17 sep. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 06:11 | No comments
Nuestro Padre sabe qué es lo mejor, ¿o no?

Aprendamos a dejar que Dios escriba la historia de nuestras vidas                                               
por Cheryl McKay

Cuando escribí estas palabras en mi diario, no tenía ni la más mínima idea de que más de quince años después seguiría esperando una respuesta. No tenía ni idea de que todavía estaría aceptando el reto de decir: "Señor, tú sabes qué es lo mejor".

Ahora bien, si yo estuviera escribiendo mi propia "historia de amor", me habría casado poco después de cumplir los veinte años, y tendría al menos dos hijos en este momento. Pero, obviamente, ese no era el plan de Dios para mi vida.

Para aquellas de ustedes que, como yo, no están aún casadas pero quisieran estarlo algún día, les sugiero que consideren estas preguntas. ¿Qué harías si Dios se te presentara en persona y te pidiera que le dejaras el control de tu historia? ¿Si te pidieras que le entregaras tu pluma a Él? La que usas para escribir tu versión de cómo crees que debería desarrollarse tu historia. ¿Necesitarías saber exactamente lo que Dios tiene en mente antes de que le entregaras tu historia a Él?

Y si es así, ¿qué harías si la respuesta de Él fuera "no", "no en este momento", o, "tienes que esperar quince años más"? ¿Seguirías creyendo que Él sabe qué es lo mejor para tu vida?

La verdadera pregunta es: ¿Puedes confiarle a Dios ese aspecto de tu vida?

Querido Dios: Bendice, por favor, lo que quiero, en este momento.

Aunque no sé si todas las mujeres que queremos casarnos lo haremos, todas podemos estar seguras de que al final de cuentas, Dios es realmente digno de nuestra confianza. Ahora sé que prefiero estar soltera que mal casada, por haberme cansado de esperar en el Señor. A menudo, cuando decidimos que estamos ya hartas de esperar que Él nos muestre lo que quiere, nos lanzamos a lo que se nos presente, creyendo que es lo mejor (y que muchas veces es todo lo contrario), para después pedirle que bendiga lo que hicimos. 
Puede llegar a ser muy fácil convencernos de que Dios dispuso cierta relación para nosotras, cuando lo que Él tenía en mente no podía estar más lejos de eso. Podemos sentirnos maravillosamente bien por un tiempo, pero al final las consecuencias pueden ser graves para toda la vida. (Tengo más de una amiga que se casó con alguien que no compartía su fe, y ahora conocen por experiencia propia la razón por la cual la Biblia nos exhorta a no hacerlo). ¿Has tratado de "ayudar a Dios"? Él no necesita de nuestra ayuda, como tampoco necesitó de la ayuda de Abraham y Sara para hacer realidad la historia del "heredero prometido". Aunque tengo que decir que entiendo por qué Sara se rió luego que el Señor les dijo que por fin iba a quedar embarazada y tener un hijo al cabo de un año. Oh, claro, Señor. ¿Ahora que tengo 90 años es cuando vas a bendecirme con lo que he querido siempre?

Algo que podemos aprender de esta historia es que Dios realmente cumplió. Es verdad que tuvieron que esperar muchos años, pero Él les dio el hijo prometido, Isaac. No quiero creer la mentira de que no se puede confiar en Dios, simplemente porque, hasta ahora, el matrimonio no ha sido parte de mi vida.

Querido Dios, ¿qué estás tratando de darme, en este momento?

Entonces, ¿cuál es nuestro papel en esta historia? ¿Cómo podemos discernir qué acciones quiere, en realidad, el Señor que tomemos? Si creemos que Él está activo e involucrado en nuestras vidas y afectos, para comunicarse con nosotras, no podemos dejar de pedirle dirección en cuanto a su voluntad en este aspecto. Si nos dedicamos de todo corazón a crear una relación y una comunicación íntima y sincera con Él, veremos cómo nos enseña ahora mismo la manera en que debemos amar, y aceptar el amor que Él nos ofrece, para que podamos recibirlo. Ahora mismo tenemos también la oportunidad de aprender que Dios es suficiente para llenar cualquier vacío, con o sin un esposo, no importa qué tan grande o tan pequeño sea ese vacío. Cuando se trata de satisfacer todas nuestras necesidades, Él supera a cualquier persona que pudiéramos encontrar, y eso no cambiaría aunque estuviéramos casadas. 
Pero, para las cosas prácticas y tangibles necesitamos manos y pies humanos que nos ayuden, y Él puede proporcionar la comunidad idónea para llenar esos vacíos, si estamos dispuestas a ser parte de una de ellas. Hace poco tuvo una cirugía del pie, que sabía que me haría dependiente de los demás, imagínate estar recién operada, viviendo sola y ¡sin poder conducir tu automóvil por dos meses! Tenía miedo de arreglármelas por mí misma; mi familia vive a casi 9.000 kilómetros de distancia, y no estaba segura de poder tener la ayuda suficiente. Hasta le dije a una amiga: "Recuérdame que me asegure de estar casada la próxima vez que tenga que someterme a una cirugía". Me había convencido a mí misma de que tener a alguien obligado (al menos por una promesa solemne) a cuidar de mí, haría que el proceso fuera menos difícil, que si tuviera que vivirlo "sola". Pero la realidad fue muy diferente durante mi recuperación.

Durante la primera semana, no pude cocinar, hacer compras de comida, lavar ropa, lavarme el cabello —prácticamente nada. Necesitaba que otras personas me llevaran al hospital, y que me compraran la comida en el supermercado. Además, necesitaba en verdad tener compañía y oración. Pero tengo que reconocer que el Señor me ayudó por medio de amigas (tanto casadas como solteras) de una manera maravillosa. No importó que no tuviera un esposo que me ayudara en ese tiempo. Cuando le hacía saber a mis amigos acerca de mis necesidades, veía el amor desbordante de tantas personas que querían de verdad ayudarme.

Hubo una tarde en que una de mis amigas tuvo que cancelar su visita. Así que yo no sabía como iba a poder alimentarme. Sintiéndome impotente, tomé unas muletas para llegar a la nevera y tratar de sacar algo sin caerme, pero no pude mantenerme en pie. Frustrada, oré diciendo: "¡Ayúdame, Señor!". Justo en ese momento, alguien llamó a la puerta. Era una vecina a quien le había hablado hacía poco de mi situación, y que traía una comida caliente cocinada en casa, suficiente para almorzar y cenar.

Comprendí que aun en esas situaciones que parecen acentuar de manera particular nuestra soltería, Dios está allí, ofreciéndonos toda la gracia que necesitamos —si queremos recibirla. También me recordó que debía mantener abiertos mis ojos a las necesidades de otras personas solteras que necesiten ayuda. Recuerda que decir simplemente que orarás por alguien que está pasando por una prueba, no es suficiente.

Es verdad que esperar nunca es fácil, especialmente porque los planes finales de Dios son un enigma, y nunca pueden adivinarse. Rendir a Dios el control es una decisión diaria, no algo que se hace una sola vez. Pero esperar con Él es mucho, mucho mejor que estar fuera de su voluntad. Es posible no sentirlo así cuando la tentación de escribir nuestra propia historia es tan fuerte. Pero he aprendido que buscar solamente su sello de aprobación a lo que queremos y cuando lo queremos, nunca produce beneficios, aunque se tenga una satisfacción temporal. No importa lo que Dios decida hacer con mi vida en cualquier aspecto que le rinda, pues he llegado a entender que no importa cómo me sienta al comienzo, mi perfecto Padre celestial realmente sabe qué es lo mejor para mí.

Regalos que Dios te está dando ahora mismo

A veces, es fácil concentrarnos en lo que no tenemos en la vida, y sentir como si Dios nos estuviera negando las cosas. Pero cuando caemos en esa trampa, nos cegamos a las cosas maravillosas que Él nos está ofreciendo, y por medio de las cuales quiere transformar nuestra vida. He aquí algunas verdades que pueden ayudarnos a encontrar una esperanza nueva en esos momentos de insatisfacción:
  1. Dios te busca cada día.
  2. Dios está siempre dispuesto a escucharte.
  3. Dios está esperando hablar contigo y mostrarte su amor.
  4. Dios siempre ha tenido planes para ti, y tiene un propósito para tu vida ahora mismo.
  5. Dios te entenderá siempre mejor que cualquier otra persona.
  6. Dios siempre ve en ti a la persona que Él creó según su propósito, y está orgulloso de ti no importa lo que hagas o dejes de hacer.
  7. Dios conoce tu dolor y se preocupa profundamente por ti.
  8. Dios está siempre contigo y nunca te olvidará.
  9. Dios siempre quiere lo mejor para ti.
  10. Dios es siempre tu verdadero proveedor. Dios está deseando siempre mostrarte cómo:
  11. Conocerle y saber quién es Él realmente.
  12. Darle prioridad a Él en todo, no importa lo que esté compitiendo por tener tu corazón.
  13. Permitirte recibir amor.
  14. Amar incondicionalmente, no importa lo que sientas.
  15. Ser una amiga fiel, leal y consagrada.
  16. Conocer el gozo de servir a los demás, y dejar que otros te sirvan a ti.
  17. Aprender a tener una excelente comunicación en cualquier relación.
  18. Manejar tu enojo.
  19. Perdonar de verdad, y recibir perdón.
  20. Buscar su dirección y reconocer su voz.
  21. Confiar sinceramente en Él y en su amor.

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