1 oct. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 16:05 | No comments

Uno en esencia
La lucha de la iglesia primitiva por la doctrina de la Trinidad

por James Cain

Hubo un tiempo cuando el Hijo no fue tal”. A comienzos del siglo IV, un joven sacerdote de Alejandría llamado Arrio comenzó a usar estas palabras para enseñar que Dios Hijo y Dios Padre no eran iguales. El Padre fue el Creador, decía, y el Hijo su primera y más grande creación, lo cual era una tácita negación de la Trinidad.

Arrio ganó adeptos rápidamente, debido en parte a que sus ideas parecían lógicas para la mentalidad griega adoptada por los romanos de ese tiempo. Pronto la todavía joven iglesia comenzó a dividirse en partidarios y opositores de Arrio, hasta que el emperador Constantino reunió a los líderes de la iglesia para resolver el conflicto.

Cuando la enseñanza de Arrio comenzó a dividir la iglesia en Alejandría, el emperador instó a los obispos de allí a resolver el problema a nivel local. Pero, cuando eso pareció imposible, Constantino envió por ellos, pidiendo a todos los líderes de la iglesia que se reunieran en Nicea —o la actual Iznik, en Turquía— para responder la pregunta arriana: ¿Es el Hijo semejante al Padre?

A pesar de que fueron invitados más de 1.800 obispos, solo 318 de ellos vinieron a la ciudad. El historiador, Teodoreto, basándose en relatos de testigos oculares, dijo que los obispos parecían “un ejército de mártires ensamblados”. Los hombres eran veteranos del largo ataque del imperio al cristianismo: algunos habían perdido los ojos o las extremidades, y casi todos llevaban las “marcas de Cristo” como resultado de las persecuciones que enfrentaron bajo los antecesores de Constantino.

La asamblea no perdió tiempo para condenar los puntos de vista de Arrio. El concilio elaboró una declaración de fe que rechazaba la herejía arriana y protegía contra cualquier futura doctrina equivocada en cuanto a la identidad del Hijo y a su papel dentro de la Trinidad. Las importantes frases que siguen a continuación fueron insertadas en un texto bautismal que ya existía, más sencillo, formando lo que conocemos hoy como el Credo de Nicea*.

“Unigénito”—Indicando la especial y eterna relación del Hijo con el Padre.

“Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero”—Afirma la naturaleza eterna del Hijo, compartida con el Padre.

“Engendrado, no creado”—Refuta explícitamente la doctrina central del arrianismo, de que el Hijo fue creación del Padre.

“Consustancial con el Padre”—Esta frase es la traducción de la palabra griega homoousious. El Hijo comparte la misma esencia del Padre, y no fue creado de la nada junto con el resto de la creación.

El concilio terminó un mes después de su inicio. Todos los obispos, con excepción de cinco de ellos, ratificaron el nuevo credo, y los que se opusieron, junto con Arrio, fueron exiliados. Los vencedores habían peleado y ganado una importante batalla en favor de la fe cristiana.

Una declaración de doctrina cristiana bastante simple, el credo —el cual sería aclarado más en los años siguientes— marcó la pauta para los futuros concilios, que purificarían más la teología cristiana, y la defenderían de sus enemigos.

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