11 ago. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 03:54 | No comments
La promesa de Dios: Nuestro proveedor
Principio de Vida 11
Por Charles Stanley

Dios asume toda la responsabilidad en cuanto a nuestras necesidades, si lo obedecemos.
Job 42.7–17

¿Cree realmente que Dios puede y anhela satisfacer todas sus necesidades? La mayoría dirían que sí, pero cuando llegan las dificultades, surgen los problemas y se amontonan las desilusiones, nos preguntamos dónde está Dios y cómo podemos confiar en Él. Lo cierto es que el Señor no sólo es capaz de satisfacer todas nuestras necesidades, también puede colmar los deseos más profundos de nuestros corazones.
Algunos ponen en duda este razonamiento y dicen: «Yo sé que Dios es capaz de saciar mis necesidades, pero tal vez no quiere hacerlo ¿Acaso no sabe que estoy luchando?» El Señor conoce las batallas que usted enfrenta a diario.
Aunque todos nos hacemos preguntas de este tipo tarde o temprano, necesitamos aprender un principio más profundo, y se trata de cómo enfocar nuestra fe cuando estamos bajo prueba. Dios se ha comprometido a encargarse de nuestras necesidades, pero Él primero quiere saber que sí estamos comprometidos a vivir para Él.
Jesús les dijo a sus discípulos que no se preocuparan. Esta fue su exhortación para ellos: «buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mt 6.33). La exhortación consiste en una promesa y un compromiso de acción que podemos reclamar para nosotros. Dios sabe que tenemos necesidades emocionales y materiales como alimento, vivienda, vestuario y sentido de pertenencia. Jesús dijo claramente a sus seguidores que sus vidas no deberían enfocarse en productos materiales ni experiencias «gratas». Más bien, debían fijar sus corazones y poner su fundamento en Dios y en su reino, y así cada necesidad y deseo que tuvieran sería satisfecho.
El valor de cualquier compromiso se basa en dos factores:
1. La capacidad de aquel que promete para cumplir la promesa.
2. La integridad de quien hace la promesa, lo cual determina si tiene o no el carácter para llevar a cabo su cumplimiento.
Dios ciertamente califica en ambos aspectos. Él tiene toda la sabiduría, el poder y la capacidad necesarios para cumplir lo que nos ha prometido. También ha demostrado integridad, pues siempre cumple sus promesas. Él es absolutamente fiel a su Palabra; es santo e inmutable; Él nunca cambia. Sus mandamientos, estatutos y promesas no se han transformado; son el reflejo de nuestro Dios inmutable. Él «es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (He 13.8).
La promesa de Dios: Nuestro proveedor
Cuando usted tiene una necesidad insatisfecha, lo primero que necesita hacer es orar y decirle al Señor qué enfrenta. La oración es un acto de fe. Con ella usted declara su confianza en Dios y en su capacidad. Muchas veces Él permite que venga una necesidad para poder enseñarle a confiar en Él a un nivel mucho mayor. Ningún problema es demasiado complicado ni difícil para Él.
Estas son las preguntas serias que usted debe contestar: «¿Cómo estoy reaccionando en medio de mi circunstancia o situación?» También: «¿Estoy confiando en Dios o buscando frenéticamente una salida rápida del problema, sin descubrir qué quiere Él que yo aprenda?»
Jesús prometió que Dios se encargaría de sus necesidades si usted «busca primeramente su reino y su justicia». Esto significa que Él tiene la obligación de satisfacer sus necesidades cuando usted lo obedece fielmente y confía en Él. Cuando usted anda en armonía con Dios, Él asume toda la responsabilidad por la respuesta a sus necesidades, problemas, retos y circunstancias de la vida. Pero este es el secreto: Él hace esto de acuerdo a su voluntad, propósito, plan y tiempo. Además, satisfacer necesidades no significa necesariamente cumplir cada deseo que tengamos. Él puede optar por contestar nuestras oraciones rápidamente o puede esperar otra temporada. De cualquier forma, cuando la respuesta llegue será perfecta y nos dará ánimo.
Uno de los deseos más grandes de Dios para nosotros es que aprendamos a confiar en su sabiduría y su tiempo de hacer las cosas. ¿Tiene usted una noción preconcebida de cómo Él debe actuar en respuesta a sus necesidades, o a quién puede usar para satisfacerlas? Muchos han dicho: «Bueno, si aquel hiciera esto y lo otro, y aquella persona accediera a tales y tales términos, mi necesidad sería satisfecha». Otros quizás han dicho: «A ver, yo hice esto y aquello, así que ahora Dios debe hacer tal y tal cosa».
Las personas que hacen ese tipo de cálculos no están confiando en el Señor, sino exigiéndole que ejerza su poder para cumplir sus órdenes y deseos personales. Siempre que «tengamos esperado» que Dios se mueva de cierto modo, ya nos hemos perdido la lección más profunda que Él quiere que aprendamos.
La fe requiere confianza plena en Él, incluso cuando no entendemos por qué ha permitido que las circunstancias se den de cierto modo. Piense en todos los hombres y mujeres en la Biblia que confiaron en el Señor y ganaron una victoria maravillosa: Moisés, David, Ester, Jeremías, Elías, los discípulos, María y tantos más. Jamás deberíamos obedecer a Dios con la intención mezquina de manipular nuestra situación. Dios conoce nuestros corazones. Si estamos rendidos a Él, nuestra devoción será evidente y Él procederá a obrar para nuestro bien.
Dios nos llama a confiar en Él y sólo en Él, para satisfacer nuestras necesidades y ser nuestra fuente total de provisión. Además, el Señor requiere que lo obedezcamos como un aspecto implícito de confiar en Él. Por lo tanto, dígale: «Señor, confío en Ti totalmente para satisfacer mis necesidades, en Tu tiempo perfecto y conforme a Tus métodos. Quiero poner en el altar mis esperanzas, sueños y deseos egoístas. Moldéalos para que representen Tu voluntad para mi vida. Yo seguiré obedeciéndote, por el poder de Tu Espíritu, y creyendo que al hacerlo Tú vas a cuidar de mí». Usted puede contar con el amor, la sabiduría, el poder y la gracia de Dios. Él nunca le ha fallado. Él es el Dios que se interesa y que proveerá lo que usted necesite en el momento justo. Usted lo sabrá, porque Él lo hará con más abundancia de la que usted se haya imaginado.

Extraído de la Biblia Principios de Vida por Charles F. Stanley, © 2010.

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