento que una persona está dispuesta a reconocer su pecado, el Señor está allí para aceptar al pecador como su hijo. No importa lo que usted haya hecho, a quien haya causado daño, o la clase de vida que haya tenido, Dios está listo y dispuesto a perdonarle.
Incluso para quienes hemos sido cristianos desde hace largo tiempo, es una lección de humildad reflexionar en la bondad de Dios. La misma gracia que nos salvó está disponible en cada paso de nuestra peregrinación de fe. Por eso, cada día, podemos seguir adelante con la certeza de que ningún pecado podrá apartarnos del amor de Dios.

Fuente:www.encontacto.org

Posted by Refrigerio Bíblico | 03:10 | No comments
Andar en el Espíritu Santo
Dr. Charles Stanley

Fuente:www;youtube.com


Posted by Refrigerio Bíblico | 02:40 | No comments
Dr. John MacArthur 


Posted by Refrigerio Bíblico | 02:15 | No comments
El Espíritu Santo: Lo absoluto
Leer | Lucas 24.36-49


La salvación se produce cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo como nuestro Salvador. Él nos perdona, nos transforma y nos ve como justos. En ese momento, somos redimidos, y a medida que pase el tiempo, nuestro servicio, nuestros dones y nuestro amor a Dios aumentarán de manera natural.
Lamentablemente, muchos cristianos van a la iglesia semana tras semana sin fe ni pasión por Cristo. ¿Cómo es posible eso? La razón es que muchos creyentes no están conscientes de la obra del Espíritu de Dios.
El Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad y coigual con Dios el Padre y Dios el Hijo. El primer capítulo de la Biblia nos dice que Él existía antes de la formación de la Tierra, y que participó en la creación (Gn 1.2, 26). Hoy, Él tiene el importantísimo papel de ayudar y orientar a todos los creyentes.


El Espíritu Santo es un regalo a cada hijo de Dios. Su presencia en nosotros no es algo que tengamos que ganar. Por el contrario, es un privilegio maravilloso; por morar en nuestro corazón, Él puede fortalecer al creyente, mantenerlo alejado del peligro y dirigirlo a la verdad (Jn 16.7, 8). La Biblia nos dice que Jesucristo vino a este mundo para que tengamos vida abundante (10.10). Esto es posible solo cuando escuchamos su Espíritu, y le obedecemos.
Esto no se refiere a disfrutar de una vida feliz sin problemas, sino de disfrutar del gozo que reina en el corazón cuando se tiene una relación personal con Dios. Si usted no conoce este gozo, piense en la compresión que tiene del Espíritu Santo, y ore para estar en sintonía con su dirección.

Fuente:www.encontacto.org

Posted by Refrigerio Bíblico | 01:48 | No comments
El despliegue total de la gracia
Dr. Charles Stanley
Fuente:youtube.com



25 mar. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 18:09 | No comments
Aborrecido sin causa 1ª Parte
Dr. John MacArthur



Posted by Refrigerio Bíblico | 16:42 | No comments

Cuando otros nos fallan
Leer | 2 Timoteo 4.9-16


El apóstol Pablo conocía el valor de los buenos amigos: Silas se asoció con él en la plantación de nuevas iglesias; Bernabé lo animó en su ministerio; y Timoteo llegó a ser como un hijo para él. Pablo también conoció el dolor cuando sus colegas de ministerio no estuvieron a su lado en momentos difíciles (2 Ti 1.15). De manera que todos podemos pasar por algo parecido en la vida.
Las personas tendrán reacciones diferentes ante nuestras luchas. Algunas se sentirán incompetentes y evitarán ayudarnos, porque no están seguras de qué decir o hacer. Otras son tan celosas de su tiempo que su egoísmo les hará darnos la espalda. Y, a veces, nuestros amigos no querrán involucrarse en nuestras pruebas. En mis primeros días como pastor me sucedió lo mismo cuando la iglesia estaba pasando por un período de turbulencia. Solo dos pastores se acercaron a mí para darme su apoyo; otros se distanciaron. Esta experiencia me enseñó la importancia de ofrecer ayuda en momentos de crisis.


Ayudar a otros requiere una inversión de tiempo y energías. Podemos comenzar orando por ellos y preguntando al Señor cómo podemos ayudar. Él puede capacitarnos para dar apoyo emocional, orientación espiritual, ayuda física o económica, o conseguir a otros que puedan hacer estas cosas. Estar al lado de ellos les alentará.
Cuando los amigos abandonaron a Pablo, él pidió a Dios que eso no les fuera tomado en cuenta (4.16). Siguió el ejemplo de Jesús, quien pidió al Padre, que perdonara a quienes lo enjuiciaron. ¿Cómo reacciona usted cuando sus amigos le fallan? El perdón es la opción que agrada a Dios.
Fuente:www.encontacto.org

Posted by Refrigerio Bíblico | 10:15 | No comments

El compromiso de obedecer

Hace algunos años, me comprometí a obedecer al Señor sin importar el costo. Como todo el mundo, he cometido errores, pero mi determinación de obedecer a Cristo nunca ha cambiado.
Todos enfrentaremos momentos en los que habrá un conflicto entre las cosas de Dios, y las que otros pedirán de nosotros. Tal vez el jefe nos diga que demos una información falsa a los clientes en cuanto a un producto de la compañía. O un amigo pueda presionarnos para que participemos con él en algo incorrecto. O algún miembro de la familia pueda pedirnos que mintamos para protegerle. Negarnos a esas cosas puede ocasionarnos alguna pérdida, el rechazo o incluso el fin de una relación. Pero, por el otro lado, aceptarlas puede dañar nuestro testimonio.
Daniel experimentó ese dilema. Él y sus tres amigos tenían la opción de comer lo prohibido para no enfrentar la ira del rey, la prisión o incluso la muerte. Sin embargo, Daniel demostró gran valentía cuando propuso un plan diferente (Dn 1.12). Sus palabras y sus acciones demostraron su fidelidad al Señor.


El Señor premió a Daniel y sus amigos por su fe y su compromiso (v. 17). A pesar de sus circunstancias adversas, los cuatro hombres tuvieron confianza en la soberana protección del Señor.
La decisión de Daniel dio como resultado el favor del rey. La obediencia del Señor Jesús lo llevó a la cruz y a la glorificación. La confianza de Pablo en Cristo redundó en dificultades. Cuando obedecemos, las consecuencias pueden variar, pero hay algo que nunca cambia: la obediencia glorifica a nuestro Padre celestial, y eso le agrada.
Fuente:www.encontacto.org


24 mar. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 05:30 | No comments

Pescadores de hombres

Dr. John Macthur


Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. (Mateo 4:19)

Los pescadores del primer siglo usaban instrumentos especiales para pescar. Uno era la vara y el anzuelo (Mt. 17:27). Otro era una lanza o posiblemente un tipo de arpón (Job 41:26). Un tercero era la red (Mt. 13:47). Esta a veces tenía más de trescientos pies de largo unos ocho pies de ancho. Los pescadores la mantenían a flote por un extremo con corchos y hundían el otro extremo. A veces extendían la red entre dos botes y remaban en círculo. Luego tiraban de las sogas atadas a la parte superior de la red, terminando el proceso de pesca (Jn. 21:6).



Sin embargo, en el versículo de hoy Jesús se refería a una red que tenía forma circular (de unos quince pies de diámetro) hecha de una malla fina y con plomadas por la orilla. Atando un largo cordel al centro de la red, el pescador podía lanzarla al agua. Luego halaba el centro de la red con la cuerda para asegurar la pesca.

Así como los discípulos pescaron almas dentro del círculo de su red de aquella época, el Señor quiere que sus discípulos de nuestro tiempo evangelicemos a los hombres y a las mujeres que nos rodean.

Fuente:www.gracia.org


23 mar. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 11:33 | No comments

Sed llenos del Espíritu, 1ª Parte 
Dr. John MacArthur


Posted by Refrigerio Bíblico | 07:18 | No comments

Los dones espirituales
Dr. Armando Alducin
Fuente:www.yputube.com





Posted by Refrigerio Bíblico | 05:59 | No comments


 Cuando no entendemos la voluntad de Dios
Dr. Charles Stanley

Fuente:youtube.com





Posted by Refrigerio Bíblico | 05:20 | No comments

El problema del orgullo 
Leer | 1 Samuel 13.1-14

El orgullo es una condición de toda la humanidad. La pobreza no nos protegerá de él. Tampoco la edad, las habilidades o la experiencia.

Pensemos en Saúl, a quien el profeta Samuel reveló que era el líder que Dios había escogido para la nación de Israel. La Biblia describe a Saúl como un joven impresionante y apuesto, sin igual entre los hijos de Israel (1 S 9.2). En su nueva posición, Saúl debía obedecer las instrucciones del Señor para ese rol. Recibió la promesa de que el Espíritu Santo vendría sobre él, y que le daría su poderosa ayuda (10. 6, 7).

Nuestro Padre celestial nos trata de una manera parecida. Nos ha escogido para pertenecer a su familia, tiene un plan para nuestra vida y un trabajo especial para que desempeñemos (Ef 2.10). El Espíritu Santo habita dentro de nosotros para guiarnos y capacitarnos, de modo que llevemos a cabo los planes del Señor,  pero a nosotros nos corresponde obedecer.





Para tener éxito, Saúl necesitaba recordar varias cosas. Primero, su autoridad venía de Dios. Además, sus responsabilidades incluían dar cumplimiento al plan del Señor, obedecerlo y guiar al pueblo con su ejemplo. Como muchos de nosotros hoy, Saúl actuó como si el control fuera de él, no del Señor. Permitió que la presión de la situación tuviera prioridad sobre la obediencia. Por su orgullo, violó la ley de Dios, y ejerció responsabilidades sacerdotales que no le correspondían.

Nuestro Padre celestial quiere ocuparse de nuestro orgullo al hacer que nos humillemos delante de Él, confesemos nuestro pecado, y busquemos su ayuda para vencerlo.

Fuente:www.encontacto.org





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