18 ago. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 21:53 | No comments
¿Para qué aferrarnos a lo que quizá perderemos?
Por Dr.Charles Stanley 
Principio de Vida 19
Todo aquello a lo que nos aferremos, lo perderemos.
Amós 6.6, 7

En la Francia del siglo diecisiete, un humilde líder eclesiástico llamado François Fénelon escribió una carta de ánimo a creyentes que buscaban una perspectiva espiritual al pasar por pruebas desalentadoras. Les dijo:

No se preocupen por el futuro. De nada les sirve preocuparse, cuando Dios los ama y cuida de ustedes. Eso sí, cuando Dios los bendiga, acuérdense de mantener su mirada en Él y no en la bendición. Disfruten sus bendiciones día tras día, tal como los israelitas disfrutaron su maná; pero no traten de acaparar las bendiciones para el futuro…
A veces en esta vida de fe, Dios va a quitarles sus bendiciones, pero recuerden que Él sabe cómo y cuando reemplazarlas, bien sea por el ministerio de otros o por Él mismo. Dios puede sacar hijos suyos hasta de las piedras.
Coman su pan de cada día sin afanarse por el mañana. Ya habrá tiempo suficiente mañana para pensar en las cosas que están porvenir. El mismo Dios que los alimenta hoy, también los alimentará mañana. Dios se encargará de hacer caer maná del cielo en medio del desierto, antes que cualquier bien les falte a sus hijos.
Si tuviéramos esa clase de fe, dejaríamos de vivir tan ansiosos y preocupados por todos nuestros problemas. ¿Estamos dispuestos a ser humildes y depender de Dios para su provisión?
Admítalo: en una situación difícil, su primera reacción emocional es tomar las riendas. Todos queremos tener control. Queremos vivir con certidumbre total que todo va a estar bien, y que todos los problemas pueden arreglarse con esfuerzo y concentración. A menudo pensamos en secreto: «Si hago un plan meticuloso y trabajo lo suficiente, puedo superar cualquier dificultad».
¿Para qué aferrarnos a lo que quizá perderemos?
El problema surge cuando sus esfuerzos no son suficientes. El problema que enfrenta es más grande que todos sus recursos o está totalmente fuera del alcance de su influencia. Dios permite esas pruebas por una razón importante: quiere que usted reconozca que Él está en control. Por supuesto, el Señor no quiere solamente ser el recurso que usted puede utilizar cuando está en problemas. Dios quiere ser en todo suficiente como su Señor y Maestro, como su Salvador y su Amigo. Él le conoce íntimamente; Él le formó hasta en sus células y cada una fibra de su ser (Sal 139.13–16); Él tiene un buen plan para cada día de su vida (Ef 2.10), y sabe cómo cumplir su propósito para usted (Sal 138.8).
Al enfrentar circunstancias que agoten rápidamente sus reservas espirituales, emocionales y físicas, es posible que quiera aferrarse por temor a algo sólido. La pregunta que debe hacerse es si sus preocupaciones le llevan corriendo a los brazos de Dios o a sus propios recursos.
¿Se está aferrando a algo aparte del Señor? ¿Depende de alguna manifestación de seguridad terrenal en vez de confiar en Dios para recibir ayuda? Recuerde que todo aquello a lo que se aferre ciegamente, va a perderlo. Aquella cosa a la que usted se sujeta firmemente para sentirse seguro, se le ha convertido en un ídolo. Puede tratarse de su riqueza, sus talentos, una relación, rituales religiosos o lo que sea. Dios no va a permitir que usted lo mantenga como su fuente de confianza, porque esa función le corresponde a Él solamente. Por el contrario, Él permitirá que ese recurso le falle, para que usted pueda ver que Él verdaderamente es su Señor soberano e infalible.
Dios anhela que usted se abandone por completo a su control y su apoyo eterno. Él se encarga de todo lo que le concierne de la mejor manera posible, y también le sustentará en el proceso (Fil 4.6, 7).
Cuando sienta que ya está listo para rendirse completamente al Señor, el Salmo 56 le ofrece una maravillosa oración modelo: «En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre?» (vv. 3, 4).
Quizás hasta este punto en su relación con el Señor usted no haya experimentado una prueba tan severa que le hizo evaluar el fundamento verdadero de su confianza. Dios le ha bendecido con un período de fortalecimiento sosegado.
Pero entienda que Él le ama demasiado como para permitirle vivir bajo cualquier noción de autosuficiencia. Él le pondrá a prueba en algún momento, pero siempre con el propósito de demostrar su amor abundante y eterno.

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