2 sep. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 05:48 | No comments
Un analisis al sermón del monte
Dr. Félix Muñoz
Leer: Mateo 5:1-12

No es accidente que el sermón del monte este situado casi al comienzo del NT. Su posición indica su importancia. En él, el Rey  explica el carácter y la conducta que se espera de sus súbditos. 

Este sermón no es una presentación del plan de salvación, ni su enseñanza se dirige a personas no-conversas fue dirigido a los discípulos (5:1-2) y su intención era ser la constitución, o sistema de leyes y principios, que debía gobernar a los súbditos del Rey en su reinado. Se dirigía a todos –entonces, en nuestro presente y en el futuro- que reconocen a Cristo como Rey. Cuando Cristo estaba en la tierra, era de aplicación directa a sus discípulos. Ahora, mientras nuestro Señor reina en el cielo, es de aplicación a todos los que le coronan Rey en sus corazones. Finalmente, será el código de conducta de los seguidores de Cristo durante tribulación y durante su reinado.

El sermón tiene un sabor distintivo judío, como se ve en alusiones al sanedrín en (5:22), al altar en (5:23-24) y a Jerusalén (5:35). Pero sería erróneo decir que la enseñanza es exclusivamente para los israelitas creyentes en el pasado o en el futuro. Es para todos los que en cualquier época reconocen a Jesucristo como Rey.

El sermón comienza con las bienaventuranzas o bendiciones. Las bendiciones exponen al ciudadano ideal del reino de Cristo. Las cualidades descritas y aprobadas por Dios son las contrarias a las que el mundo aprecia y establece.

Su primera bendición la pronuncia sobre los pobres en espíritu.  Esto no se refiere a una disposición natural, sino a la propia elección y disciplina de uno. Los pobres en el espíritu son los que reconocen su propia impotencia y recurren a la omnipotencia de Dios. Sienten una necesidad espiritual y encuentran que el Señor la satisface. El reino de los cielos, donde de nada vale la propia suficiencia y donde la propia exaltación es basura, pertenece a tales personas. 

Los afligidos son bendecidos; les espera un día de consolación. Esto no se refiere a la aflicción debido a las vicisitudes de la vida. Es la aflicción que uno experimenta debido a la comunión con el Señor.  Es un compartir activo del dolor del mundo debido al pecado, por tanto, incluye el dolor no solo por el pecado, sino también por la espantosa condición que el mismo pecado causa, rehusando así al salvador y su misericordia.  Estos afligidos recibirán consolación en el día venidero cuando (Ap. 21:4). Los creyentes tienen toda su aflicción en esta vida; para los incrédulos, el dolor de ahora es solo un anticipo del dolor eterno. 

Cristo menciona aquí a los mansos o apacibles, porque ellos recibirán la tierra por heredad. De natural, estas personas podrían ser impulsivas, temperamentalmente y gruñonas. Pero al asumir de voluntad propia el Espíritu de Cristo, se tornan apacibles o gentiles (Mt 11:29) la apacibilidad implica la aceptación de la humilde posición que uno tenga. El apacible es gentil y apacible en su propia causa, aunque pueda ser un león en la causa de Dios o en la defensa de otro. Los apacibles no reciben la tierra por heredad ahora. Más bien lo que heredan es oprobio y desposesión. Pero un día, y de manera literal, recibirán la tierra cuando Cristo el rey, reine durante mil años (Ap. 20:1-6).

A continuación se pronuncia una bendición sobre los que tienen hambre y sed de justicia: se les promete que serán saciados. Estas personas tienen una posición de justicia en sus vidas; anhelan ver honradez, integridad y rectitud en los demás, esperan ver una santidad práctica en la Iglesia. Estas personas quedaran eternamente satisfechas en el reino venidero de Cristo: serán saciados,  porque la justicia reinará y la corrupción dará paso a las normas morales elevadas del reino de los cielos.

En el reino de nuestro Señor Jesucristo, los misericordiosos son bienaventurados...porque ellos alcanzarán misericordia. Ser misericordioso significa ser activamente compasivo. En cierto sentido, es refrenarse de castigar a los ofensores que lo merecen. En un sentido más amplio significa ayudar a otros necesitados que no pueden valerse por sí mismos. Dios mostro misericordia al excluir al creyente del juicio & castigo que merecía. Y mostro su bondad para con nosotros por medio de la obra salvadora de Jesucristo en la cruz. Le imitamos a Cristo cuando tomamos esa acción. Los misericordiosos alcanzarán misericordia. Aquí Jesús  no se está refiriendo a la misericordia de la salvación que Dios da al pecador que cree; aquella misericordia no depende que uno sea misericordioso: es un don gratuito, incondicional. Más bien, el Señor se refiere a la misericordia necesaria para la vida cristiana y a la misericordia en el día futuro en el cual las obras de cada uno serán revisadas (1 Cor 3:12-15). 

Los de corazón limpio reciben la certidumbre que verán a Dios. El de corazón limpio es aquel cuyos motivos no son mezclados, que tiene pensamientos santos y la conciencia limpia (1 Tim 1:5). La expresión verán a Dios se puede entender de varias maneras:

1. Los de limpio corazón ven a Dios ahora por medio de la comunión en la Palabra y el Espíritu Santo. 
2. A veces tienen una aparición o visión sobrenatural del Señor. 
3. Verán a Dios en la persona de Jesús cuando el vuelva. 
4. Verán a Dios en la eternidad.

Hay una bendición sobre los pacificadores,…ellos serán llamados hijos de Dios. Observemos que el Señor no se está refiriendo a personas con disposición pacifica  o que les gusta la paz. Se refiere a aquellos que intervienen activamente para hacer la paz. Lo natural es contemplar los conflictos desde un lugar seguro. La aproximación divina es tomar una acción positiva para alcanzar paz, incluso si esto significa recibir injurias y descalificaciones. 

Los pacificadores son llamados hijos de Dios.  No es así que llegan a ser hijos de Dios: esto solo puede ser recibido por medio de Jesucristo como salvador (Jn 1:12). Al hacer la paz, los creyentes se manifiestan como hijos de Dios, y Dios un día los recompensará como personas que reflejan el parecido familiar, es decir la vida de Cristo en ellos (Gal 5:22-23).

La siguiente bendición trata de aquellos que padecen persecución no por sus propias malas acciones, sino por causa de la justicia. A estos creyentes que sufren por hacer lo recto se les promete el reino de los cielos. Su integridad condena al mundo impío y desencadena su hostilidad. La gente odia una vida recta por que denuncia su propia injusticia. 

La última bienaventuranza parece ser una repetición de la precedente. Hay, sin embargo, una diferencia. En el verso anterior la persecución era por causa de la justicia, ahora en este verso la persecución es por causa de Cristo. El Señor sabía que sus discípulos  serian maltratados y perseguidos por su lealtad a Él. La historia lo ha confirmado. Desde el comienzo, el mundo ha perseguido, encarcelado y dado muerte a seguidores de Dios (Heb 11:36-38). 

Sufrir por causa de Cristo es un privilegio que debería ser causa de gozo. Grande es el galardón que espera a los que así vienen a ser compañeros de los profetas  en las tribulaciones. Aquellos portavoces de Dios en el AT se mantuvieron fieles a pesar de la persecución. Todos los que imitan su leal valor compartirán su presente entusiasmo  y futura exaltación. 

Las bienaventuranzas presentan un retrato del ciudadano ideal en el reino de Cristo. Observemos: rectitud o justicia (v.6), la paz (v.9) y el gozo (v.12). Es probable que Pablo tuviese este pasaje en mente cuando escribió: <<porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo>> (Rom 14:17). 

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