18 sep. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 04:08 | No comments

No hay riesgo demasiado grande
Cómo experimentar la aventura que Dios se ha propuesto para usted.

por Charles F. Stanley

En un invierno, cuando visitaba a mi hija y su familia en Oregón, me hablaron de un lugar excelente para andar en trineo. Sin embargo, al llegar, descubrimos que no había trineos —únicamente deslizadores inflables. En ese tiempo, mi nieto Jonathan tenía solo tres años de edad, por lo que le propuse que se lanzara conmigo. Me senté en una de las llantas, y le dije: “Abuelo cuidará de ti”.
Miró hacia abajo desde la larga y empinada colina, y luego a toda la gente que gritaba mientras se deslizaban. Parecía que todo el mundo se estaba divirtiendo, pero también se veían asustados porque iban muy rápido. Jonathan hizo una pausa para pensar en el asunto. ¿Iba a confiar en mí para que nos deslizáramos sin ningún peligro? Finalmente se acercó, se dejó caer en mi regazo, y me dijo: “De acuerdo, Abuelo, ¡vamos!”
No puedo dejar de pensar en las muchas veces que he pasado por una situación parecida con el Señor. He orado y leído la Biblia; sé lo que Él me está diciendo que haga, pero aún así he titubeado. Su voluntad para mi vida se parece muchas veces a esa cuesta larga y empinada, y la idea de subir a su regazo y perder el control me resulta intimidante.
Pero la confianza a medias siempre nos mete en problemas. Primero que todo, pensemos en lo que nos perderemos si no nos arriesgamos a recorrer el camino con el Señor. Todas las cosas maravillosas que Él ha dispuesto para nosotros se perderán. Aun si confiamos en Él lo suficiente para sentarnos en su regazo, podemos ser tentados a tratar de ayudarlo a lo largo del camino. Aunque el recorrido puede ser un poco agitado a veces, hay que recordar que solo Él sabe lo que nos espera al final.
Es por eso que todos necesitamos un pasaje de la Biblia que nos afiance cuando estemos tentados a desconfiar de Dios y a hacer las cosas a nuestra manera. Proverbios 3.5, 6 ha sido mi pasaje durante los últimos cincuenta años: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.
Cada vez que tengo que tomar una decisión importante, vuelvo a este pasaje que me ayuda a recordar lo que se requiere de un discípulo de Cristo. Un discípulo es un alumno que sigue la enseñanza de su maestro para ser más como él.
Para el cristiano, el discipulado es un proceso de trasformación que dura toda la vida. El Señor nos enseña gradualmente, y nos guía en la dirección que quiere que vayamos. Es por eso que Proverbios 3.5, 6 es una guía segura. Contiene principios esenciales que nos dicen cómo mantenernos en el buen camino.
El discípulo confía en el Señor.
La única razón por la que mi nieto se subió a mi regazo era porque me conocía y confiaba en mí. De la misma manera, nuestra disposición a dejar que Dios nos guíe dependerá de nuestra comprensión de quién es Él. ¿Quién sabe más: usted o el Señor omnisciente que conoce el pasado, el presente y el futuro? ¿Por qué confiar en nuestro entendimiento si Él lo sabe todo acerca de nosotros y lo que nos espera? El Señor ve cada segmento de nuestras vidas, y nos guiará por el mejor camino si confiamos en Él de corazón.
El discípulo reconoce al Señor.
La confianza en Dios implica que reconozcamos que Él tiene el derecho a dirigir cada paso que damos. Es por eso que Proverbios 3.6 nos dice que debemos reconocer al Señor en todos nuestros caminos. No podemos ser caprichosos en cuanto a las veces que vamos a someternos a su autoridad. Cuando no estamos en el centro de su voluntad, tropezamos y encontramos obstáculos. No solo terminamos perdiendo tiempo y energías, sino que también la vida se nos vuelve más difícil.
El camino de Dios no es necesariamente el más fácil, pero siempre es el mejor. Aun las dificultades que encontramos encajan en su plan, porque nos enseñan a confiar en Él. Al pensar en mi pasado, puedo ver su mano protegiéndome y dirigiéndome de muchas maneras. Cuando me marché de casa para ir a la universidad, tenía muy poco en el bolsillo. Sin embargo, proveyó una beca. Había prometido cubrir mis necesidades, y me dio justo lo que necesitaba exactamente en el momento preciso.
El Señor quiere que nos demos cuenta de que Él es el supremo y omnipotente Soberano del universo, con el poder para hacer frente a cada situación. Uno de los versículos que me ha recordado una y otra vez de su atento cuidado, es el Salmo 138.8: “Jehová cumplirá su propósito en mí” ¿Qué le preocupa a usted hoy? ¿Su salud, sus finanzas, un problema en su trabajo, o una relación rota? La única manera de tener paz en estas situaciones es confiando en el Señor, sabiendo que está obrando siempre para darnos lo que más nos beneficia.
El discípulo acepta la disciplina del Señor.
Si tenemos la intención de dejar que Dios dirija nuestro camino, también experimentaremos su amorosa disciplina. Piense en ella, no como castigo, sino más bien como corrección. Él ve cuando nos hemos descarriado, y nos ama demasiado para dejarnos seguir por esa senda. La disciplina es necesaria porque sin un incentivo para cambiar de rumbo, nos perderemos las bendiciones que resultan de obedecer al Señor.
Cuando somos disciplinados, por lo general respondemos en una de estas dos maneras: o nos rebelamos contra ella, o la aceptamos. Proverbios 3.11, 12 dice: “No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere”. Si elegimos ver nuestros problemas desde esta perspectiva, nuestros lamentos se convertirán en alabanza y gratitud a Dios.
Muchas veces he tenido que decir: “Señor, no entiendo por qué está sucediendo esto. Es doloroso, y no me gusta. Pero sé que tú eres más sabio que yo, así que voy a darte gracias por amarme lo suficiente para corregirme”. Lo más importante es que vivamos en el centro de la voluntad de Dios, y podamos llevar a cabo lo que quiere que hagamos, de acuerdo con su plan.
Me gustaría invitarle a que haga de Proverbios 3.5, 6 un pasaje que afiance su vida. Le animará a dejar que Dios le guíe conforme a su voluntad perfecta. He sido cristiano por muchos años, y Él no solo me ha hecho descender la colina a salvo sin ningún peligro una y otra vez, sino que también esos momentos han sido los más emocionantes de mi vida. Por eso, cuando le pida que haga algo que parezca estar más allá de sus capacidades, decida confiar en Él, y dígale: “De acuerdo, Señor, ¡vamos!”

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