21 sep. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 06:47 | No comments

El gozo precioso de la amistad

Hoy día, es muy común ver cómo las relaciones interpersonales pasan a un segundo plano, lo cual es una de las razones por las que muchos mueren de hambre espiritual.

por James Cain


Después de estar siete años en el mismo lugar, mi trabajo soñado por fin había llegado. Significaba mejor sueldo y una oportunidad para dar un gran salto en mi carrera. Tendría la oportunidad de ampliar mi influencia por medio de mis escritos y conferencias. Incluso el futuro profesional de mi esposa se ampliaría de maneras que ella había pensado que estaban fuera de su alcance.
Lo único que teníamos que hacer era mudarnos a unos 1.000 kilómetros de distancia.
Le escribí al Director de Recursos Humanos para hacer los arreglos del viaje. Luego miré atentamente el botón de “enviar” de la computadora. Redacté otra vez el correo electrónico, pero borré lo que había escrito, menos el saludo. Cuando pude terminar de escribir mi respuesta, y estuve listo para hacer clic en “enviar”, borré mi nombre y le dije “no” al trabajo perfecto.
En mi correo electrónico, cité a C. S. Lewis quien escribió lo siguiente a su amigo de la infancia, Arthur Greeves: “La amistad es el más grande de los bienes terrenales. Ciertamente, para mí es la mayor felicidad de la vida. Si tuviera que aconsejar a alguien joven en cuanto al lugar en el que deba vivir, creo que le diría: ‘Sacrifica casi todo para vivir donde puedes estar cerca de tus amigos’”. La cita de Lewis resumía de manera perfecta nuestra decisión.
Esto no quiere decir que no podríamos haber hecho buenos amigos en el nuevo lugar, o que no lograríamos ver el fruto de nuestro trabajo. Lo que influyó en nuestra decisión, fue el hecho de que tendríamos que escoger entre una oportunidad profesional excelente y las amistades que habíamos pasado años cultivando.
El gozo precioso de la amistad
Algunos podrían decir que sacrificamos demasiado por muy poco. En nuestros días, es tentador ir tras nuestros sueños (más oportunidades, más dinero) dondequiera que eso pueda llevarnos, sin importar lo que nos cueste. En nada nos ayuda que el mundo haya devaluado tanto la amistad y la comunidad —convirtiendo a “amigo” en apenas una palabra, y “comunidad” en cualquier grupo. Pero la amistad puede seguir siendo una gran felicidad y la vida en comunidad un motivo de gozo.
Tristemente, disfrutamos muy rara vez de ambos. Lewis notó que la literatura de las generaciones anteriores estaba llena de ejemplos de amistad, pero las historias personales de hoy parecen valorar más al distanciamiento o a los simples conocidos, que a los lazos verdaderos.
La verdad es que los amigos y la comunidad requieren dedicación. Casi todas las personas que conozco se mantienen en contacto con decenas de amigos casi a diario. Comparten fotos de sus hijos, comidas y actividades. Exponen sus vidas, a veces de maneras sorprendentes. Lo mejor de todo, es que el círculo puede crecer con un simple clic. A pesar de lo que algunos han dicho, la amistad no ha sido aniquilada por las redes sociales, por el contrario, se ha beneficiado. Sin embargo, pocos dirían que la amistad no la está pasando mal. Lewis observó en la década de 1950 que la amistad se estaba volviendo “algo insignificante”. Para apreciar sus beneficios, tenemos que estar preparados para hacer algunos sacrificios.
Aunque enfocamos más nuestras relaciones de una manera informal, la amistad que Lewis llamó “el más grande de los bienes terrenales” requiere una actitud muy parecida a la del trabajo agrícola. Pregúntele a un agricultor cómo preparar el terreno para la siembra, y le hablará de talar árboles, desenterrar y remover rocas, y hacer surcos en la tierra. ¡La cosecha es una esperanza lejana!
Lo mismo sucede con la amistad. Es posible que tengamos que comenzar el trabajo de la amistad eliminando obstáculos, y algunos son sorprendentemente fáciles de superar. Cultivé una relación hace unos años, y a medida que se profundizaba, tenía la esperanza de que nuestras familias pudieran pasar tiempo juntas. El único problema era que la esposa de mi amigo, y la mía, no se llevaban bien. Un día, se reunieron (un poco de mala gana) para almorzar, y descubrieron que, en realidad, se divirtieron y pronto comenzaron a pasar más tiempo juntas. Llegaron a conocerse poco a poco, y ahora, de ser solo unas conocidas, están desarrollando una bella amistad.
Muchas veces, lo que más necesitamos es paciencia. Y puesto que el tiempo escasea, es una de las cosas que más nos cuesta dar. Tal escasez no se debe a que tengamos menos tiempo, sino a que lo desperdiciamos. Fácilmente, podemos saturar nuestras vidas con actividades, dejando poco tiempo para sentarnos y relajarnos entre amigos. Sacar tiempo para ver a las personas es una tarea casi imposible en estos días, pero puede fortalecer nuestras relaciones.
El gozo precioso de la amistad
Una vez al mes, me reúno con cinco amigos para pasar unas cuantas horas juntos. Nos reunimos, compartimos una comida, nos contamos historias y hablamos de cosas importantes y triviales.
Pero éste no es un trabajo fácil. A medida que crece el vínculo, es inevitable que surjan ciertos desacuerdos y conflictos. Cuando eso sucede, conservar la amistad exige navegar entre dos rutas tanto terribles, como fáciles. Por un lado, podemos ponerle fin a la amistad. Por otro, podemos sepultar el conflicto, donde se infectará. Ambas rutas llevan a la destrucción. Sólo el difícil camino entre estas opciones hace posible que una amistad se vuelva más fuerte.
Hace un tiempo, le hablé a un amigo de algunas frustraciones y heridas entre nosotros que yo había tratado de enterrar. Se enojó, y yo me puse a la defensiva. La conversación que tuvimos fue tensa, y no terminó bien. No dormí bien esa noche. Al día siguiente, volvimos a hablar, pisando con cuidado a través del campo minado que habíamos creado el día anterior. Fueron necesarias más conversaciones, pero nuestra amistad sobrevivió, y como resultado se fortaleció. Descubrimos que podíamos hablarnos con la verdad, y comenzamos a tener cuentas claras entre nosotros, en vez de tratar de evitar el conflicto.
Aristóteles dijo: “En la pobreza y en otros infortunios de la vida, los verdaderos amigos son un refugio seguro. Los jóvenes evitan que alguien haga de las suyas con nosotros; para los viejos, son un consuelo y una ayuda en su debilidad; y para quienes están en la flor de la vida, estimulan las acciones nobles”. Podemos no estar de acuerdo con el filósofo en cuanto a la amistad y los jóvenes, pero solamente podemos decir “sí” al resto. En su mejor expresión, el compañerismo nos enriquece como seres humanos. Protege y fortalece las comunidades. Y proporciona un terreno bueno donde pararnos cuando amamos y servimos a los demás para la gloria de Dios. Si ponemos a trabajar nuestro corazón y nuestras manos, entonces, aunque el terreno parezca ser estéril, podremos ver crecer las amistades.

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