• JUAN 3:16

    16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna...

  • SALMOS 5:11

    11 Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre....

  • ROMANOS 14:17

    17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo....

19 abr. 2018

Posted by Refrigerio Bíblico | 14:38 | No comments



Cuando Cristo estuvo en la tierra, Juan escuchó de Él la promesa de preparar un lugar para sus seguidores (Juan 14.3). Muchos años después, al apóstol le fue dada una visión de ese lugar, y vio la Nueva Jerusalén descender del cielo. El espectáculo estaba más allá de toda descripción humana, pero él hizo su mejor esfuerzo para comunicar esta visión celestial en lenguaje terrenal (Apocalipsis 21.9—22.5).

Juan vio el fulgor de la gloria de Dios irradiando desde la estructura de la ciudad, cuyos cimientos brillaban con los colores deslumbrantes de las piedras preciosas. Las puertas estaban hechas de perlas, y las calles de oro. Esta ciudad, de unos 2.400 kilómetros de largo, en forma de cubo, fue diseñada por el Señor como el lugar para que Él y la humanidad vivan juntos por toda la eternidad. En los versículos 3 y 4 del capítulo 22, Juan señala que “el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro”.

A pesar de que nos resulte difícil imaginar la estructura física de la Nueva Jerusalén, sabemos y nos regocijamos por el hecho de que ciertas cosas estarán ausentes de esta ciudad celestial; es decir, allí no habrá dolor, lágrimas, llanto o muerte. El pecado y todas sus consecuencias serán extirpados. Cada frustración, molestia y problema cesará. Nadie tendrá discapacidades, y nuestros cuerpos jamás se cansarán o enfermarán.

Cuando las dificultades que usted enfrente se vuelvan agobiantes, enfóquese en su glorioso futuro celestial. La única vez que usted experimentará dolores y dificultades será en esta vida terrenal. Cuando camine por las calles de la Nueva Jerusalén con el Salvador, todos los estragos causados por el pecado habrán desaparecido, y su gozo será completo.

Biblia en un año: 1 Reyes 15-17
Fuente:  Dr. Charles Stanley

9 abr. 2018

Posted by Refrigerio Bíblico | 14:07 | No comments




En este mensaje, el Dr. Stanley enseña cómo tener compañerismo diario, fiel 
y obedientemente con Dios como lo tuvo Enoc. Aprenda a vivir en armonía con Dios.

PASAJE CLAVE: Génesis 5.21-24
INTRODUCCIÓN
¿Qué desearíamos que las personas recordaran de nosotros al llegar el final de nuestra vida?
Probablemente desearíamos ser recordados por haber sido bondadosos, amorosos, generosos y sabios. O quizás por las habilidades y talentos que teníamos. O por la manera en la que nos relacionamos con las demás personas. Si usted es un creyente en Cristo, el mayor elogio que puede recibir es ser reconocido como alguien que caminó con Dios.
DESARROLLO DEL SERMÓN
Caminar con Dios significa mantenerlo en el centro de nuestros pensamientos: en todo lo que hagamos, en todo lo que digamos, en todo lo que pensemos, en nuestras relaciones, en nuestras finanzas, en nuestros planes y en cada aspecto de nuestra vida. En Génesis 5.21-24 se nos dice que Enoc fue un hombre que caminó con Dios, hasta que el Señor le llevó al cielo. Su nombre también es mencionado en Hebreos 11.5 y en Judas 1.14, 15, al describirlo como un hombre justo, quien no murió, pues agradó a Dios. Noé, el descendiente de Enoc, también caminó con Dios. Vivió en un tiempo en el que el Señor “vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn 6.5). Fue por esa razón que Dios decidió enviar un diluvio universal, para destruir a toda la humanidad, excepto a Noé y su familia.
Hoy, nosotros también vivimos en un mundo pecador, en el cual muchos viven perdidos y en tinieblas. Su camino está tan oscuro espiritualmente, que no pueden ver hacia dónde se dirigen, ni tampoco pueden divisar los obstáculos y peligros que tienen por delante. Sin embargo, la mayoría de ellos dicen no necesitar ayuda y no desean tener nada que ver con la única fuente de luz verdadera, Jesucristo.
Requisitos para caminar con Dios
Sin embargo, aquellos de nosotros que ya hemos depositado nuestra fe en Jesucristo como nuestro Salvador, buscamos la ayuda de Dios, pues deseamos vivir de tal manera que podamos honrarle y agradarle. Para que podamos caminar con Dios como Noé y Enoc lo hicieron, debemos cumplir los siguientes requisitos:
  • Aceptar al Señor Jesucristo como Salvador personal. Este es el primer y más importante requisito que debemos tener en cuenta, pues solo podemos venir a Dios por medio de su Hijo (Jn 14.6). Nuestro andar con Dios comienza una vez que hemos creído en Cristo y le hemos recibido como nuestro Señor.
  • Escucharlo. El tiempo que pasamos a solas con Él, mientras leemos y reflexionamos en su Palabra y oramos es esencial. Esta es la manera en la que nos instruye y guía a diario. Y cada vez que sea necesario, podemos venir ante su presencia para pedirle la sabiduría y dirección que nos haga falta.
  • Confiar en Él. En Proverbios 3.5, 6 se nos dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. Si no confiamos en el Señor, no le seguiremos, sino que dependeremos de nuestro propio entendimiento. Sobre todo, cuando sus caminos no parecen tener sentido, de acuerdo a nuestra lógica humana. Debemos recordar que nunca podremos comprender a cabalidad los caminos del Señor; pero podemos confiar en que siempre nos guiará por la senda correcta.
  • Estar de acuerdo con Él. Si no estamos de acuerdo con su dirección y pensamos que conocemos un mejor camino, nos engañamos a nosotros mismos al creer que todo nos saldrá bien. En su Palabra Dios nos dice que debemos seguirle y no dejarnos guiar por nuestro limitado conocimiento. Solo el Señor es omnisciente, omnipotente y omnipresente. Debemos someternos a su voluntad y no esperar que Él se someta a la nuestra.
  • Obedecerlo. Si afirmamos estar de acuerdo con Dios y con su Palabra, pero no le obedecemos, no caminamos con Él. El Señor requiere que hagamos lo que nos pida, en el momento en el que nos lo pida y de la manera en la que nos diga que lo hagamos. Sin obediencia, no podemos ser verdaderos seguidores de Cristo. Esto debe ser parte de nuestro estilo de vida. Cada mañana debemos despertar con el deseo de someter nuestra voluntad ante la suya, confiar en su dirección y seguir su liderazgo a cada paso que demos.
  • Ir en la misma dirección que vaya Él.El Señor tiene un propósito específico para cada uno de nosotros. Es por eso que debemos buscar su voluntad cada día y vivir comprometidos a obedecer en lo que nos pida hacer, por el poder de su Espíritu Santo, quien nos guía a tomar decisiones sabias. Aunque otros caminos pueden parecer más cortos o rápidos, solo el camino de Dios es el correcto. Y, en ocasiones, tendremos que poner a un lado nuestros deseos personales o alejarnos de otras personas que transitan en dirección contraria.
  • Ir al mismo paso que vaya Él. Lo ideal es caminar juntos, en la misma dirección y al mismo paso. En ocasiones, o nos retrasamos, o nos impacientamos y deseamos adelantarnos a Dios, pues no queremos esperar. Es por eso que es tan importante que la Biblia venga a ser parte de nuestro diario vivir. La Palabra de Dios es nuestro compás, el cual nos muestra si avanzamos en la dirección correcta y a la velocidad adecuada. Es al leer la Biblia que venimos a ser más receptivos a la voz del Señor, para poder obedecerle. Y, como es omnisciente y conoce el futuro, podemos estar convencidos que su tiempo para nuestra vida siempre es el mejor.
  • Amarlo. Si en verdad amamos a Dios, haremos lo que nos pida, pues solo desearemos agradarle y obedecerle. Nos mantendremos atentos para recibir su dirección y esperar en su voluntad.
  • Abandonar el pecado. Para caminar con Dios necesitamos tener un corazón puro. Al pecar, debemos arrepentirnos de inmediato y buscar al Señor para pedirle que nos indique cualquier otro pecado escondido que pueda estar presente en nuestra vida. Solamente así podremos desechar el pecado para vivir en santidad tomados de la mano de Dios, mientras nos deleitamos en obedecerle.
  • Perseverar en una vida de santidad.Dios nos ha llamado, no a una vida perfecta, sino a una vida sometida y comprometida con su santa voluntad. Es al perseverar en la santidad, que podremos confesar y arrepentirnos de nuestros pecados inmediatamente, para ser perdonados y purificados por el Señor (1 Jn 1.9).
REFLEXIÓN
  • Después de reflexionar en estos requisitos, ¿puede afirmar que camina con Dios? ¿Cuáles están presentes en su vida? ¿En cuáles debe mejorar?
  • ¿Qué puede hacer para caminar con Dios de una manera más constante? ¿Qué es lo que le inspira a perseverar en su andar diario con el Señor?
Fuente: www.encontacto.org
Posted by Refrigerio Bíblico | 09:09 | No comments

Colosenses 1.10-14


El apóstol Pablo deseaba con fervor que el cuerpo de Cristo —cada iglesia y creyente— madurara espiritualmente. Al saber que tal crecimiento impactaría al mundo, el apóstol pedía que los creyentes conocieran la voluntad de Dios para luego...

Vivir en santidad (Colosenses 1.10). Pablo oraba para que nuestras conversaciones, conducta y carácter fueran congruentes con los del Señor. Los cristianos somos los representantes de Cristo, y por eso nuestra vida debe ser una extensión de la suya, con ojos que vean con compasión a los demás, con corazones que ofrezcan perdón y amor, y con manos que estén ocupadas en servir. El carácter del creyente, aunque imperfecto, debe reflejar cada vez más la piedad del Señor.

Hacer lo bueno (Colosenses 1.10). A los ojos de Dios, no todo lo que hacemos es fructífero; muchas de nuestras actividades surgen del deseo de complacernos o de complacer a otros. Pero lo único que importa es lo que hagamos en obediencia a nuestro Padre celestial. El Señor habló de la importancia de dar mucho fruto, lo cual solo es posible cuando estamos conectados con Él (Juan 15.5).

Experimentar el poder de Dios (Colosenses 1.11). Por medio de la presencia del Espíritu Santo, tenemos todo lo que necesitamos para hacer la voluntad del Padre celestial.

Mantenernos dedicados y agradecidos (Colosenses 1.12). Dios responde en su tiempo perfecto.
Debemos permanecer firmes en la oración, y agradecidos por todo lo que Él ya ha hecho.

Ya sea que al orar usemos estos versículos en favor de nosotros o de otros, podemos saber que nuestras peticiones están en armonía con la voluntad del Señor. Primera de Juan 5.14, 15 nos dice que al orar de esta manera tendremos la maravillosa seguridad de que Dios responderá de manera positiva.

Biblia en un año: 2 Samuel 15-17
Fuente: Dr. Charles Stanley

Posted by Refrigerio Bíblico | 06:04 | No comments

Cuando el apóstol Pablo escribió a los creyentes en Colosas, incluyó una oración transformadora que sigue impactando después de tantos siglos. Sigue siendo una carta poderosa, porque cada petición está de acuerdo con la voluntad de Dios.
La primera petición es que los colosenses conocieran la voluntad del Señor. Para poder agradar a Dios, debemos comprender sus planes y hacerlos realidad. Esto incluye amar a Dios y a nuestro prójimo, además de sus propósitos específicos para la vida de cada creyente (Lucas 10.27Efesios 2.10).
La segunda petición de Pablo es que les diera sabiduría y entendimiento en cuanto a ese conocimiento. Él sabía que, para aplicar lo que aprendemos, necesitamos el discernimiento y la claridad que provienen solo del Espíritu Santo (Juan 16.13). El resultado de estas dos peticiones será la capacidad de entender desde la perspectiva de Dios. Veremos nuestras decisiones y situaciones como son en realidad, no como parecen ser.
Otro aspecto maravilloso en cuanto a estas peticiones es que podemos hacerlas a favor de quienes no confían en el Salvador. Nuestro Padre celestial ofrece la salvación a todos los que crean en Cristo. Él no quiere que ninguno perezca (2 Pedro 3.9). Si los incrédulos conocen la voluntad de Dios, pueden abrir sus mentes a su oferta de perdón y aceptar el sacrificio hecho por Jesucristo.
Nuestro Padre celestial dice que quienes oren de acuerdo con sus propósitos divinos, recibirán lo que pidan. Por eso es importante comenzar por descubrir los planes de Dios. Trate de incluir oraciones bíblicas, como la del pasaje de hoy, en sus conversaciones con el Señor.
Biblia en un año: 2 Samuel 13-14
Fuente: Dr. Charles Stanley

1 abr. 2018

Posted by Refrigerio Bíblico | 06:45 | No comments
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Misión cumplida: Cristo resucitó

PASAJE CLAVE: Mateo 28.1-6
INTRODUCCIÓN
La Pascua es la celebración del mensaje más poderoso que ha sido anunciado: “No está aquí, pues ha resucitado, como dijo” (Mt 28.6).
Lo que pareció ser una derrota resultó ser el cumplimiento de la maravillosa misión de Jesucristo, quien venció la muerte y vive por la eternidad.
DESARROLLO DEL SERMÓN
¿Cuál fue la misión de Jesucristo?
El Hijo de Dios dejó el cielo para venir al mundo y cumplir lo que el Padre le encomendó.
• Vino a dar a conocer al Padre. En el Antiguo Testamento hay atisbos del Padre celestial, pero cuando el Hijo de Dios vino en forma humana, se le dio a la humanidad una revelación más profunda. Jesucristo hizo declaraciones asombrosas acerca de su relación con el Padre.
  • “Si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais” (Jn 8.19).
  • “Yo y el Padre uno somos” (Jn 10.30).
  • “Yo soy en el Padre, y el Padre en mí” (Jn 14.11).
• Vino a redimir a la humanidad caída.Debido a que somos pecadores, necesitamos un Salvador. De otra manera, moriríamos en nuestros pecados y enfrentaríamos la condenación. Jesucristo vino a rescatarnos: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc 19.10).
• Vino a revivir la esperanza vacilante de quienes esperaban al Mesías.Cientos de años habían pasado desde que Isaías profetizó la venida del Mesías (Is 9.6). En el momento en el que Juan el Bautista presentó al Señor como el esperado Mesías, Andrés creyó y le dijo a su hermano Pedro: “Hemos hallado al Mesías” (Jn 1.41). Su esperanza fue restaurada.
  Vino a sacrificar su vida en la cruz por nuestros pecados. “Quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P 2.24). La muerte de Cristo proveyó la redención que nos permite ser salvos.
• Vino a presentarnos el poder del Espíritu Santo. En el Antiguo Testamento se hace referencia al Espíritu Santo, pero es Jesucristo quien da una revelación más completa a sus discípulos acerca de Él: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn 14.16, 17). Es la presencia del Espíritu Santo en el cristiano lo que hace que se diferencie de los que no conocen a Cristo. Como creyentes hemos sido sellados por el Espíritu Santo, quien nos enseña, guía y capacita para vivir en santidad.
• Vino a enseñarnos a amarnos y a perdonarnos unos a otros. Aunque compartió estas enseñanzas en el Sermón del Monte, la enseñanza más importante que Cristo nos dejó fue proclamada en la cruz. Porque nos amó, dio su vida por nosotros. De la misma manera, fue el ejemplo perfecto de perdón al perdonar a los que lo crucificaron. Al considerar la magnitud de su perdón para con nosotros, no tenemos excusa para negarnos a perdonar a los demás.
• Vino a darnos enseñanzas que transforman nuestra vida y nos preparan para morar con Él. Aunque nunca hemos visto a Jesucristo cara a cara, algún día lo veremos en toda su gloria. Pero por ahora la misión del Señor es prepararnos para vivir en santidad en un mundo pecaminoso y carente de perdón. Cristo dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn 14.27).
• Vino a enseñarnos a orar. La oración fue parte vital de la vida de Jesucristo: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mr 1.35). Aunque su ministerio terrenal solo duró tres años, siempre dedicó tiempo para orar y recibir la dirección del Padre. Al observar la manera en la que oraba, sus discípulos le pidieron que les enseñara a orar (Lc 11.1). Siempre debemos dedicar tiempo a prestarle toda nuestra atención a Dios al traer nuestras peticiones en oración. Sin ella, no contamos con el poder para vivir como Él desea.
• Vino a darnos la seguridad de la vida después de la muerte. Luego de la muerte de Lázaro, el Señor les aseguró a María y Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Jn 11.25). Tenemos la misma promesa de que la muerte no acabará con nuestra existencia. Cristo nos dio vida eterna por medio de su muerte y resurrección.
• Vino a asegurarnos del cielo. “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Jn 14.1, 2).
• Vino a prepararnos para que nuestra vida sea una buena influencia para otros. Jesucristo capacitó a doce hombres que luego impactarían el mundo. Lo mismo ocurre en la actualidad, a medida que otros escuchan el evangelio y observan nuestra manera de vivir. El mensaje de salvación que escuchamos vino a través de muchos que fueron fieles para compartir el evangelio con otros.
• Vino a establecer a su Iglesia. En Mateo 16.18 el Señor dijo: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. La roca que menciona es la verdad de la Palabra de Dios y el evangelio de Jesucristo. A pesar de las persecuciones, pruebas y sufrimientos, el Señor logró su misión de edificar la Iglesia que permanece por generaciones. Ni siquiera la muerte de los creyentes puede destruirla, ya que multitudes siguen siendo salvas.
• Vino a prepararnos para su regreso.Jesucristo regresará muy pronto y cuando menos lo esperemos (Mt 24.42-44). Por eso debemos estar preparados para encontrarnos con Él.
Jesucristo tenía una misión y la cumplió. En tan solo tres cortos años de ministerio, pudo alcanzar todo lo que Dios le había encomendado y preparó a su pueblo para vivir y morir.
REFLEXIÓN
  • ¿Usted ya recibió la salvación que Cristo hizo posible? De no ser así, ¿qué le impide depositar su confianza en Él?
  • Si ya es salvo, ¿disfruta los beneficios que el Señor le ofrece? ¿Cómo las enseñanzas y verdades de Cristo han transformado su vida? ¿De qué forma le dan seguridad y esperanza en cuanto al futuro y a la muerte?
Fuente: Dr. Charles Stanley


31 mar. 2018

Posted by Refrigerio Bíblico | 08:34 | No comments

Un sacrificio vivo
Romanos 11.33–12.2

En la epístola de Romanos, Pablo se ocupa de una serie de verdades, desde nuestra condición pecaminosa, que merece la ira de Dios, hasta la demostración de su misericordia en el evangelio de Jesucristo. El capítulo 11 termina con un crescendo de alabanza que debe impulsarnos a ofrecernos a Dios como sacrificios vivos.

Pero, ¿cómo podemos hacerlo? En Romanos 12.2, el apóstol explica una mentalidad a evitar y un objetivo a buscar.

No os conforméis a este siglo. Esta no es una orden para que nos retiremos a las montañas para vivir incomunicados. En vez de eso, debemos dejar de lado nuestra pasada manera de vivir, porque está corrompida por nuestros deseos pecaminosos (Ef 4.22). Pablo llama a esto “el viejo yo”, y es a lo que Juan se refirió como “los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida” (1 Jn 2.16). Hasta que nos ocupemos de estas cosas, nos encontraremos todo el tiempo lejos del altar y siguiendo nuestros propios deseos.

Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento. El cambio que permanece no se produce por la fuerza de voluntad, ni por las emociones sublimes. Para un cambio duradero, debemos renovar nuestra mente con las verdades de Dios reveladas en su Palabra. Pablo se refiere a esta renovación con las palabras “vestíos del nuevo hombre”, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad (Ef 4.23, 24).

Ser un sacrificio vivo requiere el obediente sometimiento a la voluntad de Dios. Mientras estemos en nuestro cuerpo terrenal, siempre habrá una batalla con el pecado y el yo. Pero, al permitir que la Palabra de Dios renueve nuestra mente, lo alabaremos tal como es su voluntad.

Biblia en un año: 1 Samuel 22-24
Fuente: Dr. Charles Stanley

30 mar. 2018

Posted by Refrigerio Bíblico | 06:11 | No comments


El mensaje de la sangre de Cristo

PASAJE CLAVE: 1 Pedro 1.17-21
INTRODUCCIÓN
El tema de la sangre de Cristo, aunque es algo que afecta la manera de vivir y de morir de todos, no es algo de lo que escuchamos hablar muy seguido.
Aunque algunos traten de evitar este tema, y varias denominaciones hayan dejado de mencionar la palabra “sangre” en sus alabanzas, la sangre de Cristo todavía es necesaria para que podamos ser salvos. El que la apliquemos o no a nuestra vida determinará nuestro destino eterno.
DESARROLLO DEL SERMÓN
En 1 Pedro 1.18, 19 encontramos la base principal del evangelio, pues nos dice: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”.
La gravedad del pecado
Antes de que podamos apreciar la grandeza de nuestra redención, debemos comprender la gravedad de nuestro pecado. Si pertenecemos a Cristo, pero pecamos en repetidas ocasiones contra Dios, podemos esperar su corrección. Sin embargo, si aún no somos salvos, enfrentamos su juicio. Como Dios aborrece el pecado, no podemos tomarlo a la ligera ni justificarlo. El pecado puede venir en diferentes formas, pero siempre debe ser visto como un acto de desobediencia que nos separa de Dios y ocasiona toda clase de consecuencias dolorosas.
La naturaleza del pecado
  • Engaña. Si seguimos pecando mientras decimos que Dios nos ama y nos comprende, entonces hemos sido engañados, al pensar que no sufriremos las consecuencias.
  • Decepciona. El pecado siempre promete darnos satisfacción, pero solo trae placer momentáneo. Al final siempre nos decepciona.
  • Inhabilita. Quienes pecan pierden oportunidades, e incluso, su salud y sus amistades. Asimismo, el cristiano que vive en pecado nunca podrá llegar a ser la persona que Dios dispuso que fuera.
  • Es depresor. Si una persona vive pecando constantemente, puede llegar a sufrir de depresión. Ni tomar medicamentos, ni asistir a la iglesia podrán ayudar cuando la depresión es producto del pecado. Aunque se trate de ocultar la tristeza, seguirá minando la vida y la vitalidad de quien se niegue a dejar el pecado.
  • Es demoniaco. El diablo hará todo lo que esté a su alcance para atraparnos en el pecado. Es destructivo. Aunque el pecado toma muchas sendas, al final conduce a la destrucción de personas, familias, matrimonios, niños, trabajos y futuro.
  • Trae muerte. En ocasiones es una muerte gradual, o puede que llegue inmediatamente; pero la Biblia nos dice que los que pecan morirán (Ez 18.4Ro 6.23).
¿En qué consiste el poder salvador que trae perdón de nuestros pecados?
Cuando Adán y Eva cometieron el primer pecado, el Señor cubrió sus cuerpos con la piel de un animal (Gn 3.21). De esa manera demostró que la muerte de un animal y el derramamiento de su sangre era el precio necesario para expiar el pecado que habían cometido. Luego, en el libro de Levítico, Dios enseña a los israelitas que la sangre es la que da vida al cuerpo, y que debían derramar esa sangre en el altar como expiación por sus pecados (Lv 17.11). Sin ella no había perdón.
Los miles de sacrificios que se ofrecieron a lo largo de la historia del pueblo judío apuntaron a un sacrificio final, al del Cordero de Dios, Jesucristo, cuya sangre sería derramada por el perdón de todos los pecados. Cristo vino a este mundo a morir. Y, mientras celebraba la Última Cena con sus discípulos, les anunció que su sangre sería derramada para traer salvación. Hasta este día, nos reunimos para celebrar la Cena del Señor y recordar su sangre derramada por nosotros.
Hay cuatro palabras que describen el lugar que tenía la sangre de Cristo en el plan de salvación de Dios.
  • Redención. Fuimos redimidos con la preciosa sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios sin mancha y sin contaminación (1 P 1.18, 19). Redimir significa comprar algo de vuelta. Hemos sido vendidos en esclavitud al pecado como consecuencia de la caída de Adán y Eva; pero Cristo nos compró por medio de su sangre.
  • Reconciliación. Fue del agrado del Padre reconciliarnos por medio de la sangre que Cristo derramó en la cruz, para presentarnos ante su presencia santos, sin mancha e irreprensibles (Col 1.22). Reconciliar significa unir a dos personas que antes eran enemigos. En nuestro caso, fue el pecado el que nos separó de Dios. Sin embargo, al confiar en Cristo como nuestro Salvador, y en su sacrificio, recibimos la oportunidad de tener una relación personal con nuestro Padre celestial.
  • Justificación. “Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro 5.8, 9). Justificar significa declarar inocencia. Y, la única manera en la que Dios lo hace es por medio de la sangre de Cristo, derramada sobre los que creen en Él. Quienes rechazan a Jesucristo siguen siendo culpables de sus pecados.
  • Santificación. Cristo santifica a las personas por medio de su sangre (Heb 13.12). Santificar significa apartar para Dios. Al creer en Jesucristo para salvación, somos inmediatamente santificados. Sin embargo, aunque eso sucede en un momento de nuestra vida, también debe ser visto como un proceso, en el cual el Señor continúa apartándonos para Sí, mientras nos transforma conforme a la imagen de su Hijo.
La sangre de Cristo nos limpia cada día del pecado.
Aunque ya hemos sido redimidos, reconciliados, justificados y santificados por medio de la sangre de Cristo, todavía el pecado mora en nosotros, debido a nuestra naturaleza pecaminosa. Aunque esta ya no tiene el poder para dominarnos, hay ocasiones en las que caemos en desobediencia y necesitamos ser purificados. Eso forma parte de nuestra santificación diaria.
De acuerdo a 1 Juan 1.7: “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. Esa expresión implica un proceso continúo de limpieza, el cual es parte de nuestra santificación. También contamos con la promesa que el Señor nos da en el versículo 9, en donde dice: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Esta promesa no es una invitación a pecar a nuestro antojo, pensando que solo debemos confesar nuestras desobediencias ante Dios antes de ir a dormir. Hacer eso significaría no tomar en serio el pecado ni el precio que Jesucristo pagó con su sacrificio.
REFLEXIÓN
  • ¿Ha tomado en serio su pecado y ha reconocido lo que realmente implica? ¿Qué excusas ha usado en el pasado para minimizar su desobediencia?
  • ¿Puede afirmar que ha confiado en la sangre de Cristo para recibir el perdón de sus pecados? De no ser así, ¿en quién o en qué espera depender cuando llegue ante la presencia de Dios para ser juzgado?
Fuente: Dr. Charles Stanley

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