5 nov. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 22:01 | No comments
El plan ideal para tener paz

El Día de Acción de Gracias marca el comienzo del estrés de las festividades. ¿Qué podemos hacer para que eso cambie?

por Charles F. Stanley

El Día de Acción de Gracias es uno de los días de fiesta más placenteros del calendario, pero también puede ser una ocasión para que nos ataque la ansiedad. Junto con la alegría y la risa de las reuniones familiares, viene el estrés del viaje y de los problemas con los familiares. Incluso el aspecto central de nuestra celebración —la mesa de Acción de Gracias— puede ser una fuente de tensión para quienes tienen que preparar la comida que llena esa mesa.
Por otra parte, la temporada de Navidad comienza más temprano cada año, y a menudo eclipsa al Día de Acción de Gracias. En vez de ser un día especial para expresar nuestra gratitud a Dios por todo su cuidado y sus bendiciones, el Día de Acción de Gracias se ha convertido en el arranque de la temporada festiva y de las agendas sobrecargadas, de las preocupaciones económicas y de la frustración generalizada que acompaña al Adviento —las cuatro semanas que preceden a la Navidad.
Así que, este es el momento perfecto para pensar en cómo podemos mantener un estilo de vida libre de ansiedad durante las semanas que se avecinan. Ahora bien, no estoy diciendo que no sentiremos presión en algunos momentos, pero sí que es importante recordar que Dios no quiere que el estrés sea nuestro compañero constante. Tenemos que aprender a vencer la preocupación en el momento que se presente, y evitar que se convierta en un estilo de vida.
El maestro más competente para enseñarnos esta lección es el apóstol Pablo. Mientras se encontraba encerrado en una prisión romana, escribió: “He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación que me encuentre” (Fil 4.11 NVI). En realidad, él estaba más que satisfecho; se regocijaba grandemente en el Señor (v. 10). ¿Cuál era su secreto? ¿Cómo podía tener paz en una situación tan difícil? La respuesta se encuentra en los versículos precedentes.
Orar correctamente
Pablo comienza diciendo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil 4. 6). El remedio del Señor para el estrés es la oración; traer toda preocupación a Él, no importa qué tan grande o pequeña sea. En una frase, Pablo nos da el plan ideal para tener paz, con tres sencillas palabras: oración, ruego y acción de gracias.
El plan ideal para tener paz
La palabra oración es una expresión común para referirse a hablar con el Padre celestial. Sin embargo, no significa solo comunicarle nuestras necesidades. Es un término relacional que incluye veneración, devoción y adoración. Dios quiere responder nuestras peticiones, pero su mayor deseo es crear una relación íntima con cada uno de nosotros. Por eso, en vez de enumerar de inmediato nuestras peticiones, debemos dedicar tiempo para alabarlo, reconociendo nuestra necesidad de Él, regocijándonos en su amor incondicional, y amándolo tanto como Él nos ama.
La siguiente palabra que Pablo utiliza es ruego. Esto transmite la idea de que no solamente debemos decirle a Dios nuestras circunstancias, sino también derramar nuestros corazones delante de Él. Compartir nuestros sentimientos con el Señor es esencial si queremos cultivar una relación que vaya más allá del conocimiento intelectual. Él se compadece de nuestras aflicciones, confusiones, temores y frustraciones. El Señor quiere darnos más que una solución a nuestro problema; el desea darnos consuelo y seguridad en medio de nuestras dificultades.
Finalmente, Pablo nos exhorta a orar con acción de gracias. La gratitud es capaz de reorientar nuestra mente. En vez de estar pensando en nuestras dificultades, y preguntándonos cuándo va Dios a responder nuestras oraciones, nos acordaremos de su fidelidad del pasado, para confiarle nuestras necesidades presentes. Como un acto de fe, en realidad, podemos empezar dándole gracias, incluso antes de tener las respuestas.
Pensar correctamente
Como hemos visto, la oración debe ser nuestra respuesta inmediata a la ansiedad, pero para mantener la paz de espíritu también se necesita pensar correctamente. Es por eso que Pablo dice que debemos pensar en lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable, de buen nombre y digno de alabanza (v. 8).
Puesto que es Dios quien personifica todas estas cualidades, una manera de transformar nuestra manera de pensar es ver las actividades cotidianas a través del lente de nuestra relación con Cristo. Por ejemplo, al ver usted todo lo que tiene que hacer en el día, piense en qué quiere Dios que usted logre. Si anticipa una situación difícil, pídale al Señor que le muestre cómo responder. Si comienza a preocuparse o a ponerse irascible, ore inmediatamente; pídale a Dios que le ayude a conducirse de la manera que le honre a Él.
Tener la mente centrada en Dios es la clave para conservar un espíritu tranquilo en medio de las tensiones de cada día, y también en tiempos de crisis. Cuando mantenemos nuestro enfoque en Él, la promesa de Isaías 26.3 se vuelve nuestra: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.
El plan ideal para tener paz
Vivir correctamente
Pablo concluye sus instrucciones para mantener la paz interior, diciendo a los creyentes cómo ponerlas en práctica (Fil 4. 9). Pero, ¿cómo lo hacemos? Es sencillo. Viviendo en obediencia a Dios. Ahora bien, esto no quiere decir que vamos a ser perfectos. Pero sí que, cuando tropecemos, debemos acudir rápidamente al Señor con confesión y arrepentimiento, y reajustar nuestras vidas de acuerdo con su voluntad. Pablo dice que si lo hacemos, “el Dios de la paz estará con vosotros” (v. 9).
Hay ciertas ventajas al haber vivido como lo he hecho durante muchos años. Por ejemplo, no solamente sé que esta es una verdad bíblica; sino además la he experimentado. Una vez, después de una conversación telefónica muy preocupante, recuerdo que le dije a Dios: “Has estado a cargo de mi vida todos estos años, y sé que en este momento estás en control de esta aterradora circunstancia”. Yo debía haber estado agitado de ansiedad, pero el Señor me cubrió con su maravillosa e incomprensible paz porque estaba sometido a Él. A pesar de que la situación siguió siendo turbulenta, mi corazón estaba en paz en medio de la tormenta.
Elija la paz
Sé que, a veces, puede parecer que somos víctimas de este mundo tan estresante, pero, en realidad, todo cristiano puede elegir vivir con paz, y no bajo una carga de ansiedad. Si dejamos que el desasosiego gobierne nuestro corazón, nuestro sueño, concentración, productividad, alegría y salud serán afectados. En cambio, cuando Cristo, el Príncipe de Paz, tiene total autoridad sobre nuestras vidas, Él guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos creando un muro de protección contra la intranquilidad (v. 7).
El estrés puede destrozarnos mental, emocional, física y espiritualmente, pero la paz de Dios nos mantendrá siempre cohesionados para restaurarnos. Y aunque no podemos controlar muchas de las situaciones estresantes de nuestra vida, sí podemos decidir a qué Señor serviremos.

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