26 sep. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 04:38 | No comments

Hechos para marcar la diferencia
Max Lucado explica (y muestra) cómo hacerlo

por Sandy Feit

"Cuando sus nietos sepan que usted vivió durante un tiempo en que 1.750 millones de personas eran pobres, y 1.000 pasaban hambre, ¿qué les dirá?" Esta inquietud no dejó dormir a Max Lucado durante una noche. Las profundas implicaciones de la abrumadora necesidad hizo que el pastor y autor se preguntara: "¿Qué ocurriría si impactáramos al mundo con esperanza? ¿Si invadiéramos todos los rincones con el amor y la vida de Dios? ¿Si siguiéramos el ejemplo de la iglesia de Jerusalén? Este pequeño grupo creció hasta convertirse en una fuerza que cambió al mundo. Seguimos todavía bebiendo de sus fuentes, y comiendo de sus árboles de fe. ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué podemos aprender de sus prioridades y de su pasión?"

Esta introspección finalmente dio como resultado su libro más reciente: "Más allá de tu vida: Fuiste creado para marcar la diferencia". Max habló recientemente con la revista En Contacto acerca de cómo podemos impactar a los demás, incluso después haber dejado este mundo.

En Contacto: ¿Cómo se motiva a alguien muy ocupado y comprometido a ayudar a los demás?

MAX LUCADO: Creo que eso depende de quién sea la persona. Si es cristiana, puedo decir con mucha osadía: "Bueno, para eso estamos". Sé muy bien que algunas personas están demasiado ocupadas. Pero me esmero por convencerlas de que las cosas pequeñas pueden marcar una gran diferencia, como sucede en una orquesta donde cada músico toca su parte, y el director hace brotar música excelente. Lo mismo hace Dios: si nos limitamos a hacer nuestro trabajo, tendremos la confianza de que Él creará algo maravilloso con eso.

¿Qué pasa cuando nuestros intereses no se identifican con algún área o ministerio de servicio específico?

Una de las cosas que podemos hacer es considerar las capacidades que tenemos. Si nos preguntamos: ¿Qué es lo que yo puedo hacer, que otras personas no pueden? Identificaremos la habilidad que podemos aportar a ese ministerio. Para algunos, sería el trabajo social, para otros, la oración y el ayuno. Y finalmente, para otros, las acciones prácticas de misericordia.

¿Y qué de los no cristianos? ¿Utiliza con ellos un lenguaje diferente?Sí; les digo: "Hay un secreto de la vida cristiana que usted podría considerar. Es éste: ‘Comenzamos realmente a encontrar nuestra vida cuando la perdemos. En otras palabras, usted le halla sentido a la vida al perderla interesándose en los demás. El sentido común y la sabiduría del mundo dicen que si usted quiere encontrar sentido a la vida, debe concentrarse en usted mismo. Pero Jesús invirtió eso; Él dijo que es mejor dar que recibir. Las personas más felices de este mundo son las que viven para los demás, no para sí mismas".
¿Por qué cree usted que a tantas personas les resulta difícil compadecerse de los afligidos e involucrarse en sus problemas?Una razón es porque las estadísticas nos abruman. El agotamiento de la compasión es un problema real. La gente dice: "Bueno, otro desastre en el mundo. Primero fue Haití, después Chile, y ahora Pakistán —todo en cuestión de meses. ¿Cómo podemos responder a esto?" Empezamos, entonces, a sentir indiferencia a la necesidad, cuando deberíamos pensar: "No, no puedo hacerlo todo, pero puedo hacer lo que sé hacer. Puedo hacer lo que Dios me ha llamado a hacer".

Podemos también educarnos. Hay situaciones donde no sentimos la necesidad de ayudar; trato de llamar la atención de la gente en cuanto a la enorme cantidad de personas que sí trabajan, pero aun así pasan hambre porque viven en lugares donde no pueden superarse. Esas son las personas a las que yo creo que podemos ayudar.

A veces creemos que estamos ayudando, cuando en realidad estamos empeorando las cosas. ¿Tiene usted sugerencias prácticas para evitar estos peligros?Primero, asociarnos con instituciones dedicadas a ayudar a las comunidades más necesitadas. Por ejemplo, yo puedo tener el deseo de sacar de la prostitución a las niñas de Cambodia. Pero es una tontería pensar que podré hacerlo tomando un avión hacia allá, caminando por las calles, y dando dinero a las niñas para que puedan dejar esa vida. Tiene que haber algún tipo de estrategia. Es allí donde organizaciones como Visión Mundial y Misión Internacional de Justicia, entran en juego. A veces, lo mejor que podemos hacer es asociarnos con algún grupo que entiende cómo tratar con esos casos.

También en nuestras ciudades hay importantes cosas de sentido común que podemos hacer. En la oficina de beneficencia de nuestra iglesia tenemos este dicho: "Si tienen que tener la ayuda en este momento, no podemos ayudarles", porque deberían haber sabido que no es así como trabajamos. Es una postura dura, ¿no? Pero hemos descubierto que hay cosas que sí podemos hacer para suplir necesidades inmediatas —nunca damos dinero, pero sí tarjetas de certificado para comprar comida. Y otras cosas prácticas, como explicarles cómo pueden prorrogar el pago de su factura de electricidad. Muy rara vez la compañía dejará sin electricidad a alguien que llama y pide que no se la corten.

Usted también aconseja tomar tiempo para "ver" a la otra persona. ¿Cómo podemos realmente hacer eso?Ayudamos a las personas en tres niveles: en nuestros vecindarios, en nuestras ciudades, e internacionalmente. Creo que lo mejor es comenzar en nuestro vecindario. Hay un hombre en nuestra calle —su vecina de al lado era una mujer soltera que estaba tan abrumada que no podía cortar su césped. Cuando la asociación de propietarios estaba a punto de llamarle duramente la atención, este hombre pensó: ¿Por qué será que no puede cortar su grama? Así que la visitó, y se enteró de que tenía problemas económicos y de salud. Entonces, en un maravilloso acto de cordialidad, reclutó a varios de nosotros para ir a limpiar su patio. Eso es lo que significa "ver el problema".

¿por qué somos tan indiferentes a la hora de ofrecer compasión?Es muy fácil rodearnos de un cascarón, y perder el contacto con las personas, ignorando su sufrimiento. Pero cuando lo conocemos, somos abrumados por su enormidad, su dimensión y su gravedad. Podemos enojarnos y pensar: ¡Ay, otro más que necesita ayuda!

Creo que la respuesta bíblica a eso es darse cuenta de que usted no puede hacerlo todo, pero sí puede hacer algo con la dirección del Dios soberano. Además, una esfuerzos con iglesias u organizaciones sin fines de lucro que sí saben cómo ayudar a los pobres.

Y por último, sea sensible. Mateo 9.36 dice que cuando Jesús vio a las multitudes, tuvo compasión de ellas. Él sabía que eran ovejas sin pastor, y que necesitaban alguien que las guiara. En otras palabras, las entendió. Por tanto, una buena manera de comenzar es diciendo: "Señor, mantén sensible mi corazón, al igual que el tuyo".
Comience a perpetuar su vidaMax Lucado afirma que todos podemos marcar una diferencia significativa, aun haciendo algo que nos parezca pequeño. He aquí cinco pasos que puede tomar.

Comience con oración, como lo hizo la iglesia primitiva (Hch 1.14). Max narra cómo influenció su vida un profesor del seminario que oraba sobre su Atlas Mundial: "Una vez me detuvo en el campus de la universidad y me dijo: ‘Estuve orando por Brasil hace poco, y creo que Dios quiere que vayas a Brasil’. Era una afirmación insólita, y en realidad no pensé mucho en ello hasta ocho años más tarde, ¡cuando era misionero en Brasil! Recuerdo que pensé: ¿Podría yo relacionar todo lo sucedido? Pensé que Dios me dijo que fuera a Brasil, pero quizás primero escucho la oración de mi profesor, y después me envió". Usted nunca sabrá la diferencia que puede marcar cuando ora por el mundo teniendo un globo terrestre —o por su vecindario— incluso sin saber los nombres de los vecinos.

Pídale a Dios que le muestre qué vecinos están necesitados. Max comenta: "Creo que a todos nos sorprendería descubrir que hay muchas personas que parecen estar en buenas condiciones económicas, pero a un mes de ser echados de sus casas. Los escenarios pueden estar allí mismo, cerca de nosotros, donde pudiéramos ayudar".
Practique la hospitalidad. Max relaciona esto con el mensaje de Hechos 2: "Ellos utilizaban sus hogares antes de utilizar cualquier otra cosa. Se reunían de casa en casa, y comían el pan juntos. Especialmente ahora, la hospitalidad es el recurso sin explotar de la iglesia. Piense en todo lo aislados que estamos: por causa de las puertas del garaje, de los automóviles, de los cubículos y de los audífonos, logramos evitar el contacto humano. El resultado es una severa soledad en nuestras comunidades. Mi iglesia está enfatizando ‘el vecindario’, y estamos descubriendo que la gente está deseosa de recibir hospitalidad, y contenta de ser invitada".

Sepa cuándo decir "sí". Aunque la necesidad de obreros es siempre grande, no toda solicitud u oportunidad de servir es para usted. Max aconseja que, algunas veces, lo mejor que podemos hacer es decir "no", para poder decir "sí" a lo que debe hacerse. "Dispersarse tanto, sin enfocarnos realmente en algo que sí podemos contribuir, nos agota. Él recomienda identificar lo que nos apasiona, y también nuestras fortalezas, capacidades y dones, para conectarnos con el trabajo que Dios ha designado para cada uno de nosotros (Ef 2.10).

Haga un aporte tangible ahora mismo en la vida de alguien. Las necesidades básicas cubiertas que nosotros damos por sentadas, no son una realidad para gran parte de la población mundial. La mayoría de nosotros pudiéramos contribuir con unos dólares cada semana, y Max dice cómo maximizar el beneficio: "Patrocinar a un niño es una de las manera en que podemos ayudar. Por el equivalente a treinta dólares al mes, usted puede asegurarse de que un niño tenga comida o agua potable —ese es un regalo maravilloso".

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