10 sep. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 19:50 | No comments
La promesa divina de proveer
Cómo entender los caminos y las prioridades de Dios
por Charles F. Stanley

El Día de Acción de Gracias es una oportunidad especial para expresar nuestra gratitud a Dios por su provisión y sus bendiciones durante todo el año. Pero déjeme hacerle una pregunta. ¿Hay alguna necesidad en su vida que aún no ha sido satisfecha? Quizás después de meses de buscar un trabajo, sigue sin conseguirlo. ¿O pudiera ser que esté enfrentando un persistente problema de salud que sigue sin resolverse? Tal vez tenga el anhelo de casarse, pero el Señor aún no le ha llevado a esa persona especial.

Con frecuencia hablo con cristianos que me dicen que han estado orando por un asunto determinado, pidiendo a Dios que supla su necesidad, pero que Él no lo ha hecho. Están confundidos, y se preguntan por qué el Señor no ha respondido a sus oraciones. Después de todo, ¿no dice Filipenses 4.19: “Mi Dios suplirá todo lo que os falta”? Si usted se encuentra en la misma situación, ¿cree que el problema es con usted o con el Señor?

La expectativa

Para tener cierta comprensión en cuanto a este dilema, consideremos el fundamento de nuestra expectativa de que Dios suplirá todas las necesidades. Ante todo, tenemos su promesa, pero su validez depende de la capacidad del Señor de cumplirla. ¿Tiene el Señor el poder de suplirla para usted? Sí, lo tiene. Todo lo que hay en el cielo y en la tierra le pertenece a Él (Sal 50.10-12). Puesto que Él tiene la capacidad de cumplir su promesa, tenemos entonces que hacer otra pregunta. ¿Tiene el Señor la integridad y la buena disposición de hacer lo que Él ha dicho? Otra vez, la respuesta es sí. Él es siempre fiel a su Palabra, y quiere darnos lo que necesitamos (2 Co 9.10).

Por lo tanto, ya que tenemos un Dios que se interesa en cada aspecto de nuestras vidas, y que tiene la capacidad y la buena disposición de cumplir su promesa, el problema de nuestras necesidades no satisfechas debe ser de nosotros. Consideremos algunos errores comunes que cometemos.

Nuestros errores

Algunas veces no somos capaces de distinguir entre necesidades y deseos. En primer lugar, quiero aclarar que tener un deseo no es necesariamente pecado; sin embargo, algunas cosas que queremos no son, en realidad, esenciales; muchas veces, incluso no sean buenas para nosotros. Nuestro error es esperar que Dios nos dé las cosas que anhelamos, pero que Él no ve como necesidades. Cuando no soy capaz de encontrar la diferencia, rindo mi deseo al Señor, y le pido que me muestre si es importante. Porque no quiero nada fuera de su voluntad, le pido que me quite mi anhelo si no proviene de Él. Cada vez que hago esto, Él lo sustituye por algo que es su voluntad para mi vida.

Sin embargo, algunas cosas que deseamos sí se alinean con los planes de Dios para nosotros. Siempre que queramos algo que contribuya al desarrollo de un carácter como el de Cristo, Él se deleitará en dárnoslo. Salmo 37.4 dice: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón”. Nuestra meta debe ser siempre deleitarnos de tal manera en nuestra relación con el Señor y en sus planes para nosotros, que queramos solo lo que a Él le agrade.

El segundo error que cometemos es aislar a un pasaje o a un versículo bíblico de su contexto. Muchas personas reclaman la promesa de Dios de proveer que se encuentra en Filipenses 4.19, pero no toman en cuenta el contexto de ese versículo. Esta garantía fue dada a los creyentes de Filipos que estaban activamente involucrados en el sostén de Pablo y de su ministerio. “Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (vv. 18, 19).

El principio de la fidelidad del Señor de proveer para las necesidades de quienes dan con generosidad, se encuentra en toda la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Según el v. 19, Él suplirá nuestras necesidades “conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. No podemos pasar por alto el contexto, porque éste da la base para la promesa, y revela que los recursos de Dios vienen a nosotros como resultado de nuestra relación con Cristo.

Las condiciones de Dios

Veamos los requisitos que el Señor ha determinado como límites en torno a su promesa de suplir todas nuestras necesidades.
Obedecer. No podemos vivir en pecado y desobediencia a Dios, y esperar que Él nos dé todo lo que le pidamos. Salmo 84.11 dice: “No quitará el bien a los que andan en integridad”. Quienes andan en integridad no son puros o perfectos, sino de corazones inclinados hacia el Señor, deseosos de agradar a Dios.

Dios asume toda la responsabilidad de satisfacer las necesidades de quienes le obedecen, pero no apoyará un estilo de vida pecaminoso en sus hijos, porque eso no es lo que les conviene, y no le dará gloria a Él. A veces, por el propio bien de ellos, Dios los deja sin nada para hacerlos volver a Él (Lc 15.11-24).

Pedir. Tenga la disposición de pedirle a Dios lo que necesita. ¿Cuál es su primera respuesta cuando surge un problema inesperado? ¿Lo lleva de inmediato al Señor, o se inquieta pensando en cómo va a arreglarlo por su cuenta? La Biblia nos dice una y otra vez que vengamos a Él con nuestras peticiones (Fil 4.6). Pedir ayuda a Dios demuestra una actitud de humilde dependencia, no de orgullosa confianza en uno mismo. Aunque tengamos los recursos para valernos por nosotros mismos, debemos reconocer que todo lo que tenemos viene de Él.

Creer. Jesús hablaba con frecuencia de pedir con fe. “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Mr 11.24). Cristo quiere que tengamos tal confianza en la promesa del Padre de que suplirá nuestras necesidades, que debemos considerarla como ya cumplida aun antes de ver la respuesta.

No obstante, quiero hacerle una advertencia en cuanto al uso de este versículo para conseguir cualquier cosa que desee de Dios, por simplemente “tener suficiente fe”. La oración debe tener siempre un motivo puro, o será inútil. Santiago 4.3 dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”.

Asimismo, nuestras peticiones deben ser hechas conforme a la voluntad del Padre (1 Jn 5.14, 15). Recuerde lo que dijimos sobre el contexto. Nunca tome un versículo de la Biblia para tratar de hacerle decir lo que usted quiere. Solo al considerar toda la Palabra de Dios logramos obtener un conocimiento preciso de sus promesas. Cuando la fe se basa en la verdad, y actúa en obediencia, tenemos entonces la plena certeza de que Él nos concederá nuestras peticiones.

Participar. Dios no hará nada por usted si le ha equipado para hacerlo. Supongamos que yo decidí confiar en que el Señor me dará un sermón para el próximo domingo, pero no hago ningún esfuerzo durante la semana para estudiar y orar. ¿Cree usted que el Señor simplemente dejará caer un mensaje en mi cabeza el domingo? No. Él me ha dado trabajo para hacer, y espera que lo haga.

La pereza no merece una bendición de Dios. Si Él le ha dado la capacidad de ganarse la vida, el Señor espera que usted trabaje. No estoy hablando de aquellos que quieren trabajar y no puede encontrar un empleo, sino de quienes esperan que el Señor les dé un ingreso, pero no hacen ningún esfuerzo para mantenerse a flote económicamente.

Esperar. Dios no solamente sabe lo que necesitamos; también sabe cuándo darlo. Algunas de las cosas que hemos pedido ya han sido aprobadas por el Señor, y simplemente están esperando el tiempo decretado para ser dadas. Él tiene planeado y decidido todo lo que dará, y nunca se adelanta o atrasa. El sabe siempre cuál es el mejor momento para concedernos nuestras peticiones.

Si usted se impacienta y trata de adelantarse a Él haciendo las cosas a su manera, se perderá de todo lo que Dios ha dispuesto darle. Según Isaías 64.4, Dios actúa a favor de quienes esperan en Él. Aunque pueda parecer que Él se ha olvidado de usted, si sigue confiando y esperando, Dios moverá cielo y tierra para venir en su ayuda.

Aceptar. La manera que tiene Dios de satisfacer nuestras necesidades puede no ser la que imaginamos o esperamos. ¿Alguna vez ha venido usted al Señor en oración con una petición urgente, diciéndole exactamente cómo debe intervenir? Tenemos que estar abiertos a la manera en que Él elija suplir nuestra necesidad. Es posible que su forma de intervenir carezca de sentido para nosotros, pero al confiar en su perspectiva omnisciente, podremos siempre volver la mirada hacia atrás con asombro por la sabiduría de su estrategia divina (Is 55.8, 9).

Priorizar. Debemos mantener nuestros ojos puestos en el Señor, no en nuestras necesidades. El enfoque adecuado se encuentra en Mateo 6.33: “Mas buscad primeramente el reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Nuestra máxima prioridad en la vida es de naturaleza espiritual, no material o física. Si nuestra principal preocupación es lo que necesitamos, entonces no estamos buscando el reino de Dios. De hecho, podemos invertir este orden al tratar de usar a Dios para conseguir lo que deseamos, en vez de poner todas nuestras peticiones bajo su autoridad, reconociendo su derecho de dar o negar.

Puesto que la prioridad del Señor en nuestras vidas es espiritual, podemos saber con seguridad que Él está trabajando en el reino invisible, aun cuando no veamos que haya algún cambio en nuestra situación externa. A veces, lo externo tiene que esperar mientras Él lleva a cabo el trabajo interno en nosotros o en otros. Aunque Él está comprometido a satisfacer todas nuestras necesidades, siempre lo hace de una manera que contribuye a su objetivo final de transformarnos a la imagen de su Hijo.

Recuerde esto: nuestras mayores necesidades no son los más evidentes, sino las que tienen que ver con el desarrollo de un carácter íntegro, de actitudes generosas, de mentes renovadas, y de voluntades rendidas. Esto es lo que debemos buscar y pedir al Señor que produzca en nosotros. En este tiempo de Acción de Gracias, dedique algún tiempo para dar gracias a Dios por sus bendiciones menos evidentes en su vida. Al concentrarse en las provisiones espirituales del Señor, usted adquirirá una nueva comprensión de sus caminos, y rebosará de gratitud.

Preguntas para más estudio

Ya que Pablo, por inspiración del Espíritu Santo, escribió la promesa registrada en Filipenses 4.19, examinemos su vida para ver si él creía en realidad que el Señor supliría todas sus necesidades. Al leer, busque las maneras como Dios proveyó cuando parecía que no se estaba ocupando bien de Pablo.

1-Necesidades materiales: Lea Filipenses 4.10-13. ¿Tuvo Pablo algunos tiempos de privaciones? ¿Cuál era su actitud hacia esos tiempos? ¿Cómo los enfrentaba? ¿Qué valiosa provisión espiritual recibía para ayudarlo a salir adelante (v. 13)?

2-Necesidades físicas: Lea 2 Corintios 12.7-10. ¿Cómo era la condición física de Pablo? ¿Por qué no hizo el Señor lo que le pidió? ¿Qué provisión espiritual le dio en cambio? ¿Cuál fue la actitud de Pablo en cuanto a la respuesta de Dios?

3-Necesidades emocionales: Lea 2 Corintios 1.8-11. Describa el estado emocional de Pablo. ¿Qué valiosa lección espiritual aprendió (v. 10)? ¿De qué manera lo ayudaron otros durante su dificultad?

4-Necesidades relacionales: Lea 2 Timoteo 4.9-18. Haga una lista de las diversas necesidades que experimentó Pablo al final de su vida. ¿Qué hizo el Señor por él cuando los demás le fallaron? ¿Dónde estaba puesta su esperanza: en su situación presente o en las bendiciones futuras?

0 comentarios:

Publicar un comentario

Bookmark Us

Delicious Digg Facebook Favorites More Stumbleupon Twitter