• JUAN 3:16

    16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna...

  • SALMOS 5:11

    11 Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre....

  • ROMANOS 14:17

    17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo....

26 dic. 2014

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¿Qué dice la Biblia sobre la posesión demoníaca? 
¿Es eso posible aún en la actualidad?

La Biblia da varios ejemplos de personas que fueron poseídas o influenciadas por demonios. De estos relatos, podemos conocer algunos síntomas de influencia demoníaca, así como adquirir conocimiento de cómo un demonio posee a alguien. Estos son algunos pasajes bíblicos: Mateo 9:32-33; 12:22; 17:18; Marcos 5:1-20; 7:26-30; Lucas 4:33-36; Lucas 22:3; Hechos 16:16-18. En algunos de estos pasajes, la posesión demoníaca causaba problemas físicos, tales como inhabilidad para hablar, síntomas de epilepsia, ceguera, etc. En otros casos causaba que el individuo actuara Aaon maldad; Judas sería el mejor ejemplo. En Hechos 16:16-18, un espíritu aparentemente daba a la joven esclava la habilidad de saber cosas más allá de su propio entendimiento. 

En el caso del endemoniado gadareno que estaba poseído por una multitud de demonios, tenía una fuerza sobrehumana, andaba desnudo y vivía entre los sepulcros. Dios permitió que el rey Saúl, después de haberse rebelado contra Él, fuera atormentado por un espíritu maligno (1 Samuel 16:14-15: 18:10-11; 19:9-10) con el efecto aparente de un estado de ánimo depresivo y un creciente deseo y disposición de matar a David. Por consiguiente, hay una amplia variedad de posibles síntomas de una posesión demoníaca, tales como un deterioro físico que no pueda ser atribuido a la presencia de un problema psicológico - cambios de personalidad tales como una fuerte depresión o una inusual agresividad, fuerza sobrenatural, una indiferencia por el pudor o una interacción social “normal”, y quizá la habilidad de compartir información de la que no hay manera natural de conocer. 


Es importante notar que casi todas, si no todas estas características, pueden tener otras explicaciones, así que es importante no etiquetar a cada persona deprimida, o individuo epiléptico como poseídos por demonios. Por otro lado, pienso que en nuestra cultura occidental, probablemente no tomamos muy en serio la actividad satánica en las vidas de la gente. Adicionalmente a estas características físicas o emocionales, uno también puede ver actitudes espirituales que muestran influencia demoníaca. Estas pueden incluir una resistencia a perdonar (2 Corintios 2:10-11) y la creencia y propagación de falsa doctrina, especialmente concerniente a Jesucristo y Su obra redentora (2 Corintios 11:3-4, 13-15; 1 Timoteo 4:1-5; 1 Juan 4:1-3). 

En lo concerniente a la implicación de demonios en las vidas de cristianos, el apóstol Pedro es una ilustración del hecho de que un creyente puede ser INFLUENCIADO por un demonio (Mateo 16:23). Algunos se refieren a cristianos que están bajo una FUERTE influencia demoníaca como “endemoniados”, pero no existe ningún ejemplo en la Escritura de un creyente en Cristo que haya sido POSEÍDO por un demonio, y casi todos los teólogos creen que un cristiano NO PUEDE ser poseído, porque tiene al Espíritu Santo morando dentro de él (2 Corintios 1:22; 5:5; 1 Corintios 6:19).



No se nos dice exactamente cómo se expone uno mismo a ser poseído. Si el caso de Judas es representativo, él abrió su corazón al mal (en su caso por su avaricia – Juan 12:6). Así es posible que si uno permite que su corazón sea gobernado por algún pecado habitual... se convierta en una invitación para que un demonio entre. De acuerdo a la experiencia misionera, las posesiones demoníacas también parecen estar relacionadas con la adoración de ídolos paganos y la posesión de objetos del ocultismo. La Escritura repetidamente relaciona la adoración de ídolos con la adoración a los mismos demonios (Levíticos 17:7; Deuteronomio 32:17; Salmo 106:37; 1 Corintios 10:20), así que no sería sorprendente que el involucrarse con esas religiones y prácticas asociadas con esos cultos pueda conducir a la posesión demoníaca.

Por todo esto, es mi opinión, que basándome tanto en los anteriores pasajes de la Escritura como en algunas de las experiencias de misioneros, que mucha gente abre sus vidas a la invasión demoníaca, al abrazar algún pecado o a través de involucrarse en una secta (ya sea consciente o inconscientemente). Los ejemplos pueden incluir inmoralidad; abuso de drogas y/o alcohol, al alterar éstos el estado de conciencia; rebelión; amargura; meditación trascendental, etc. En nuestra cultura occidental, podemos ver un incremento en la enseñanza de religiones orientales bajo la apariencia del movimiento de la “nueva era.”

Hay algo que no debe ser olvidado. Satanás y sus huestes del mal no pueden hacer nada a nadie, a menos que tengan el permiso de Dios (Job 1, 2). Y siendo este el caso, aunque Satanás crea que está alcanzando sus propios propósitos, realmente está cumpliendo los buenos propósitos de Dios.... aún en el caso de la traición de Judas. Algunas personas desarrollan una insana fascinación por el ocultismo y la actividad demoníaca. Esto es poco inteligente y antibíblico. Si nosotros seguimos a Dios con nuestras vidas; nos vestimos con Su armadura y dependemos de Su fuerza (no la nuestra) (Efesios 6:10-18), no tenemos nada que temer de las fuerzas del mal, porque ¡Dios gobierna sobre todas ellas!

Fuente: www.apostasiaaldia.org


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Por el buen camino
Dr. Charles Stanley

Fuente: youtube.com






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El Príncipe de Paz

Leer | Isaías 9.6, 7
Dr. Charles Stanley
El pasaje bíblico de hoy es uno de los típicos de Navidad. Nos encanta que un niño haya nacido en un establo, y que el Hijo de Dios nos haya sido dado desde el cielo. También encontramos mucho consuelo en sus nombres: “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (v. 6). Pero de vez en cuando podemos preguntarnos por qué hay tanto caos e inseguridad en el mundo si Jesús es el Príncipe de Paz. Aunque este versículo es, básicamente, una profecía en cuanto al futuro reino de Cristo, los títulos del Señor reflejan también su razón para venir al mundo hace 2.000 años, y de su actual ministerio para con nosotros.
La primera responsabilidad de Jesús, como el Príncipe de Paz, fue reconciliar a la humanidad pecadora con su Padre. Al pagar el castigo de los pecados del mundo, Él hizo posible que todos los que crean en Él tengan paz con Dios (Ro 5.1). Cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador personal, nuestros pecados son perdonados y nos convertimos en miembros de la familia de Dios.

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Cristo no solo logró nuestra paz con Dios; también nos da su paz (Col 3.15). Esta es una sensación de tranquilidad, calma y serena confianza que no depende de las circunstancias. Es como las profundidades del mar durante un violento huracán; hay turbulencia en la superficie, pero a 30 metros de profundidad, todo está tranquilo.
Con el agite de la Navidad, la serenidad es algo que todos anhelamos, pero a menudo parece fugaz. La única manera de tenerla es dejando que el Príncipe de Paz gobierne nuestras vidas.



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¿Cómo será el cielo?
Dr. Armando Alducin

Fuente: www.youtube.com


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La paz de Cristo
Leer | Juan 14.25-28; 16.1-7

¿Ha pensado usted alguna vez en la sociedad en la que nació el Salvador? Cantamos “Noche de paz, Noche de amor”, pero la paz y la serenidad caracterizaron poco al tiempo en que el Señor Jesús vivió. En los dos años siguientes a su nacimiento, Herodes se sintió muy amenazado por la noticia de la llegada del rey judío. Su reacción fue ordenar la matanza de todos los niños de Belén, de dos o menos años de edad. Pero Dios protegió a Jesús advirtiendo a José que llevara a su familia a Egipto (Mt 2.13-16).


Las violentas y peligrosas condiciones del imperio Romano no mejoraron con el tiempo. La pobreza y la esclavitud eran comunes, y las crucifixiones públicas infundían temor. En los últimos días antes de morir en la cruz, Jesús le prometió a sus discípulos darles su paz, y les dijo que no tuvieran temor (Jn 14.27); pero también les dijo que los dejaría (v. 28), y que serían odiados, expulsados de las sinagogas e incluso asesinados (15.18; 16.2).

Por estos versículos, es evidente que la paz de Cristo no es un producto de las circunstancias tranquilas. Lo cual es una buena noticia, porque no importa cuán caótica pueda ser nuestra vida, podemos tener serenidad por medio del Espíritu Santo que vive dentro de cada creyente. 
Es por eso que nuestra primera reacción en situaciones preocupantes, debe ser leer y meditar en las Sagradas Escrituras. Luego, al obedecer los mandamientos de Cristo, su vida fluye a través de nosotros como la savia de la vid a una rama (Jn 15.1-5, 10). Jesús describió esto como una relación permanente. Y dondequiera que more el Espíritu de Cristo, allí también estará su paz.

Fuente: www.encontacto.org

24 dic. 2014

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Jesús es el Señor
Dr. Armando Alducin

Fuente: youtube.com





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La luz del mundo
Leer | Juan 1.1-5

El libro de Malaquías contiene las últimas profecías de Dios registradas en el Antiguo Testamento. En el período intertestamentario, como son conocidos los cuatro siglos posteriores, no hubo ningún mensaje de Dios a su pueblo. Zacarías, el padre de Juan el Bautista, rompió el silencio de 400 años cuando profetizó que “nos visitará desde el cielo el sol naciente, para dar luz a los que viven en tinieblas” (Lc 1.78, 79 NVI).

Zacarías estaba anunciando el nacimiento de Jesús en un mundo espiritualmente en tinieblas. Pablo se refirió de esta manera a la condición de la humanidad sin Cristo: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” (Ro 1.21). El estado de los no creyentes de hoy es el mismo que ha sido siempre. Las tinieblas afligen la Tierra, porque las personas viven con una sensación de frustración y vacío, en su intento por satisfacer los apetitos de la carne que nunca se satisfacen.




La luz de Jesucristo nos permite vernos como lo que somos: pecadores con la necesidad de un Salvador. Recibir a Jesucristo como Salvador significa que nuestros pecados son perdonados, y la sentencia de muerte anulada. La luz del Hijo de Dios tiene un segundo propósito para el creyente. El Señor Jesús nos ilumina el camino correcto en la vida, por lo que no tenemos que rendirnos a la tentación. Quien decide andar en la luz —obedeciendo los mandamientos de Dios, y buscando vivir de acuerdo con su dirección— no puede andar en tinieblas (Jn 8.12).

Fuente: www.encontacto.org


23 dic. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 20:16 | No comments

Una razón para celebrar

En la temporada navideña, de lo que más pensamos en cuanto a la vida de Jesús es, por supuesto, su nacimiento. Usted escucha predicaciones acerca de ese tema, ve pesebres por todas partes, y tal vez hasta note que se hace referencia a la historia de Belén en los medios seculares. Pero lo que olvidamos con facilidad en esta época del año, es la razón por la que vino ese pequeño bebé. Nació para morir.
Ahora bien, es posible que a usted no le guste pensar en eso. Puede ser que esté preparando comida para una reunión familiar o decorando hermosamente su casa, y por eso no quiere pensar en la muerte brutal que esperaba al tranquilo bebé que se encuentra en el centro de la escena del pesebre. Sin embargo, ¿cómo podemos realmente celebrar el nacimiento de Cristo, sin tener en cuenta la razón de su venida?

El Señor Jesús tuvo un propósito en la vida. Desde el momento que apareció aquella noche en Belén, vivió su vida en misión para el Padre. Vino a mostrarnos quién es Dios realmente. Vino a enseñarnos cómo vivir, andar y hablar como personas espirituales. Pero lo más importante, vino para que nosotros pudiéramos tener la relación plena e íntima con el Padre que Él conocía tan bien. La tarea del Señor Jesús fue lograr nuestra salvación. Esa victoria le costaría su vida.
Por tanto, al celebrar la Navidad, no perdamos nuestro enfoque. Al poner nuestras alabanzas al pie del pesebre, no olvidemos que Él vino para que podamos poner nuestros pecados al pie de la cruz. Este es el regalo de Navidad del Señor Jesús para usted.
Fuente: www.encontacto.org

21 dic. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 07:45 | No comments
Cómo encontrar el favor de Dios
Leer | Génesis 6.7-9


La gente se esfuerza por ganarse la aprobación y el apoyo de los jefes, los padres o los amigos. Como creyentes, anhelamos el favor de Dios, y qué bendición tan grande es que Él nos lo concede libremente: “Cuán grande es tu bondad, que atesoras para los que te temen, y que a la vista de la gente derramas sobre los que en ti se refugian” (Sal 31.19 NVI).

Lamentablemente, muchos no prestan atención a las evidencias de la bondad de Dios. Él provee para las necesidades, pone un límite a los sufrimientos, escucha y responde las oraciones y concede los deseos del corazón. La ayuda, el aliento y la provisión son bendiciones del Todopoderoso. Todo lo bueno que se nos cruza en el camino procede de su mano (Stg 1.17).


Pero el favor de Dios no es caprichoso, como algunos creen; Él no muestra bondad a algunos, y la niega a otros por capricho. Las acciones de un creyente como resultado de la fe son las que marcan la diferencia. Pensemos en Noé, quien “caminó con Dios” (Gn 6.9). El deseo de Noé de mantener una relación correcta con el Señor cada día, y su adoración a Él, tuvieron como resultado que toda su familia fue salvada del diluvio que limpió a la Tierra. Ese es un ejemplo verdaderamente impresionante del favor divino.
Otra manera que tenemos para encontrar el favor de Dios es acatando sus mandamientos (Pr 3.1-4). Los creyentes deben deleitarse en la Palabra de Dios para conocer la voluntad del Señor y poner en práctica sus preceptos. Cuando nuestro corazón está inclinado hacia nuestro Padre celestial, nos volvemos más como Él. Por tanto, su favor se vierte en cada rincón de la vida del creyente.
Fuente: www.encontacto.org

20 dic. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 18:52 | No comments

La luz del mundo

Leer | Juan 1.1-5
El libro de Malaquías contiene las últimas profecías de Dios registradas en el Antiguo Testamento. En el período intertestamentario, como son conocidos los cuatro siglos posteriores, no hubo ningún mensaje de Dios a su pueblo. Zacarías, el padre de Juan el Bautista, rompió el silencio de 400 años cuando profetizó que “nos visitará desde el cielo el sol naciente, para dar luz a los que viven en tinieblas” (Lc 1.78, 79 NVI).
Zacarías estaba anunciando el nacimiento de Jesús en un mundo espiritualmente en tinieblas. Pablo se refirió de esta manera a la condición de la humanidad sin Cristo: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” (Ro 1.21). El estado de los no creyentes de hoy es el mismo que ha sido siempre. Las tinieblas afligen la Tierra, porque las personas viven con una sensación de frustración y vacío, en su intento por satisfacer los apetitos de la carne que nunca se satisfacen.




La luz de Jesucristo nos permite vernos como lo que somos: pecadores con la necesidad de un Salvador. Recibir a Jesucristo como Salvador significa que nuestros pecados son perdonados, y la sentencia de muerte anulada. La luz del Hijo de Dios tiene un segundo propósito para el creyente. El Señor Jesús nos ilumina el camino correcto en la vida, por lo que no tenemos que rendirnos a la tentación. Quien decide andar en la luz —obedeciendo los mandamientos de Dios, y buscando vivir de acuerdo con su dirección— no puede andar en tinieblas (Jn 8.12).
Fuente: www.encontacto.org



14 dic. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 03:19 | No comments
Tres misterios de la vida 
Dr. Armando Alducin

Fuente: www.youtube.com





13 dic. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 19:35 | No comments

¿Cuál es la naturaleza de una verdadera fe salvadora?


Dr. John MacArthur


La Escritura claramente indica que lo necesario para la salvación es ejercer una “verdadera fe salvadora” en Cristo. La fe es un instrumento que Dios usa para traer a individuales a una relación salvadora con Él. No es decir que la fe es la fundación de nuestra salvación; sino, es el canal por la cual Dios nos concede la salvación. El teólogo B.B. Warfield dijo, “El poder salvador de la fe reside no en sí mismo, pero sino en el Salvador Todopoderoso en quien resta…No es, hablando estrictamente, la fe en Cristo que salva, pero es Cristo quien salva por medio de la fe”.
La fe viene al creyente como regalo de Dios. No es algo que un individuo es capaz de crear por sí mismo. Si la fe fuera algo que el hombre tuviera que crear, él estaría en una posición de tomar crédito parcial por su propia redención. Pero un concepto así es extraño a los escritores de la Escritura. Pablo anticipó que los hombres iban a tender a jactarse de su parte en la salvación cuando él escribió que la fe (uno de los componentes de la salvación) “es don de Dios…para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Como C. H. Spurgeon le gustaba decir, la salvación es “todo por gracia”.

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La fe viene como resultado de la regeneración del Espíritu Santo – Él acelera nuestros corazones para poder creer. Aparte de este nuevo nacimiento, no puede haber una fe verdadera. Por tanto, la fe, aunque se manifieste en acción, viene como resultado de la obra de Dios en nosotros. Dios nos concede la fe y esa fe es evidente a través de nuestras buenas obras que “Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).

La Biblia dice que si creemos en el Señor Jesucristo seremos salvos. Pero, la Biblia no presenta la fe como simplemente “una aprobación mental a los datos del evangelio”. Una verdadera fe salvadora incluye el arrepentimiento del pecado y una confianza completa en la obra de Cristo para salvar del pecado y para justificar a las personas. Los reformadores hablaban de tres aspectos de la fe: reconocimiento de las concesiones de la verdad del evangelio, reconocimiento de su veracidad y exacta respuesta a las necesidades espirituales del hombre, y de un compromiso personal con el Señor Jesucristo quien, por virtud de Su muerte, provee el único sacrificio suficiente para el pecado personal de uno. Cualquiera de estos tres aspectos de la fe, solo, es insuficiente para cumplir la definición bíblica de una fe salvadora. Sin embargo, la presencia de los tres componentes juntos resulta en una fe salvadora. En otras palabras, una fe salvadora consiste de elementos mentales, emocionales y volitivos. Una fe salvadora incluye ambos la mente y la voluntad.

Además de llamarnos a creer en el Señor Jesucristo, el Nuevo Testamento usa varias cifras de expresión para describir la naturaleza de una fe salvadora. Tal vez el más vivido de estas referencias figurativas se encuentra en las palabras de Jesús en el sermón del monte: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6). En este pasaje, Jesús compara una verdadera fe a estar hambriento y sediento. El incrédulo, por virtud de la obra de regeneración del Espíritu Santo, reconoce su necesidad de la nutrición y refrigerio y viene a Jesús pidiéndole que llene su necesidad. Esta es un cuadro lindo de la fe. Primero, hay un reconocimiento de la afirmación de Jesús de ser el “pan de vida” (Juan 6:35) y el poseedor del “agua viva” (Juan 4:10). Segundo, el incrédulo está convencido que la promesa de Jesús es realmente verdadera y que corresponde con exactitud a su profunda hambre y sed. Finalmente, el incrédulo actúa – él le pide a Jesús que le satisfaga su hambre y sed. La verdadera fe escucha, cree, y responde activamente.  


Posted by Refrigerio Bíblico | 18:42 | No comments

Lecciones de una buena vida

La segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo fue escrita desde la cárcel. Esta vez, estaba seguro de que el emperador lo haría ejecutar. Pero el fiel siervo de Dios estaba preparado para dar el siguiente paso de fe.
No debe sorprendernos que Pablo enfrentara la muerte con esa tranquila aceptación. Él vivió cada día —desde su conversión en el camino a Damasco, hasta sus momentos finales— sirviendo a Dios, lo que significaba soportar cualquier adversidad en el nombre de Jesús. “He peleado la buena batalla”, escribió a Timoteo. Por sus cartas, sabemos que Pablo batalló con los mismos enemigos que nosotros enfrentamos —la carne, el mundo y Satanás (Ro 7.14-251 Co 4.11-13;Ef 6.12). Por eso, cuando usted se sienta tentado a pensar que Pablo era más santo que usted, medite en estos pasajes. Él perseveró por fe, y lo mismo debemos hacer nosotros.

A pesar de su gran sabiduría y de su capacidad como apóstol, misionero y líder de la iglesia, Pablo no era muy diferente a nosotros. No fue perfecto, y tuvo derrotas espirituales. Pero no se quedaba caído. Volvía de nuevo a la lucha. Por esta razón, y por la vida que había vivido, sabía que le aguardaba una rica recompensa en la eternidad. Dijo, además, que los tesoros del cielo eran no solamente para él, sino también para todos los que amaban la venida del Señor Jesús (cp. 2 Ti 4.8).
El apóstol Pablo tuvo las mismas luchas que tiene todo creyente. Pero conservó la fe, y usted puede hacer lo mismo. Pelee la buena batalla, hermano. Enfrente sus enemigos eligiendo poner su confianza y obediencia en el Señor. Así lo honrará, y almacenará tesoros en el cielo.
Fuente: www.encontacto.org
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El otro regalo de Dios al mundo

Hay una razón por la que todavía estamos esperando que haya paz en la Tierra.

por John Greco

Era un caluroso día de julio, y todas las ventanas de mi automóvil estaban abiertas. Estaba atrapado en el tráfico de la mañana, y mientras avanzábamos a paso de tortuga, noté que un hombre con barba se me quedó mirando sonriente. Sí, era el mes de julio, pero yo estaba escuchando música de Navidad, al parecer lo suficientemente alta como para que los demás conductores se dieran cuenta.
Puede ser que estaba rompiendo algún tipo de tradición, pero no lo pude evitar, pues me encanta la Navidad —y siempre anhelo que llegue. Por tanto, la música comienza temprano, recordándome el nacimiento de Jesús, reviviendo recuerdos de navidades pasadas, y creando en mí una expectativa cada vez mayor de que, gracias a la encarnación, la vida en este mundo nunca será la misma.
La Navidad y la expectativa parecen acoplarse. Siempre ha sido así desde el principio. Incluso antes de que nadie supiera qué esperar —que Dios mismo vendría para nacer de una virgen— había la expectativa de que Dios actuaría para poner en orden las cosas.
El otro regalo de Dios al mundo
La primera música de Navidad comenzó en el huerto del Edén como un susurro. En medio del castigo del Rey, se podía detectar una canción de esperanza: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gn 3.15). Aunque este mundo había sido arruinado por el pecado, Dios tenía planes para arreglar las cosas. Enviaría a un Libertador para llevar a cabo su voluntad, a medida que moldeaba al mundo y escribía la historia de la humanidad.
La canción continuó cuando Dios le hizo promesas específicas a Abraham (Gn 12.2, 3). Estuvo allí, cuatro siglos después en Egipto, cuando Dios ordenó a cada familia de su pueblo que sacrificara un cordero sin mancha, y que marcaran sus casas con su sangre (Ex 12.1-13). En el desierto, y en la tierra que había prometido, Dios apuntaba hacia Cristo en cada sacrificio de animales que hacía el pueblo; cada holocausto era una imagen de la salvación que vendría.
Con el rey David, la canción se hizo más perceptible al prometerle Dios un reino eterno en cuyo trono se sentaría siempre uno de sus descendientes (2 S 7.12-17). Y cuando Dios levantaba profetas para que hablaran a Israel y a Judá, anunciaba la venida de un Mesías —el que redimiría al pueblo de sus pecados, sufriría para sanar, y traería justicia y paz a nuestro mundo (Sal 130.8Is 11.1-1053.5). La historia de Israel en el Antiguo Testamento es la historia de un pueblo que aguardaba con esperanza la Navidad.




Y así, cuando se abre el Nuevo Testamento, la expectativa seguía presente en sus páginas. Habían sido más de 400 años desde que el último profeta de Judá dejó su pluma. Pero ¿dónde está la promesa de liberación que Dios prometió? ¿Dónde están el trono de David y el Mesías que habría de sentarse en él para siempre? ¿Y dónde está la justicia?

El otro regalo de Dios al mundo
En Mateo y Lucas, esa expectación se convierte en gozo. María proclama: “Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos” (Lc 1.52, 53). Mientras el bebé estaba todavía en su vientre, ella da la bienvenida al reino que Él iniciaría. De manera semejante, Zacarías, el padre de Juan el Bautista, dice: “Bendito el Señor Dios de Israel, que ha visitado y redimido a su pueblo” (v. 68). Para Zacarías, la salvación de Dios era cierta, tan cierta, que se refirió a ella en tiempo pasado.
Cuando leo la historia de la Navidad, lo hago con un corazón dividido. Me emociona pensar en el nacimiento de Jesús —todo lo que eso comenzó por su vida, muerte y resurrección. Pero también me siento triste porque este mundo no ha cambiado mucho. La injusticia sigue presente entre las naciones de la Tierra, los hambrientos siguen siendo rechazados, y el sufrimiento del pueblo de Dios no disminuye. ¿Qué pasó con toda esa paz en la Tierra, y la buena voluntad para con los hombres?
O tal vez haya algo más que esperar que un regalo —un regalo de Navidad que haga que todos los demás obsequios tengan importancia. Hay un atisbo de este regalo oculto en uno de los pasajes del Evangelio de Mateo:
“Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos” (Mt 2.16).




Un ángel se le apareció a José en un sueño, y la familia huyó (vv. 13-15). Pero ¿ha pensado usted alguna vez en el extraño hecho de que el Hijo de Dios viniera a la Tierra para tener que huir? Por un lado, pienso que Él no tenía que haberlo hecho. Su padre pudo haber hecho llover fuego del cielo cuando surgió el primer pensamiento sanguinario en la mente de Herodes; o pudo haberse opuesto a las espadas de los soldados con una legión de ángeles, pero no lo hizo. Permitió que el mal continuara, aun cuando su Hijo había venido para ponerle fin, de una vez por todas.
El otro regalo de Dios al mundo
La respuesta de Dios a Herodes (o lo que parece ser su falta de respuesta) es una medida de su gracia. Por ahora, Dios prefiere convertir en hijos a sus enemigos, antes que destruirlos. En vez de derramar su juicio sobre la humanidad pecadora, la derramó sobre Cristo. Y mientras esperamos que Dios renueve este mundo, Él también está esperando para llevar a sus hijos al hogar celestial.
Dios ha prometido que se acerca un día de juicio, y esa es una declaración de la que podemos estar seguros. Al mirar nuestro mundo, vemos nuevas atrocidades cometidas a diario. Pero Dios no hace llover fuego. En vez de eso, se entristece con los enlutados, y ofrece una vida nueva por el sacrificio de su Hijo. Cada Navidad recibimos un regalo maravilloso: un recordatorio tangible de la paciencia de Dios.
Para aquellos de nosotros que miramos el cielo de noche y le preguntamos a Dios: “¿Cuánto tiempo más?”, tenemos la siguiente respuesta: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P 3.9). Aunque vivimos en el otro lado de la Navidad, nos encontramos, al igual que nuestros semejantes del Antiguo Testamento, esperando que Dios cumpla sus promesas. Dios sigue teniendo paciencia, y actuando por medio de usted y de mí para traer muchos a la gloria. Pero, gracias a que Jesús ha venido, podemos unirnos a la canción que María y Zacarías cantaron, sabiendo que ha amanecido un nuevo día, aunque algunos de sus acontecimientos todavía no se han desarrollado.
Cuando celebramos la Navidad, recordamos la esperanza que tenemos en Cristo, la gracia divina y el día en que la Luz se abrió paso por primera vez a través de la oscuridad. Un día, la Luz destruirá la oscuridad; pero, por amor a nosotros y —gracias sean dadas a Dios— por amor a quienes aún no han escuchado la buena noticia, ese día todavía no ha llegado.

Posted by Refrigerio Bíblico | 17:45 | No comments
¿Qué es el arrepentimiento y es éste necesario para la salvación?

Muchos entienden el término “arrepentimiento” como “volverse del pecado”. Esta no es la definición bíblica del arrepentimiento. En la Biblia, la palabra “arrepentirse” significa “cambiar tu mente.” La Biblia también nos dice que el verdadero arrepentimiento tendrá como resultado un cambio de conducta (Lucas 3:8-14; Hechos 3:19). Hechos 26:20 declara, “sino que anuncié......, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” La total definición bíblica del arrepentimiento, es cambiar de mentalidad, mismo que resulta en un cambio de acciones y actitudes.


¿Cuál es entonces la conexión entre el arrepentimiento y la salvación? El Libro de Los Hechos parece enfocarse especialmente en el arrepentimiento con respecto a la salvación. (Hechos 2:38; 3:19; 11:18; 17:30; 20:21; 26:20). El arrepentimiento, relacionado con la salvación, es cambiar tu parecer respecto a Jesucristo. En el sermón de Pedro en el día de Pentecostés (Hechos capítulo 2), él concluye con un llamado a la gente a arrepentirse (Hechos 2:38). ¿Arrepentirse de qué? Pedro está llamando a la gente que rechazaba a Jesús (Hechos 2:36), para que cambiaran su idea acerca de Él, que reconocieran que Él es verdaderamente “Señor y Cristo” (Hechos 2:36). 

Pedro está exhortando a la gente a cambiar su mentalidad del rechazo a Cristo como el Mesías, a la fe en Él como Mesías y Salvador. El arrepentimiento y la fe pueden ser entendidos como “dos lados de la misma moneda.” Es imposible poner tu fe en Jesucristo como el Salvador, sin primeramente cambiar tu mentalidad acerca de quién es Él, y lo que Él ha hecho. Ya sea el arrepentirse de un rechazo obstinado, o arrepentirse de ignorancia y desinterés – es un cambio de mentalidad. El arrepentimiento bíblico, en relación con la salvación, es cambiar tu mentalidad del rechazo a Cristo a la fe en Cristo. Es crucialmente importante que entendamos que el arrepentimiento no es una obra que hagamos para ganar la salvación. Nadie puede arrepentirse y venir a Dios, a menos que Dios atraiga a esa persona hacia Él (Juan 6:44). 

Hechos 5:31 y 11:17 indican que el arrepentimiento es algo que da Dios – sólo es posible por Su gracia. Nadie puede arrepentirse a menos que Dios le conceda el arrepentimiento. Toda la salvación, incluyendo el arrepentimiento y la fe, es el resultado de Dios acercándonos, abriendo nuestros ojos, y cambiando nuestros corazones. La paciencia de Dios nos conduce al arrepentimiento (2 Pedro 3:9), como lo hace Su bondad (Romanos 2:4)

Mientras que el arrepentimiento no es una obra que gana la salvación, el arrepentimiento para salvación da como resultado las obras. Es imposible verdadera y totalmente cambiar tu mentalidad sin que esto cause un cambio en tus actos. En la Biblia, el arrepentimiento resulta en un cambio de conducta. Esto es por lo que Juan el Bautista exhortaba a la gente con estas palabras, “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” (Mateo 3:8). Una persona que verdaderamente se ha arrepentido de rechazar a Cristo y a la fe en Cristo, lo hará evidente por un cambio en su vida (2 Corintios 5:17; Gálatas 5:19-23; Santiago 2:14-26). 

El arrepentimiento, propiamente definido, es necesario para la salvación. El arrepentimiento bíblico es cambiar tu parecer acerca de Jesucristo y volverte a Dios en fe para salvación (Hechos 3:19). Volverse del pecado no es la definición del arrepentimiento, pero es uno de los resultados de la fe genuina basada en el arrepentimiento respecto al Señor Jesucristo.

Fuente: www.apostasiaaldia.org


12 dic. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 20:09 | No comments
Cuando otros nos fallan 
Dr.Charles Stanley

Fuente: youtube.com





Posted by Refrigerio Bíblico | 19:13 | No comments

 Seis Caracteristicas del Nuevo Nacimiento-Parte 1

Dr. Adrian Rogers


Fuente: Lumbrera on Vimeo



Posted by Refrigerio Bíblico | 19:03 | No comments

Seis Caracteristicas del Nuevo Nacimiento parte 2

Dr. Adrian Rogers


Fuente:  Lumbrera on Vimeo.



Posted by Refrigerio Bíblico | 18:19 | No comments
El Señor de nuestra vida


La palabra Señor no debe utilizarse casualmente. Cuando aparece en relación con Jesucristo, se refiere al Dios que es soberano sobre la vida y toda la creación. En griego, este título para Jesús es kurios —aquel que gobierna la vida de otros para el bien de ellos.

Recuerdo la vez que, estando hospitalizado hace algunos años, llegué a reconocer que estaba allí porque Cristo no era el Señor de mi vida. Si alguien hubiera estado observando mi vida en ese tiempo, probablemente le habría parecido que yo estaba sirviendo a Dios con todo mi ser. Pues, estaba sobrecargado de proyectos y planes para la obra del reino. Pero ese era, en realidad, el problema. Cuando Dios me dijo que me detuviera, que redujera la velocidad, o que hiciera algo diferente a lo que ya había planeado, seguí adelante. Postrado en esa cama del hospital, estuve el tiempo suficiente para que el Señor me recordara que Él era el único que podía dirigir mi camino (Jer 10.23).





Usamos la palabra Señor en la conversación y en nuestras oraciones, pero después olvidamos su significado cuando desafiamos su voluntad y su trabajo en nuestra vida. Nuestra resistencia es, por lo general, sutil. Por ejemplo, un creyente puede poner condiciones para obedecer, diciendo: “Haré lo que Dios me diga si . . .”, o “Quiero hacer lo que es correcto, pero . . .”
La pregunta del Señor Jesús a sus discípulos en Lucas 6.46 debió haberse sentido como un puñal en el corazón: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Si hacemos una súplica al Señor, tenemos que estar listos para obedecerle sin pretextos. Él es quien nos gobierna para nuestro bien.

Fuente: www.encontacto.org


Posted by Refrigerio Bíblico | 17:46 | No comments

Un amigo constante

¿No es curioso lo que Dios puede utilizar para enseñarnos las cosas más fundamentales? El libro de Proverbios nos dice que si queremos ser sabios, ¡debemos mirar a una diminuta hormiga! Si somos capaces de aprender sabiduría viendo la manera en que actúan las hormigas, ¿dónde más podemos encontrar algunas lecciones importantes?
Permítame contarle algo que me sucedió. Durante muchos años, tuve un perro —un schnauzer alemán que se llamaba Rommel. Todas las tardes, cuando llegaba con mi auto a casa, Rommel corría a saludarme. Muchas veces, parecía como si estuviera diciendo: “¡Bienvenido a casa, señor! ¡Todo está bajo control aquí!”



Ahora bien, a veces tenía que corregir a Rommel por algo que había hecho, o por causar algún accidente en la casa una que otra vez. Sin embargo, no importa lo que yo hiciera —ya fuera disciplinarlo, jugar con él o ignorarlo— él nunca parecía amarme menos. Rommel siempre estaba feliz de verme, y en todo momento quería estar conmigo.
Un día, mientras estaba jugando con mi mascota, el Señor grabó una verdad en mi corazón. Miré a ese perro, y le dije: “Rommel, no importa lo que yo haga, tú siempre me amas. Me gustaría ser la clase de amigo que eres”.
Esta toma de conciencia me enseñó algo en cuanto al Señor. Él nunca cambia, y su amor nunca disminuye, no importa lo que yo haga o cómo le trate. El Señor es el mismo ayer, hoy y mañana. Y su amor es siempre constante. Si un perro puede ilustrar con su ejemplo esta sencilla verdad, nosotros no debemos desear hacer menos.

9 dic. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 03:27 | No comments

El derecho a entrar al paraíso

La muerte es inevitable. El ladrón en la cruz sabía cuándo ocurriría la suya, pero la mayoría de nosotros no podemos predecir la nuestra. Después de su muerte, el criminal crucificado fue a vivir en el paraíso con el Señor. De la misma manera, habrá quienes vivirán eternamente en la presencia de Dios, y quienes sufrirán el tormento eterno, separados de Él por toda la eternidad.
Si ponemos nuestra fe en el Señor Jesús como Salvador, el castigo que merecemos por nuestro pecado es pagado, somos adoptados en la familia de Dios, y el cielo es nuestro hogar eterno. Pero si rechazamos al Señor Jesús, nos mantenemos alejados de Dios y bajo condenación por nuestro pecado, destinados a enfrentar la condenación eterna. Dios no prestará oídos a ninguna excusa, porque no hay ninguna defensa aceptable por la incredulidad (Hch 4.12).



Únase a la familia de Dios, hoy mismo. Reconozca su pecaminosidad y declare su fe orando de la siguiente manera: “Señor, he pecado contra ti; he seguido mi propia voluntad, y he rehusado darte el derecho de gobernar mi vida (Ro 3.10-12, 23). Reconozco que estoy separado de ti, y que no puedo salvarme a mí mismo. Creo que Jesucristo es tu Hijo. Acepto que su muerte en la cruz pagó toda mi deuda de pecado, y te pido que me perdones (1 Co 15. 3, 4; 1 Jn 1.9). Por fe, recibo al Señor Jesús como mi Salvador personal en este momento”. Si usted hizo esta oración a Dios, entonces, al igual que el ladrón en la cruz, ha recibido la salvación, un regalo de la gracia de Dios.
¡Gracias al Señor Jesús, el derecho a entrar en el paraíso le pertenece ahora!

Fuente: www.encontacto.org

7 dic. 2014

Posted by Refrigerio Bíblico | 11:08 | No comments
La pasión de Dios por Su Gloria 
[Subtitulado Español]

Dr. John Piper

 from Lumbrera on Vimeo




Posted by Refrigerio Bíblico | 09:25 | No comments
Dios con nosotros
En la Navidad lo que importa es la presencia de Jesús.

La Navidad puede afectar de maneras diferentes a las personas. Por casi un mes muchos cristianos y muchas iglesias se embarcan en un frenético modo de funcionamiento para festejar. Aumentan las decoraciones; las estaciones de radio transmiten las mismas veinticinco canciones hasta la saciedad; se hace más larga la lista de cosas por hacer; aumentan los gastos; abundan los platillos de comida; se intercambian regalos; se estrenan vestidos relucientes; y se ofrecen grandes fiestas.

En algún momento, en medio de toda la algarabía, podemos escuchar el nombre de Jesús o percibir un atisbo de su gloria. Esto no quiere decir que Él esté ausente, sino que a veces su presencia es difícil de percibir en medio de tantas distracciones.






Irónicamente, la esencia de la Navidad es precisamente eso. La presencia de Jesús. Cantamos “Oh Ven, Emanuel” (No. 54, Himnario Bautista), y recordamos que este nombre, pronunciado por Isaías siete siglos antes del nacimiento del Salvador, significa “Dios con nosotros”. El profeta predijo la llegada de un niño nacido de una virgen, que viviría en la Tierra como Dios encarnado, y que después moriría para pagar nuestra deuda de pecado (Is 7.1453.5), para hacer posible que el hombre disfrutara de la eternidad junto a Él. Pero debemos reconocer que el interés de Dios en tener una relación con la humanidad no se limitó al breve período de tiempo que tuvo lugar hace 2.000 años.

Lea
• Génesis 16.6-1422.9-18. Desde el primer capítulo de la Biblia (Gn 1.28), el Señor se ha dado a conocer al hombre de varias maneras, por medio de una voz audible, de inspiración, de sueños y de visiones. Además, la Sagrada Escritura habla de las apariencias visibles de Dios, conocidas como “teofanías”. El visitante de Abraham que predijo el embarazo milagroso de Sara; y el que luchó con Jacob, eran claramente divinos Gn 18.13, 1432.29, 30). Igualmente, el hombre con el que se encontró Josué antes de liderar la campaña de Jericó, o Aquel que se le presentó a Moisés delante de la zarza ardiente (Jos 5.15).

• Otros pasajes hablan de “el ángel de Jehová”, que se apareció a hombres y mujeres. Los eruditos bíblicos nos dicen que, en el Antiguo Testamento, esta fraseología —con el artículo definido “el”— indica que no es un ángel común, sino el Cristo preencarnado. Génesis 16apoya esta idea, ya que “el ángel” tenía el poder de multiplicar la descendencia de Agar (v. 10), y ella lo reconoció como Dios (v. 13). Unos pocos capítulos más adelante, cuando “el ángel” se aparece de nuevo a Abraham para evitar que Abraham sacrificara a Isaac, se refiere a sí mismo como Jehová (22.11, 1216).
Dios con nosotros
• Juan 1.1-59-14. Las palabras iniciales del Evangelio de Juan no se leen tradicionalmente en los servicios de Navidad, porque no mencionan específicamente el nacimiento de Jesús; pero expresan de una manera clara y a la perfección la iniciativa de Dios de vivir entre sus amadas criaturas, y dar el derecho de ser llamados sus hijos a quienes creen en Él.
• Mateo 28.20bJuan 14.1-415-18Hechos 2.1-4. Antes y después de su crucifixión, Jesús le aseguró a sus discípulos que siempre estaría con ellos. No solamente les daría su Espíritu Santo para que morara en los hijos de Dios durante su vida terrenal; también iba a prepararles un lugar en el cielo, donde los creyentes disfrutarían toda la eternidad en su presencia.
• Apocalipsis 21.1-8. En los dos últimos capítulos de la Biblia, Juan hace una detallada descripción de este hogar eterno. Los versículos 3 y 4 del capítulo 21 son especialmente conmovedores. Dicen que el cielo no es simplemente una recompensa para quienes sigan fielmente a Cristo, ni es para el disfrute del creyente; es para el deleite del Señor. Su deseo de relacionarse con nosotros se cumplirá finalmente cuando su morada se convierta también en la nuestra, y experimentemos el gozo verdadero y eterno en su presencia.




Reflexione
• ¿Por qué es importante la encarnación de Jesús? ¿Qué le dicen los siguientes pasajes de la Palabra en cuanto al significado del nacimiento de Jesús? Mateo 4.1-11Hebreos 2.17, 184.14-161 Timoteo 2.5Romanos 5.19Filipenses 2.5-81 Pedro 2.21-24Romanos 3.21-25.
• ¿Cómo ha cambiado su vida la encarnación de Jesús?

Responda
Al acercarse la Navidad, medite en por qué nació Jesús —en vez de solamente en cómo o dónde— y en cómo puede cambiar la manera en que celebra el nacimiento del Salvador.
• Ponga por escrito algunas maneras de mejorar su relación con el Señor Jesucristo este año.
• Esfuércese por compartir esta pasión con familiares y amigos.
• Pídale al Señor que se le manifieste de una manera especial en esta Navidad y en el nuevo año.


Repase
• En vez de simplemente tararear o cantar música navideña, aparte tiempo para leer los himnos y villancicos —sin música— y para reflexionar cuidadosamente en sus mensajes.
• Si usted tiene una lista de asuntos pendientes para la Navidad, asegúrese de incluir algunos que le mantengan en contacto con el Señor, como meditar en la Palabra, adorarle, u orar con un ser querido. Programe estas “tareas” en su calendario para que nada le impida realizarlas. Si comienza a sentirse abrumado por la cantidad de cosas que tiene que hacer en tan poco tiempo, simplemente elimine de su lista las cosas que compitan con su atención a Dios.


Fuente: www.encontacto.org

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