1 ago. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 03:52 | No comments
Principio de Vida 1

Dr. Charles Stanley
Nuestra intimidad con Dios, que es su prioridad para nosotros, determina el impacto que causen nuestras vidas.

Una de nuestras mayores necesidades es saber que somos amados. Cada uno de nosotros debe tener la certeza, en lo más profundo de su corazón, de que alguien nos ama, de que alguien se preocupa por nosotros y desea lo mejor para nosotros.
Así nos hizo Dios. Él quiere que sepamos que nos ama a cada uno con una intensidad que excede a lo expresable con palabras.
Dios creó a los seres humanos teniendo en mente una relación, primero con Él, y luego con otros. Pero no podremos amar plenamente a los demás hasta que hayamos experimentado personalmente el amor de Dios. Experimentamos su amor cuando nos rendimos voluntariamente a su llamado de ser nuestro Salvador, Señor y Amigo.
Hay, al menos, tres razones para que Dios procure nuestra entrega:
• Él nos ama y desea nuestra comunión y adoración.
Mientras no le demos todo a Dios, no podremos conocerle plenamente ni experimentar del todo su amor. Cuando nos rendimos a Él, lo tenemos todo de Él.
• Él quiere que nuestro servicio a Él sea eficaz y fructífero.
Cuanto más conozcamos y amemos a Jesús, más eficaz será nuestro servicio. Cuanto más nos acerquemos a Dios, más impacto tendrán nuestras vidas. Cuanto más alimentemos nuestra relación con el Señor, más importante y positiva será la huella que dejemos.
• Él espera hasta tener la libertad para bendecirnos.
Dios es omnipotente, pero no violará sus propios principios. Nos acerca a Él para que podamos experimentar su amor y su perdón. El Señor nos pide nuestra entrega voluntaria para poder darnos sus mejores bendiciones.
Entonces, ¿por qué nos resistimos? Sabiendo todo esto, ¿por qué nos resistimos a rendirnos a Él?
Nuestra intimidad con Dios
El orgullo es la razón principal que les impide a las personas rendirse al Señor. Piensan que saben más que Dios y que pueden manejar sus vidas mejor que Él, por lo que le mantienen a una distancia prudencial.
Otros no se rinden porque tienen miedo de lo que Dios hará (o no) con ellos. Piensan que si le dan el control, Él les obligará a hacer justo aquello que los hará más desdichados.
Otros se niegan a rendirse a Cristo porque creen la mentira de Satanás, que les dice que Dios es condenatorio y que les castigará por sus errores.
¡Todo esto es completamente falso! Dios tiene siempre en mente lo mejor para nosotros. Nunca nos negará algo bueno si nos sometemos de buena gana a su voluntad (Ro 8.32). Él nos dice: «Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis» (Jer 29.11).
Lo único razonable es rendirse a Dios, porque cuando lo hacemos nos acercamos más a Él —su prioridad para nosotros— y empezamos a tener un impacto en este mundo.
Alcance su destino. Anne Graham Lotz le comentó en cierta ocasión a un entrevistador las muchas pruebas que había enfrentado en los últimos años, entre ellas las serias enfermedades de sus padres y la batalla de su hijo contra el cáncer. Al final ella llegó al punto donde lo único que anheló tener fue a Jesús. «Denme sólo a Jesús», declaró.
Anne había entendido que si tenía una relación personal, íntima, con el Salvador del universo, entonces todos los problemas que enfrentara los encararía Él con ella, y Dios traería una dulce determinación y paz a su corazón.
¿Es este el clamor de su corazón? ¿Quiere usted conocer al Salvador y vivir en la plenitud de su bendición cada día? Puede hacerlo. David escribió: «Los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien» (Sal 34.10).
Cuando usted aceptó a Jesús como su Salvador, el Señor no sólo le perdonó, sino que también le convirtió en una nueva criatura, ya no alejada de Dios, sino capaz de acercarse a Él.
Si usted se ha alejado de su devoción al Salvador y siente como si se apartara cada día más de su relación con el Señor, ore entonces para que Él le acerque una vez más. Dios conoce sus debilidades, y si usted le dice que asuma el control de su vida, Él vendrá a usted con poder trayendo luz y esperanza a su situación, no importa lo oscura y desesperada que parezca (Is 55.6, 7). 

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