14 jul. 2014

Posted by DR. Felix Muñoz | 23:57 | No comments
Discernimiento ejercitado

"Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben si los espíritus son de Dios. Porque muchos falsos profetas han salido al mundo. En esto conozcan el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne procede de Dios, y todo espíritu que no confiesa a Jesús no procede de Dios. Este es el espíritu del anticristo, del cual han oído que había de venir y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, ustedes son de Dios, y los han vencido, porque el que está en ustedes es mayor que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso, lo que hablan es del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios, y el que conoce a Dios nos oye; y el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el Espíritu de verdad y el espíritu de error - 1 Jn 4:1-6 (BMH)".

"El creyente debe ejercitar el discernimiento para diferenciar, desde un punto de vista bíblico y doctrinal, lo verdadero de lo falso que pueda ser enseñado hoy, teniendo en cuenta elementos esenciales de la fe como la revelación de Dios en Cristo Jesús (1 Jn 4:1-6)" - Félix Muñoz

Durante el siglo primero, la fe de los cristianos se vio duramente confrontada por la presencia de personas provenientes del gnosticismo. Uno de los movimientos gnósticos del periodo en que se escribió 1 Juan fue el cerintianismo. Esta era una doctrina gnóstica del primer siglo, llamada así por Cerintio, quien enseñaba que Jesús y Cristo eran dos seres distintos. Según esta creencia, Jesús no nació de una virgen sino naturalmente, mientras que Cristo fue un espíritu que vino sobre Jesús en el momento de su bautismo y que lo dejó antes de su crucifixión.

Estas ideas se difundieron por medio de varios escritos gnósticos conocidos como “Evangelios apócrifos”. Se les dio el nombre de “Evangelios” porque tenían semejanza con los cuatro que hablaban de Jesús y de sus enseñanzas, pero diferían de estos porque no eran utilizados para la proclamación de las buenas nuevas. Antes bien, pretendían contener palabras ocultas solo comprensibles para los iniciados en las escuelas gnósticas. Estos escritos contenían supuestos mensajes de Jesús que eran secretos y no revelados a todos; por eso se explica que para algunos cristianos fuera atractiva la presencia de estos maestros y falsos profetas en medio de la iglesia.

En Nag Hammadi, en 1945, apareció una amplia colección de códices antiguos que contienen enseñanzas gnósticas. Tanto ayer como hoy, estos escritos son utilizados para fomentar la idea de que la enseñanza cristiana basada en la confesión de fe de los apóstoles, plasmada para nosotros hoy en la Biblia, es insuficiente para conocer la revelación de Dios y, por lo tanto, se da lugar al mismo cuestionamiento del siglo primero sobre la divinidad de Jesús y la humanidad de Dios en Cristo.

Al hacer su respectivo análisis léxico sintáctico contextualmente, al Juan usar la palabra Amados del griego (agapëtoi). Es utilizada tres veces en este capítulo (1, 7, 11) tenemos este tierno apelativo de amor. Y por amor es que hace la afirmación “No creáis a todo espíritu” originalmente  (më panti pneumati pisteuete). Comunica «Dejar de creer en eso», Tal mensaje era por cuanto estaban siendo evidentemente arrastrados por los espíritus (motivaciones erradas de los falsos maestros) de error que se levantaban en medio de ellos, tanto los gnósticos docetistas como los cerintios (Anteriormente mencionados). La credulidad implica tener grandes tragaderas, y algunos creyentes caían fácilmente víctimas de las últimas modas de las patrañas espiritualistas (lo mismo que hoy día por falta de comunión y educación bíblica). Al expresar “los espíritus” (dokimazete ta pneumata). Hay que “ponerlos a la prueba” Eso daba a entender “pasarlos por el ácido de la verdad como lo hace un metalúrgico con los metales”. Si resiste la prueba como una moneda, es aceptable (dokimos, 2 Co. 10:18), y si no se rechaza (adokimos, 1 Co. 9:27; 2 Co. 13:5–7). Tales eran considerados entre los “muchos falsos profetas” (polloi pseudoprophëtai). Jesús había advertido a sus oyentes contra los tales (Mt. 7:15), incluso como falsos Cristos (Mt. 24:11, 24; Mr. 13:22). Es una vieja narración (Lc. 6:26) y reaparece una y otra vez en el NT (Hch. 13:6; Ap. 16:13; 19:20; 20:10) junto con los falsos maestros (2 P. 2:1). Tales “han salido” (exelëluthasin). Este es un perfecto de indicativo de la palabra “exerchomai”. Como en 1 Jn 2:19. Que da a entender que “Siempre se encuentran” o mejor dicho “Donde quiera hay y seguirá habiendo”.

Por ello sigue en su mensaje exponiendo “En esto conoced” del griego  (en toutöi ginöskete). Bien es indicativo que en base a tal conocimiento de las Palabras expresadas por Jesucristo, el creyente debe hacer «la prueba del Espíritu de Dios» (to pneuma tou theou) sólo aquí en esta Epístola, excepto el versículo 13. Con el clamor de voces de entonces y ahora, esto es importante. Sigue la prueba (en toutöi, como en 3:19). El mismo Espíritu Santo evidencia “Que Jesucristo ha venido en carne” (Iësoun Christon en sarki elëluthota). El texto y predicado correcto es un participio el cual se ve en (Jn. 9:22) el cual describe a Jesús como “ya venido en carne” (su humanidad real, no un cuerpo fantasmagórico como lo mantenían los gnósticos docetistas). Una prueba similar la propone Pablo para confesar la deidad de Jesucristo en 1 Corintios 12:3 y para la Encarnación y Resurrección de Jesús en Romanos 10:6–10. Esto da a entender que la obra del Espíritu siempre llevara al reconocimiento pleno de la deidad del hijo en la tierra, y toda enseñanza que niega esto no proviene de Dios.

Al observar (v.1) Históricamente, en el judaísmo se creía que la profecía procedía siempre del Espíritu de Dios, por eso era muy probable que algunos lograran confundir o engañar a los creyentes de la iglesia con profecías, dando a entender que eran por parte de Dios. Por esa razón, el apóstol recomienda no seguir esta costumbre, sino probar al que se presenta como de parte de Dios por medio del discernimiento de lo que predica o enseña conforme la única profecía segura (La Biblia). Históricamente, se dice que Ireneo afirmó una vez, con respecto a las herejías y al poder que estas tienen para confundir a los creyentes, que “la mentira no tiene poder alguno; el poder de la mentira está en la verdad que contiene”. En nuestro tiempo han surgido muchas corrientes religiosas que se presentan como verdaderas y confunden a muchos cristianos. Más aún: “algunas de ellas nacen, crecen y se reproducen dentro de las iglesias con tal éxito que pocos se atreven a cuestionarlas”.

Según (v.2) La prueba máxima para discernir si el que enseña procede del Espíritu de Dios consiste en la confesión de que Jesucristo vino en carne. Esta es una alusión directa a los gnósticos, que estaban enseñando en algunas iglesias que Jesús fue adoptado por la divinidad durante el bautismo y abandonado por ella durante la crucifixión. De esta manera, se negaba la plena divinidad de Jesús y la plena humanización de Dios.

Tales personas conforme la exposición (v.5) Ellos son del mundo, es decir, procedentes del mundo como su fuente (Jn 3:31). Aquí hay una referencia moral al mundo, y los falsos profetas están marcados por el mundo. Lo que hablan es del mundo o concerniente al mundo, el carácter de sus afirmaciones corresponde a su origen, por eso, quienes están moralmente sumergidos en el mundo los escuchan. Hay un cuestionamiento a quienes prestan atención y simpatía a estos profetas.

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