1 ene. 2015

Posted by Refrigerio Bíblico | 09:59 | No comments
El mayor regalo de todos
Dr. Charles Stanley

No hay nada como el feliz desorden de la mañana de la Navidad. Los niños se apresuran a romper el papel con que están envueltos los regalos para encontrar exactamente lo que querían. Pero la verdadera alegría viene de la exploración y el uso de las cosas que se les dio. ¡Qué raro sería que un niño decidiera guardar el regalo sin desenvolverlo! Pero así es como muchos cristianos tratan el invalorable regalo de la salvación. Lo aceptan, pero nunca se molestan en explorar todas las riquezas que están a disposición de ellos.

La vida eterna es el bien más preciado que cualquier persona puede recibir. Gracias a su inmenso amor, el Padre celestial ofrece este regalo a todos los que quieran aceptarlo por medio de la fe en su Hijo Jesucristo. A diferencia de todos los regalos terrenales que acumulamos, y que finalmente dejaremos de utilizar, éste dura para siempre. Por tanto, desenvolvamos este regalo para ver qué hay dentro.

En primer lugar, Dios nos dio lo que era más precioso para Él: su amado Hijo. En aquella primera Navidad, los ángeles anunciaron que había nacido un Salvador (Lc 2.11). Para librarnos de la separación eterna de Dios, el Señor Jesucristo vino a vivir una vida perfecta y a morir en la cruz en nuestro lugar. Ahora, todos los que ponen su fe en Él reciben perdón en vez de condenación.
El mayor regalo de todos
Pero no se trata solo de este regalo maravilloso. Uno de los beneficios de la salvación es una relación personal con Dios. Gracias al sacrificio de Cristo, somos aceptados y tenemos acceso inmediato al Padre. Ahora tenemos la libertad de “[acercarnos . . .] con confianza al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (He 4.16). Incluso, cuando fallamos, nuestra comunión puede ser restaurada si confesamos nuestros pecados (1 Jn 1. 9).
Posiblemente, el aspecto más increíble de nuestra salvación es el Espíritu Santo, quien vive dentro de cada creyente. Él nos recuerda las enseñanzas de Cristo, y nos capacita para llevar a cabo su voluntad (Jn 14.16, 1726).
Me gustaría animarle a explorar su regalo de salvación en esta temporada de Navidad y durante todo el próximo año. Y que, al descubrir las riquezas de ese tesoro, su corazón desborde de alabanza y de gratitud por todo lo que Dios le ha dado.


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