2 ago. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 09:36 | No comments


Por Jack Fleming —

Una de las profesiones más extraña y desconocida en nuestra sociedad, es la poco envidiable especialidad de maquillar a los muertos en una funeraria para exhibirlos antes del sepelio.

El trabajo de estas personas es de tal perfección, que todos los que llegan a dar la última mirada al difunto, les queda una sensación de que aún está vivo.

Indudablemente que el empresario que ofrece estos servicios es por fines comerciales, y los familiares que acceden a la intervención de estos profesionales es por respeto y expresión de afecto hacia el ser amado.

Pero ni toda la perfección de estos excelentes maquilladores, hará cambiar la triste realidad que dentro de pocas horas el muerto continuará con su proceso de deterioro irreversible.

Nada de lo que el hombre pueda hacer podrá impedir el triste fin de la descomposición y el cumplimiento divino de que el polvo vuelva a la tierra, como era.

Ser maquillador de los artistas de Hollywood es considerado por muchos como un gran privilegio y honor. Lo mismo podríamos decir de los que trabajan con los personajes de la televisión, pero una apreciación muy diferente existe en nuestra sociedad con los que cumplen esas labores con los cadáveres.

Muy pocos son los que escogerían libremente la profesión de maquillador en una funeraria, pero sin embargo son muchos los predicadores y cristianos que se dedican a esta triste labor de maquillar a los muertos espiritualmente.

Dios ha declarado taxativamente, que todos aquellos que no han nacido de nuevo por medio de la intervención del Espíritu Santo que los transforma en una nueva criatura, permanecen en esa condición de muertos espirituales:

Ef. 2:1 " Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados"

Por este motivo el Señor Jesucristo se presenta como la resurrección y la vida: Jn. 11:25 "Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá".

Cuan absurdo es pretender "maquillar" a aquellos que aún permanecen en esa condición de muertos espirituales. Intentar que un inconverso se vista como un creyente, se comporte como un creyente, ore como un creyente y todo lo demás que se le exige en las iglesias de hoy; sin haber nacido de nuevo, es una incoherencia irracional que no hace más que el muerto llegue a su destino sin jamás recibir vida, ni tener una verdadera oportunidad de considerar su triste y dramática condición.

Los cambios que se producen en la persona que recibe al Señor Jesucristo como a su único y suficiente Salvador personal, son cambios que se efectúan desde el interior de su ser, desde la parte más profunda donde vino a morar el Espíritu Santo.

Pasa a ser templo del Espíritu Santo, y ese templo lo limpia únicamente el Señor con Su autoridad divina. Él es quien expulsa del creyente todos sus vicios y lo inmundo que había en esa persona antes de nacer de nuevo.

La limpieza no es un acto ni fruto de esfuerzos humanos, es obra de Dios. 2Co 5:17 "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí TODAS son hechas nuevas".

Los "maquillajes" realizados por el hombre no son eficaz para dar vida a un muerto, más aún, es un mal tan pernicioso, que adormece la conciencia y la persona inconversa no logra reconocer su propia y urgente necesidad.

Si estos cambios cosméticos son estériles, más incoherente y absurdo es pretender que un muerto haga obras para recibir vida. Solamente la vida puede engendrar vida, y Cristo es quien dijo: "Yo soy la vida".

Solamente el que se presentó en este mundo como "la resurrección y la vida", es quien puede pararse frente a la tumba de un muerto y ordenar al que estaba muerto, que salga y vaya hacia Él.

Jn. 11:43 "Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!
Jn. 11:44 Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir".

Únicamente el autor y consumador de la vida puede dar vida. Pero Él ha encargado a nosotros que desatemos las ligaduras que le ataban durante su condición de muerto.

Aunque tristemente somos testigos a diario que los predicadores y hermanos en general, no solamente no están cumpliendo con esta labor que el Señor nos ha encomendado, sino que aún le han añadido nuevas ataduras.

El mandamiento que recibimos de Cristo fue: "Desatadle, y dejadle ir". Por este motivo también nos encomendó: (Mat 28:19-20) "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado"

¿Están las iglesias de hoy cumpliendo con esta ordenanza? No solamente no están enseñando todas las cosas que Dios ha mandado, sino que en la mayoría están enseñando mandamientos y doctrinas de hombres.

En vez de quitar sus ataduras, han añadido nuevas ataduras, y están esclavizando a los nuevos hermanos a mandamientos y doctrinas de hombres, que en la mayoría son guiados meramente por intereses mezquinos y para el enriquecimiento de los líderes religiosos, quienes demarcan sus dominios con barreras denominaciones que delimitan sus reinos humanos donde ellos (los pastores) son dioses, como muchos lo declaran sin ninguna vergüenza.

Mat 23:15 "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros".

Cuan diferente a esta epidemia religiosa que ha infectado a las iglesias de nuestros días con doctrinas tóxicas y prácticas mercantiles, es la enseñanza pura, santa y divina que encontramos en la Palabra de Dios.

Dice el Señor de la Biblia, no el señor González o como se llamen estos nuevos señores con complejo de diosecillos. Dice el mensaje de Dios en Su Palabra:

Sal. 23:1 "Jehová es mi pastor; nada me faltará.
23:2 En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará.
23:3 Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre".

Y el Señor Jesucristo dijo además de declarar que Él es el buen pastor, que Él es también la puerta: Jn. 10:9 "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos".

Qué tremenda y gloriosa libertad nos ofrece el Señor del cielo. Cuanta diferencia existe con la esclavitud que someten las denominaciones de los hombres, amenazan con todo el fuego del infierno si un hermano pretende irse de ese lugar, y lo encadenan bajo fuertes cadenas de superstición para que no se vaya, pero solamente es porque sienten mucho perder un diezmador o a una hermana muy laboriosa que han explotado por largo tiempo.

El Señor no solamente nos entrega vida y vida eterna, sino que además nos ofrece libertad. La salvación que nos entrega Dios no es una cárcel, es un hermoso prado donde el Señor nos hará descansar, y junto a aguas vivas nos pastoreará.

Su presencia se hace tan real, que sentimos esa mano amorosa que nos levanta y todo se transforma en un valle que se cubre de grano y hermosas flores que dan voces de júbilo y aun cantan.

"Mi Amado descendió a su huerto, a las eras de las especias, para apacentar en los huertos, y para recoger los lirios. Bajo la sombra del deseado me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar".

Su presencia es tan sublime y gloriosa, que todo lo demás se difuma, solamente le podemos ver a Él. Y es entonces que somos transportados a una dimensión superior, donde está Su gloria impregnada del más exquisito aroma celestial.

"Te alabaré, oh Señor, con todo mi corazón, y glorificaré tu nombre para siempre. El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto. El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá? Te alabaré; Dios mío, te exaltaré".

"Te has vestido de gloria y de magnificencia. El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina, el que pone las nubes por su carroza, el que anda sobre las alas del viento; vuelve el desierto en estanques de aguas, y la tierra seca en manantiales".

Cómo quisiera, al igual que Pedro, hacer tienda junto a ti y permanecer eternamente en este lugar célico. Pero entiendo que ese deseo y anhelo profundo de mi alma, será cumplido en esa eternidad que se acerca; mientras tanto, debo descender donde están los inconversos y hablarles de tu gloria, santidad y misericordia infinita.

Nuestro verdadero Pastor nos guía y nos entrega alimento espiritual en abundancia. En el rebaño del Señor no existen divisiones, porque todos los creyentes que han nacido de nuevo, han recibido vida y han sido añadido como piedras vivas a ese gran y único edificio espiritual que constituye la iglesia del Señor, la que Él vendrá a buscar.

Basta ya de seguir maquillando muertos, porque el tiempo es corto y no vale la pena malgastarlo en necedades. Pronto viene Jesús y los que no han recibido vida quedarán acá, por lo tanto la necesidad es apremiante, urge ocupar nuestro tiempo en lo que verdaderamente importa, indicarles la puerta de la salvación, hablarles del Único que puede darles vida, Cristo Jesús.

¿Por qué el Señor nos salvó y no nos llevó inmediatamente al cielo? Esto fue porque además de la salvación gloriosa, Él quiere añadirnos la bendición de ser colaboradores Suyo en esta gran obra del edificio espiritual que Dios está levantando, Su iglesia (no la del pastor tal o cual).

Es verdad que si nosotros callamos Dios puede hacer hablar aún a las piedras, pero no desaprovechemos esta gloriosa oportunidad que el Señor nos ha concedido, para poder escuchar un día de Sus labios benditos: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor".

No olvidemos que dice Su Palabra:
Rom 11:5 "Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia".
Mar 13:33 "Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo".

Seamos pues fieles a su mandato. Amén, que así sea.

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